EFEA Coruña

El grupo de teatro Valacar acaba de estrenar en A Coruña “Ataque Preventivo”, una obra con texto de Juan Pablo Heras que representa un elenco de actrices y actores gallegos con graves problemas de visión o ciegos que buscan el respaldo del público por su calidad actoral siguiendo el modelo del Orfeón Donostiarra.

Un modelo que, para el director del grupo, Pedro Rubín, es indiscutible porque “el Orfeón Donostiarra es un grupo de coro aficionado, de reconocido prestigio en todo el mundo por su alta calidad profesional, que nadie se atreve a cuestionar y eso es lo que perseguimos en Valacar”, ha explicado en una entrevista con Efe.

Pedro Rubín lleva cuatro años al frente de este proyecto con el que ha conseguido dar un paso más en la calidad teatral del grupo Valacar, al pasar de una primera fase de “integración” a un nuevo estadio en el que la “normalización” de las actuaciones ha alcanzado un nuevo hito: "España es una potencia de integración".

Pregunta: ¿Qué transmite "Ataque Preventivo"?

Respuesta: Cómo los distintos miedos nos impiden vivir, un tema que hoy día está de actualidad por la época que nos ha tocado. La función nos coloca ante la desconfianza que surge entre los pasajeros de un avión y a los que determinadas situaciones les lleva, por diversas razones, a afrontar una situación de tensión extrema entre los personajes.

P: ¿Cómo es el trabajo de dirigir actores ciegos?

R: Cuando empezamos el proyecto en 2018 tuvimos claro que el espectador no viene a ver a un actor ciego sino una obra de teatro. El actor que sube a un escenario tiene que tener la máxima calidad posible y eso es independiente de si esa persona es ciega o va en silla de ruedas.

P: ¿Cómo es el proceso de selección?

R: Hemos intentado obviar la ceguera. Si un actor, por ejemplo, no da el perfil para un personaje se le retira. Lo que hay, evidentemente, es un gran esfuerzo en el trabajo de aprendizaje de los textos y para mí esa es la única diferencia que existe.

P: ¿Se podría comparar con una obra similar en un teatro clásico?

R: Hemos pasado ya de la fase de integración de personas con discapacidad a la de normalización, lo que significa que el público no se fija en la discapacidad que pueda tener el actor o la actriz. El espectador disfruta del espectáculo sabe valorar al actor por sus cualidades artísticas; si lo hace mal le tirará tomates y si lo hace bien le gritará ¡bravo!

P: ¿Qué tipo de texto busca para sus actores?

R: Tenemos la ventaja de tener un gran centro de formación y 25 actores donde escoger el elenco adecuado a la obra que queremos representar. El texto depende, por ejemplo, de si el elenco puede ser capaz de hacer un trabajo digno. Si el director decide que sí es posible hacer una obra, lo siguiente es determinar si la función transmite algo al público y si lo hace merece la pena hacer el esfuerzo, esa es mi filosofía.

P: ¿Las representaciones de Valacar pueden llevarse a un gran teatro español, por ejemplo?

R: Pues yo creo que nuestro futuro no pasa por ahí. Hemos discutido sobre eso y por ejemplo el año que viene iremos a Portugal para un proyecto que tenemos y actuaremos sin ningún problema, pero desde mi punto de vista el teatro del siglo XXI es residente, es decir, tiene una sede y en ella es en donde realiza la mayoría de sus actividades. El teatro itinerante es muy del siglo XX, no del XXI.

P: Por tanto, ¿la movilidad de la compañía no es un objetivo?

R: Cualquier país europeo con política teatral europea fomenta que las compañías tengan una sede y que la ciudadanía se identifique con ella. Si mañana vamos a hacer una función a Vigo, por ejemplo, no pasa nada para la compañía porque no repercute socialmente, casi no sales en los medios de comunicación y habrá o no habrá público ya que depende de muchas cosas; considero que ir a otros teatros es una política anticuada.

P: ¿Qué ventajas tiene estar centrados en una sede?

R: Tener un proyecto estable en una ciudad con un área metropolitana de 435.000 habitantes y que sabe que todos los años tiene un festival; esa compañía además es capaz de identificarse con esa ciudadanía y considera al grupo como algo suyo. He hecho muchas funciones de ir casi con carromato y es muy antiguo; el futuro es de las compañías residentes, lo que también implica una política teatral coherente y en Galicia hay poca coherencia política.

P: ¿Qué hay que hacer para ingresar como actor en el grupo de teatro Valacar?

R: Hay que pasar por la escuela de teatro y tras acceder pasan un tiempo en ella; unos tres años, otros cuatro, otros menos tiempo, y dependiendo de las necesidades se hace una selección natural. En la escuela de teatro el trabajo que hacemos es muy duro y sacrificado, aunque se lo pasen bien.

P: ¿Que supone para ustedes el reconocimiento que la Academia de Artes Escénicas ha otorgado a la ONCE?

R: La Medalla de Oro la han dado por la labor teatral de la ONCE. Por diversas razones he tenido que vivir en varios países y me he dado cuenta de que esta labor es única en el mundo. España es una potencia en integración, porque una persona ciega en Francia, por ejemplo, puede tener una pensión más elevada que aquí pero la encierran en casa y si hablases con ciegos de Italia, Francia o Alemania sentirías la envidia que tienen al reconocer que en España los grupos de teatro de personas ciegas son un ejemplo a seguir.

P: ¿Cuántos grupos hay en España como Valacar?

R: Somos más de 20 grupos y uno se sorprende mucho del potencial y de la calidad de la mayoría de los grupos, además de la inversión que tiene que hacer la ONCE para que todos los grupos teatrales puedan sobrevivir y de que los actores ciegos se pueden integrar perfectamente en las artes escénicas. Debemos estar orgullosos de pertenecer a un país que puede demostrar que es una verdadera potencia mundial en integración.

Carlos Alberto Sánchez