EFEBarcelona

El escritor cubano Leonardo Padura, que hoy recibe en Barcelona el Premio Barcino dentro de la VI Semana de Novela Histórica, ha asegurado respecto a su relación de amor y odio con La Habana que "sólo se puede odiar íntimamente lo que se ama íntimamente".

El escritor ha transmitido ese sentimiento a su personaje principal, el detective Mario Conde, protagonista de su serie de novela negra más popular. "Sólo odiando lo que se ama se puede evitar un rechazo visceral que no te permite comprensión", ha apuntado.

Con un sentido del humor habanero, Padura ha bromeado que a este paso le van a acusar de "catalanista, en el mejor sentido de la palabra".

"Soy 'culer', nadie es perfecto, pero además tiene que ver con una relación histórica del mundo catalán en su relación con Cuba", ha dicho Padura, quien escribió un amplio reportaje sobre la presencia catalana en Cuba, "con tres apellidos que ilustran esa relación: Xifré, Bacardí y Güell".

Y añade: "El Eixample de Barcelona fue construido por los mismos arquitectos del ensanche de La Habana en el siglo XIX, y el Paseo del Prado es lo más parecido a las Ramblas barcelonesas".

Precisamente, Padura, que ha asegurado que debe toda su carrera a la barcelonesa editorial Tusquets, que publicó su primera novela, con la que ganó el Premio Café de Gijón, está ahora preparando una nueva novela ambientada en Barcelona.

Cree Padura que haber ganado el premio Barcino es un reconocimiento a la dimensión histórica de sus novelas negras, pero también a su novela "El hombre que amaba los perros", en la que "me acerqué mucho a la Barcelona de los años previos a la Guerra Civil".

Ahora, anuncia, está escribiendo sobre un médico que ha decidido que viva en Barcelona: "Será un inconformista con Cuba, con Barcelona, con el mundo, para él todo es una mierda. Llega a Barcelona con una beca y decide quedarse".

No ha ocultado que le haría ilusión ganar algún día el premio Carvalho, que también se concede en Barcelona, aunque en el marco de la BCNegra, la Semana de la Novela Negra. "Me pasó cerca pero no me tocó, y espero ganarlo algún día, como me amenazó un día Paco Camarasa, un hombre fundamental en la difusión no solo de la novela negra, sino de la cultura en general", expone.

El género negro, añade Padura, es "una modalidad literaria muy generosa porque permite dos cosas: escribir muy malas novelas y muy buenas, y a partir de ahí todo lo demás es posible".

A su juicio, en los últimos 50 años el género negro se ha librado de "las ataduras formales que lo encorsetaban" y "actualmente, es más una atmósfera" en la que, en su caso, "la parte histórica permite dar una mayor dimensión a los conflictos del presente".

Subraya el autor cubano que "mientras en los libros de historia se encuentra el estudio y el análisis de los hechos históricos; en la novela se puede utilizar la historia como una manera de ver lo que fue el ser humano en el pasado para entenderlo en el presente, para al final llegar a la condición humana".

Ha confesado que "con el paso de los años algo sigue siendo igual: la incertidumbre a la hora de escribir. Ni los premios, ni los reconocimientos, ni la experiencia te resuelven el problema fundamental a la hora de comenzar una nueva novela".

Percibe que "en Cuba han cambiado muchas cosas, aunque aparentemente no hayan cambiado" y asegura que con 63 años se es "un viejo de mierda", como dice el propio Mario Conde, "con la edad de Trotsky cuando fue asesinado y más viejo que Hemingway cuando murió".

En el mismo acto, el comisario de la Novela Histórica, Félix Riera, ha destacado que Padura y su "El hombre que amaba a los perros" entronca con la estirpe de novela histórica que se inició con "El supremo", de Augusto Roa Bastos; "El general en su laberinto", de García Márquez; "La fiesta del chivo", de Vargas Llosa, o "Los años con Laura Díaz", de Carlos Fuentes.

Unas novelas, ha precisado Riera, que "colocan al lector ante una minuciosa investigación histórica que permite recrear las tensiones hasta niveles manieristas y precisos".