EFEBarcelona

El director de escena Paco Azorín convierte el Gran Teatre del Liceu en un mar de jóvenes refugiados gracias a "El monstre al laberint", una ópera comunitaria, compuesta por Jonathan Dove, en la que participan unos 800 cantantes de una quincena de institutos de toda Cataluña.

El coso barcelonés apuesta, en un momento de cierre de teatros en muchos países del mundo, por un proyecto "excepcional" y "participativo", que se estrenará el próximo sábado, y proseguirá los días 25, 26 y 27 de abril, dirigido musicalmente por Manel Valdivieso, y que utiliza el escenario y el patio de butacas para generar una experiencia inmersiva.

Todos sus intérpretes llevan meses ensayando, primero desde sus escuelas e institutos, una obra que tiene que ver con el mito de Teseo y el Minotauro, pero que conecta con las problemáticas actuales de migraciones y personas refugiadas.

La ópera fue una propuesta de Simon Rattle, al frente de la London Symphony Orchestra, al compositor Jonathan Dove para que creara una ópera contemporánea pensada para cantantes profesionales y aficionados.

Paco Azorín, poco antes de iniciarse esta tarde el ensayo general, no ha dudado en asegurar, a preguntas de las periodistas, que se trata de su proyecto "más especial", que, además, coincide "con estos momentos tan difíciles en los que todos los teatros del mundo están cerrados".

El Liceu, en cambio, "está abierto y haciendo un espectáculo brutalmente participativo, pedagógico, didáctico, con gente que por primera vez subirá al escenario y será la protagonista de una ópera".

"Ha sido un trabajo extraordinariamente complicado y complejo, porque somos muchísima gente, y hay que mantener siempre distancias de seguridad y grupos burbuja", ha explicado, por lo que han llegado a crear "brazaletes de colores para no juntar a la gente".

Siguiendo uno de los preceptos del director artístico del teatro, Víctor García de Gomar, de que la ópera "solo tiene sentido si apela a los temas que interesan al mundo de hoy", Azorín lleva la propuesta de Dove a "un territorio absolutamente contemporáneo", sin obviar que los relatos mitológicos aluden a gente que cruza un mar en barca para llegar a otro lugar donde luchan contra un monstruo.

"Aquí -prosigue- es la tragedia que estamos viviendo cada día, con la llegada a las costas de pateras llenas de gente, con muchos perdiendo la vida. He querido hacer esta lectura para que la juventud vea que la ópera no es algo del siglo XVIII, XIX o incluso del siglo XX, sino que es el aquí y el ahora".

Tampoco obvia que persigue que "se den cuenta de que podemos cambiar el mundo o, al menos, intentarlo, en la medida de nuestras posibilidades, desde el escenario".

Con videocreaciones de Pedro Chamizo, la obra no deja indiferente, ni por lo que ocurre en el escenario, ni por lo que sucede en la platea, con algún que otro momento espectacular.

El director musical, Manel Valdivieso, coincide con Azorín en que se trata "no solo de un acontecimiento excepcional, sino de un atrevimiento muy grande, sea en época de pandemia o de no pandemia, por poner en relieve una ópera comunitaria, en horario de 'prime time' con una orquesta y unos solistas más que solventes".

Igual que Azorín, cree que los jóvenes han sido partícipes de una "experiencia vital, teatral, musical y de comunidad" que recordarán siempre y que se "extenderá como una mancha de aceite, marcando un momento importante en el Liceu y en los teatros del resto del país".

Los jóvenes Anna Millán y Cesc Esteve, ambos de 16 años y del instituto barcelonés de la XXV Olimpiada, han afirmado que el proceso ha sido "muy enriquecedor, algo único".

Azorín remarca que a todos los ha tratado igual que si tuviera delante a Sondra Radvanovsky o Carlos Álvarez, estrellas operísticas con las que ha trabajado anteriormente.

"Gracias a esta obra -considera- hemos ganados unos cuantos amantes de la ópera para el resto de su vida, les hemos inoculado el veneno del teatro y de la ópera".

Acompañarán a los jóvenes intérpretes los profesionales Gemma Coma-Alabert (Madre); Roger Padullés (Teseo); Elías Arranz (Dédalo) y Marc Pujol (Minos).