EFEBarcelona

A sus 71 años, el artista Nazario Luque sigue siendo un torrente, un caudal creativo siempre aferrado al "underground" que ahora canaliza en las fotos que, como un discreto voyeur, toma desde su casa de la plaza Real de Barcelona, donde ha sido testigo de los cambios producidos en la capital catalana.

Una selección de estas imágenes, que desde hoy expone en el café Ocaña de Barcelona -establecimiento bautizado con el nombre del que fue su amigo de correrías- son una excusa perfecta para charlar con este dibujante de cómic subversivo ("padre" de la detective transexual Anarcoma), pintor, guionista... en resumen un activista de lo libertario.

"La Plaza Real y su gente" es el título de esta muestra de una cincuentena de instantáneas, imágenes cenitales que Nazario ha "robado" desde la atalaya de su terraza del piso donde vive desde hace cuatro décadas, en su mayoría personas del barrio, indigentes, paseantes, pero también algún que otro turista disfrazado para una despedida de soltero.

"Tengo un zoom potente y un trípode para la cámara y estoy siempre pendiente de cuando oigo cualquier cosa para poder hacer las fotos", comenta a Efe sobre sus improvisados modelos.

"Hago un seguimiento intensivo de varios 'clochards', también de una mujer alemana que era bailarina y de otros habituales del lugar", explica el artista andaluz, popular sobre todo por sus cómics llenos de sexo y de personajes del submundo callejero que atacaban a la línea de flotación del puritanismo de la época ("San Reprimonio"), pero también gracias a su barroquismo de imaginería religiosa y operística ("Turandot" o "Salomé").

Para Nazario, que ahora prefiere la cámara de fotos y los pinceles de sus acuarelas, la "fauna" de la plaza Real no difiere mucho de las de otras de urbes: "lugares abigarrados, espacios públicos de vivencia, de gente que está aquí todo el día, que duermen por los alrededores, que piden tabaco a los turistas...".

Además de su faceta gráfica, que le ha llevado a presentar exposiciones por toda España, el sevillano lleva tiempo intentando sacar adelante su autobiografía, una obra que parece habérsele ido de las manos a este tenaz perfeccionista del adjetivo, ya que de momento no ha encontrado editor dispuesto a publicar las cerca de millar de páginas escritas.

Tras varios 'noes', baraja la posibilidad de dividir el material en volúmenes y de momento lo que despierta más interés es la época de su llegada a Barcelona en los 70, cuando vivían casi en comuna con Ocaña, Mariscal y compañía, "el mariconeo de las Ramblas", o cuando colaboraba con sus historietas "llenas de pollas" en revistas locales e internacionales, antes de unirse a la mítica "El Víbora".

"Quienes lo han leído dicen que lo que más les gusta es la época del underground y de cómo se vivía entonces, comenta Nazario que ha echado mano de los diarios personales que escribe desde los 14 años, aunque de forma más exhaustiva con el cambio de siglo.

El dolor ha hecho que aún no haya abordado la etapa más reciente de su vida: la muerte de su pareja, el escultor Alejandro Molina.

"Lo tengo en el diario, el tratamiento de quimio... las últimas semanas, lo tengo que revisar, pero quiero dejarlo reposar porque es doloroso", comenta el artista, que a pesar de la pena llevó su pulsión de "voyeur irredento" hasta el final tomando fotos de su marido fallecido o haciendo un vídeo desde la ventana cuando la ambulancia fue a llevarse el cuerpo.

Ahora que la editorial La Cúpula, adelanta, podría reeditar las entregas 1 y 2 de la serie Anarcoma, agotadas desde hace tiempo, a Nazario le gustaría incorporar una tercera parte que tenía ya bocetada y que serviría para dar continuidad a este personaje, mezcla en un sólo cuerpo de Lauren Bacall y Humphrey Bogart.

Con más de 40 años de trayectoria, el artista se ve reconocido por las instituciones (Premio Pablo Picasso de la Junta de Andalucía, Medalla de Oro de honor de las Bellas Artes, Ramblista de Honor) y el mejor ejemplo es que algunos de sus originales forman parte de los fondos de Museo Reina Sofía.

En cuanto al rumbo que ha tomado su querida Barcelona, como vecino del entorno de las Ramblas denosta la "invasión turística".

"La gente viene a hacerse 'selfies' no a descubrir lugares. El ayuntamiento ha permitido que la ciudad se vuelva incómoda con el turismo masivo; al lado de mi casa hay pisos turísticos en los que cada día hay una fiesta", se queja.

A juicio de Nazario, la Barcelona libertaria de los últimos coletazos del franquismo "es irrepetible", pero evita caer en la nostalgia, "me gusta aprovechar el presente", y reconoce que los jóvenes de hoy en día siguen pasándoselo tan bien como entonces, aunque el panorama que espera a las nuevas generaciones, advierte, es mucho menos esperanzador.

Sergio Andreu