EFEParís

El escritor francés Olivier Guez, autor de "La desaparición de Josef Mengele", recuerda que cuando era niño sus abuelos rememoraban con frecuencia los horrores de la guerra y el daño "que el hombre es capaz de infligir", pero el fin de esa transmisión se ha llevado consigo la memoria del drama.

Inmerso durante años en el siniestro personaje de Josef Mengele, conocido como "el ángel de la muerte" del campo de concentración nazi de Auschwitz, Guez (Estrasburgo, 1974) reconoce en una entrevista a Efe que vive con cierta alarma la caída de ciertos tabúes y el rebrote de la violencia, "hasta hace unos años inimaginable".

"Hay una liberación de la palabra porque la gente no sabe. No ha habido transmisión. Los dramas de la primera mitad del siglo XX están a punto de entrar en la historia y salir de la experiencia", señala Guez, horas antes de cruzar el Atlántico para iniciar una gira por Perú, Chile, Argentina y Uruguay.

Argentina, Uruguay y Brasil sirvieron precisamente de escenario a la huida de Mengele, uno de los más terroríficos criminales de guerra del nazismo, que consiguió escapar de la Justicia y vivir treinta años en el exilio. Le acompañaron la paranoia y la arrogancia, pero nunca la culpa.

Los numerosos libros sobre Mengele ayudaron a Guez a reconstruir el camino del hombre que trató como cobayas a los prisioneros de Auschwitz, impulsado por las ideas de higiene social que inflaron la ambición de los científicos nazis.

Hasta su muerte en 1979 en una playa brasileña bajo la identidad de Wolfgang Gerhard, nunca hubo ni rastro de lamentaciones en los años que vivió, ayudado por amigos y por su propia familia.

Guez prefirió no hablar con los parientes de Mengele para narrar en forma de novela los huecos de su fuga.

"No quise contactar a su hijo. Creo que es alguien con una existencia espantosa. Su vida hasta la muerte del padre me parece imposible de juzgar, conmovedora. Su silencio después, incómodo. Acaba haciendo lo mismo que quienes lo habían apoyado", dice sobre Rolf Mengele, que vive hoy en Múnich (Alemania) y ha tomado el apellido de su mujer para disimular sus raíces.

Al médico nazi llegó hace unos años mientras trabajaba en el guión de la película "El caso Fritz Bauer", sobre el fiscal alemán que ayudó a Israel a dar con otro criminal, Adolf Eichmann, oculto también en Argentina, capturado por el Mossad y condenado a muerte en 1962.

"Profundicé en la historia de Argentina, donde Juan Domingo Perón instaura redes en los años 40 para atraer a científicos y expertos alemanes. Los estadounidenses y soviéticos hicieron lo mismo, con la diferencia de que en Argentina vivían como nazis y manifestaban sus ideas", explica el escritor.

En los años 50, en Europa no se hablaba del exterminio judío, "eso vino después", y Argentina "pensaba en desarrollarse, no en la guerra", comenta.

Guez, fascinado por los años de la posguerra y la reconstrucción de Europa tras la destrucción de las dos guerras mundiales, cree que la ideología del fascismo se ha quedado vieja.

En su opinión, su libro, traducido en 30 idiomas y editado en español por Tusquets, no ha suscitado la polémica que hubiera creado hace veinte años.

"La gente que tiene 70 años hoy es la que tenía 20 a finales de los años 60. No quedan testigos de los errores de los servicios secretos alemanes en los 50. La relación con el tiempo ha cambiado, las ramificaciones del nazismo son débiles y eso es válido para la extrema derecha, el contexto es otro", opina.

Desde la Francia de los "chalecos amarillos", a Guez le preocupa que "los demócratas ya no crean en las virtudes del sistema".

"La extrema derecha, la extrema izquierda y los islamistas no tienen la misma visión de la sociedad y son muy ofensivos. Para defenderse de ellos hay que creer, y no estoy convencido de que creamos", lamenta.

A sus 45 años, con este éxito literario a sus espaldas y los derechos vendidos para la adaptación a la gran pantalla, el francés dice reconocerse como "europeo más que otra cosa".

Recuerda a sus abuelos que allá cuando Europa se lamía las heridas de la guerra le hicieron ver que "la violencia verbal pasa rápidamente a la física".

"¿Cómo se vuelve a la convivencia después de esa destrucción? Esta pregunta me obsesiona desde siempre", confiesa el literato. "No hablo de una historia vieja, sino inmediata, lo que pasa hoy es la consecuencia de aquel suicidio europeo".

María D. Valderrama