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Besarse en escena es ahora, tras la pandemia, subversivo, asegura en una entrevista con EFE el actor Pepe Viyuela, protagonista de "Esperando a Godot", de la que se ha eliminado un "piquito" de cariño entre los personajes porque podría "desagradar": "son tiempos de pies de plomo y eso es malo para la creatividad", advierte.

Viyuela protagoniza en el Teatro Reina Victoria junto a Alberto Jiménez, Juan Díaz, Fernando Albizu y Jesús Lavi "Esperando a Godot", de Beckett, dirigidos por Antonio Simón con escenografía de Paco Azorín, una obra maestra del teatro del absurdo con la que ya estuvieron en Madrid el año pasado y que ha estado de gira por España hasta la pandemia.

"Volver es muy especial por muchos motivos. La obra se adapta como un guante a la situación de desconcierto total que estamos viviendo. Eso es lo que viven los personajes, que no saben dónde ir ni qué hacer", compara el logroñés (1963).

Este clásico en el que "no pasa nada y pasa todo", lleno de dolor, poesía, humor y fuerza, recalca, tiene ahora "una nueva lectura, y eso es una muestra más de la genialidad de Beckett".

"Por otra parte es volver al teatro después de tantos meses, de escuchar los aplausos, de oír las risas que habían quedado aletargadas. El retorno es emocionante. algo excepcional y recuerdo que el teatro es seguro, que se están poniendo todas las medidas de seguridad. Es un momento rarísimo, en el que la sociedad entera está luchando contra algo desconocido, pero apasionante", subraya.

En este tiempo ha descubierto "una hipersensibilidad" respecto al humor que le preocupa: "No se si ha existido siempre pero ahora todo se sobredimensiona, se exagera. El humor puede ser muy salvaje pero muchas veces enseguida hay quien se da por ofendido y hay miedo por parte directores o actores porque se puedan enfadar estos o aquellos".

"En 'Godot', en el original hasta antes del confinamiento, había un beso en la boca, apenas un roce, entre Vladimir -Alberto Jiménez- y Estragón -Viyuela-. No se puede hacer porque aunque hayamos hecho los análisis y todas las medidas besarse en escena es ahora subversivo, podría provocar desagrado. Lo que hasta marzo era una muestra de amor, de algo hermoso, ahora es incomodo de ver", lamenta.

Todo ello, apostilla, hace ir a los creadores "con pies de plomo y eso no es bueno para la creatividad y la libertad de expresión. Acabas por no ir a ningún sitio. Hemos bajado mucho el dintel y pasan muchas menos cosas que antes. Hay miedo a ofender. A mi no me ofenden que me llamen calvo pero habrá quien siendo calvo se ofenda", concluye.

Durante el confinamiento Viyuela lo ha pasado "bien" porque ha podido disfrutar de su familia, leer, ver películas y series, jugar e incluso teletrabajar porque ha preparado con sus alumnos de cuarto de Artes Escénicas de la Universidad Antonio Nebrija una ficción sonora.

Desde mayo ya ha sido "un no parar" porque se reanudó el rodaje de la película "García y García", de la navarra Ana Murugarren, que protagoniza junto a José Mota, Antonio Resines y Eva Ugarte, un proyecto que le llevará hasta el 18 de septiembre.

Además ha empezado ya los ensayos de la primera obra que escribe, "1970 sombreros", un homenaje a la historia del Circo Price en el que hay también números circenses, que se estrenará el 14 de octubre en el recinto del mismo nombre.

"El confinamiento ha provocado una especie de embudo. Ahora sale todo a la vez. Estoy en un estado mental un poco gaseoso porque ya no me entero muy bien de que estoy haciendo", bromea.

No le gusta que "coincidan" los proyectos de trabajo pero, dice, le parecía "muy bestia" bajarse de planes como esos.

Mientras tanto estará en Madrid hasta finales de septiembre con "Esperando a Godot", con la que iniciará también nueva gira, que terminará en junio del año próximo en Barcelona.

Concha Barrigós.