EFEZaragoza

Un retrato inédito del joven Duque de Alba y Marqués de Villafranca, José María Álvarez de Toledo, Osorio y Gonzaga, que pintó de manera indubitada Francisco de Goya en 1783, se ha incorporado este miércoles al Museo Goya de la Fundación Ibercaja en Zaragoza, procedente de una colección particular que lo ha depositado para su exposición.

Con la incorporación de esta obra pictórica, el Museo Goya ya cuenta en la colección permanente con 24 cuadros pintados por el genial pintor de Fuendetodos (además de las series completas de sus grabados), de los que 7 están cedidos por sus propietarios, una fórmula de incorporar obras que empezó con la llegada del retrato del nieto de Goya conocida como 'Marianito'.

El cuadro, que cuenta con unas dimensiones de 52,5 por 42,7 centímetros y se encuentra en perfectas condiciones, va a permitir reforzar el discurso expositivo y completar los fondos pictóricos del Museo dedicado al genio aragonés.

La pintura ha sido estudiada y avalada por el doctor en Historia del Arte Arturo Ansón, que la data en el año 1783, cuando el duque tenía 26 años.

José Luis Rodrigo, director general de Fundación Ibercaja; junto a Rosario Añaños, directora del Museo Goya, y Arturo Ansón, autor del estudio histórico artístico de la obra, ha presentado esta nueva incorporación a la exposición que han calificado como "un retrato magnífico de gran calidad".

Rodrigo ha recordado que Goya retrató en otras dos ocasiones al joven Duque de Alba y Marqués de Villafranca, y esos cuadros pueden contemplarse en el Art Institute de Chicago y en el Museo del Prado, una circunstancia que "destaca la relevancia y la dimensión del Museo Goya", tanto a nivel nacional como internacional.

Por su parte, Arturo Ansón ha explicado como conoció la obra en la primavera de 2017 a través de un amigo. "Desde el primer momento me causó una impresión extraordinaria", ha dicho del cuadro, del que ha destacado su perfecto estado de conservación, por lo que solo ha sido necesario intervenir en él para hacerle una limpieza en profundidad.

Una de las peculiaridades que ha explicado Ansón de esta obra inédita es que a través de las radiografías que le han realizado han constatado que su formato original era "octogonal" y posteriormente, "posiblemente en el siglo XIX", se transformó en la figura rectangular actual.

El trabajo de datación ha asegurado que les ha permitido constatar que tanto la preparación como el tipo de lienzo eran los que utilizaba Goya "en sus primeros años como retratista".

"Las características del retrato refieren ineludiblemente a Goya y no a otro pintor", ha dicho Ansón, quien ha detallado como la forma de dar las luces con pincel desgastado, el cuello del retratado o el corbatín con toques espumantes, entre otras cuestiones, son trazos que "ningún otro pintor retratista hace".

Tras la guerra de la Independencia, Goya, ha recordado Ansón, tuvo que reorientar su carrera hacia los retratos y la pintura religiosa y por ello ha destacado la importancia de que en el museo esta nueva obra luzca "junto al autorretrato que se hizo para reivindicarse como retratista".

Otro aspecto destacado es que en estos trabajos Goya no resalta los fondos con cortinajes como los que pinta en sus trabajos para la Corte y "busca la sencillez, en la que el retratado es el protagonista".

Ansón ha subrayado que da un trato "naturalista y espontáneo" al retratado, que ofrece una imagen de estar "relajado" y los fondos los resuelve "a la manera velazqueña, con degradados".

En su análisis, también ha destacado que el retratado no usa peluca sino que lo pinta con "el pelo natural, en la parte de la coleta muestra el pelo original, y el resto del pelo está peinado, cardado y empolvado".