EFEPalma

Miquel Barceló lleva estos últimos nueve meses encerrado "pintando muchísimo", en el taller en un tejar de su Mallorca natal, desde que comenzara la pandemia.

Antes de eso le había dado tiempo a terminar el más de medio centenar de acuarelas que ilustran "La transformación", de Franz Kafka, para una nueva edición de Galaxia Gutenberg que se publica el 4 de noviembre. Barceló realiza una "relectura paralela" de este clásico de la literatura universal que considera premonitorio y leyó siendo un adolescente, con la que confiesa que se ha divertido, en una entrevista con Efe.

- Pregunta: Ilustra "La metamorfosis" de Kafka, que en esta edición cambia de título por la "La transformación", para ajustarse léxicamente al título original (Die Verwandlung) y al sentido que la crítica atribuye a la narración ¿qué opina del cambio?

- Respuesta: Me parece muy bien. Creo que siempre está bien repensar las cosas y traducir también es repensar. De hecho, al principio, cuando me propusieron en París hacer "La metamorfosis", pensaba que se referían a la de Ovidio y dije que sí, pensé que sería divertido. Después de muchos meses me di cuenta de que era la de Kafka y pensé 'pues mejor'.

- P.- Ha ilustrado la "Divina comedia" de Dante, el "Fausto" de Goethe, y ahora una obra del siglo XX, ¿el abordaje de las ilustraciones para "La transformación" de Kafka ha sido distinto por ser contemporánea?

- R.- Justo después de "La metamorfosis" empecé a trabajar en "La Ilíada". Todos son clásicos en el sentido de que son intemporales y siempre parece que nos anuncian lo que está pasando. Cuando Kafka escribió "La metamorfosis", en Europa se estaban moviendo las piezas de lo que después sería el gran desastre y la Gripe Española estaba acechando. Las obras de arte siempre son premonitorias de todo. Es una condición de las obras de arte, contienen los números de lotería que ganarán y que nosotros no sabemos leer.

POE Y KAFKA

- P.- Dice que cuando la leyó por primera vez, a los 14 años, le pareció perturbadora pero también divertida.

- R.- Sí, es que Kafka es un humorista, terrible pero un humorista. En el ámbito centroeuropeo algunos han seguido esta gran broma metafísica de la mortalidad y de la risa de las calaveras, de esto viene Kafka. Es finísimo cómo usa el lenguaje y también en sus dibujos intenta llevarlo todo a esa especie de sarcasmo muy fino. La primera lectura de Kafka creo que no deja a nadie indiferente, a mí me perturbó mucho y me llevó a leer todo lo que pude encontrar de él, sobre todo los cuentos. Edgar Allan Poe y Kafka fueron las dos lecturas que más me motivaron en la adolescencia. Encontré en uno de mis cuadernos que mi plan era ir a Palma para buscar todos los libros de Kafka que pudiera encontrar porque en la biblioteca de mi pueblo no había ninguno.

- P.- En esa misma época adolescente también realizó su primera visita al Museo del Prado, ¿todo eso influyó en lo que sería después?

- R.- A esa edad todo es trascendental y casi todo lo haces por primera vez. También me acuerdo mucho de la primera vez que fui al Louvre y al British Museum, y al Prado desde luego. La primera lectura de Kafka es algo que se te queda como un día señalado.

- P.- Sus acuarelas ¿buscan reflejar el desasosiego de la obra y del protagonista, Gregor Samsa?

- R.- Seguramente, es muy desasosegante. Recordaba, tal vez por lecturas ajenas, ese proceso de cambio, pero lo que es curioso es que Gregorio Samsa no cambia en absoluto, es siempre un escarabajo desde que empieza hasta que acaba y en cambio a su alrededor todo cambia y mucho. Creo que Kafka sentía cómo cambiaba el mundo a su alrededor y todo se iba haciendo más desagradable, sobre todo con el antisemitismo y su propia enfermedad, porque sufría tuberculosis, que acabó con él. Toda esta especie de imposibilidad, en una casa que parece que cada vez se va haciendo más estrecha, más pequeña. Él describe a su familia y a las visitas y siempre lo ve todo a través del resquicio de la puerta y yo me imaginaba mucho el papel pintado de fin de siglo, con esos colores verdes y azul prúsico, colores modernos del siglo XX que ya contienen el mismo pigmento con el que se fabricó el gas ciclón con el que mataron a tantos millones de judios. "La metamorfosis" está llena de premoniciones, está la foto del soldado..., hay como esta especie de tambores de guerra clarísimos que suenan, cuando todo tu mundo alrededor se transforma en algo monstruoso y el personaje acaba siendo una piel seca. Al principio lo alimentan con los restos y al final lo tiran a la basura. Es una gran broma macabra pero también es mucho más, como todas las buenas bromas.

- P.- Al ilustrar teniendo un escarabajo como protagonista, parece de antemano que el negro debe predominar, pero no es así.

- R.- No tengo ningún pensamiento simbólico con el color. Claro que he usado el negro pero a veces el escarabajo es verdoso metálico o es rojo. A veces lo imaginaba como un adolescente, con el cuerpo cambiando, cuando los adolescentes se sienten monstruosos porque todo crece, pelos y sexo, el deseo por la hermana en este espacio tan cerrado... Todavía me acuerdo de esta sensación de monstruosidad. Me imaginaba los colores totalmente artificiales, el reloj implacable, la angustia de tener que estar en el trabajo...

- P.- Varias ilustraciones tienen el punto de vista del protagonista ¿es más una interpretación de la historia que una ilustración de lo que ocurre en ella?

- R.- Hay algunas muy cinematográficas, con lo que ve Gregorio Samsa cuando se despierta y se ve como un ecce homo. Me lo imaginaba como una película, viendo el escarabajo y a la familia vestidos como en 1910, con el bombín. Con la iconografía de la época me he divertido. No pretendía ilustrar, lo que hago es una relectura paralela. También he hecho en alguna parte un árbol genealógico de cómo llegó a ser Gregorio Samsa, con dibujos como los de Ramón y Cajal y Mendel, porque me parecía muy del signo de los tiempos.

- P.- La acuarela está presente en todas las páginas, incluidas las dedicadas a texto.

- R.- Sí, usamos el verso y el anverso, el retroverso de cada acuarela y siempre trabajé en el mismo formato y en el mismo papel, de forma que es un libro hecho como un libro y no con reproducciones de acuarelas sueltas. Es gracioso porque, en Francia, la cubierta del libro es blanca, y algunos los devuelven pensando que tiene manchas. Todo el libro está contaminado, me gusta la idea de estar dentro de libro y ya no te deja en ningún momento.

- P.- ¿Dónde pintó "La transformación"?

- La acabé, el año pasado en el sur de Tailandia, en un lugar muy vacío, sin nadie. Antes pasaba temporadas en África, lejos de todo, y ahora he encontrado un lugar parecido en el sur de Tailandia. Me gustaba el contraste de llevar a Kafka al sol, con los cocoteros.

- P.- ¿Cómo le ha afectado el tener que encerrarse por la pandemia?

- R.- Como a todos. Llevo mucho tiempo sin moverme de aquí, que está muy bien. En mi gremio, lo del confinamiento es dar nombre a lo que yo ya hago de natural. Lo que pasa es que yo tenía tendencia cada varios meses de irme a otra parte y ahora no, pero casi mejor. Comparto la inquietud general.

- P.- ¿Le cambia la perspectiva como artista?

- R.- Creo que nos cambia a todos mucho. Creo que todavía no somos capaces de saber hasta qué punto nos va a cambiar. Cometí la imprudencia de leer un libro sobre la Gripe Española y es muy curioso ver hasta qué punto cambió la vida, la arquitectura, las formas de relacionarse... muchas cosas de las que ya no somos conscientes, y esto mismo está sucediendo ahora.

- P.- ¿Qué proyectos tiene entre manos?

- R.- "La Ilíada" es un proyecto, me gusta tener algunos libros en marcha siempre. Estoy pintando muchísimo, en estos últimos nueve meses no he hecho más que pintar prácticamente. Hay una exposición en varios museos de Japón pronto. No sé si podré ir, espero que sí. Y en el Museo Picasso de Málaga hay una exposición que debería abrir también, se ha pospuesto y durará más tiempo también. Es un buen momento para ver exposiciones. Estuve viendo Matisse y casi no había nadie que es una maravilla.

- P.- En Mallorca su obra se puede ver en la Fundación March, en Es Baluard, en la Catedral, ¿se siente profeta en su tierra?

- R.- No me siento profeta en ninguna parte, antiprofeta o falso profeta me pega más. Estoy contento de que se pueda ver alguna cosa mía.

Susana López Lamata