EFEDakar

En los años cuarenta, el poeta y quien fue después primer presidente tras la independencia de Senegal, Léopold Sédar Senghor, visitó la casa de Pablo Picasso en París con sus amigos artistas españoles y fue entonces cuando el genio malagueño le confesó "toda la inspiración que le había aportado el arte negro".

Así lo contaba Senghor -ya presidente de Senegal- en 1972, año en que África subsahariana acogió por vez primera una exposición de Picasso, en el Museo Dinámico de Dakar, donde se expusieron pinturas, dibujos y grabados de este icono del siglo XX.

Medio siglo después de aquella exposición, que fue todo un éxito y recibió más de 13.000 visitantes, el pintor español ha vuelto a esa ciudad, al Museo de Civilizaciones Negras, en una muestra donde dialogan su obra y el arte africano, y que estará abierta al público a partir de este viernes y hasta el próximo 30 de junio.

Se trata de una exhibición con gran significado histórico y simbólico, pues además de las dos organizadas en Senegal en 1972 y 2022, la obra del creador malagueño sólo se ha expuesto en África subsahariana en Sudáfrica en 2006.

"Aunque sólo sea por esta singularidad, es una exposición que tiene mucho interés. Hemos podido tomar prestadas del Museo Nacional Picasso de París obras de una calidad muy alta, realmente obras maestras", explica a Efe Guillaume de Sardes, uno de los cuatro comisarios de la muestra.

"UN ESPACIO DE LIBERTAD"

En 1906, el pintor francés Henri Matisse compró su primera obra africana, una estatuilla del grupo étnico "vili" del Congo, y se la enseñó a Picasso.

Pero fue en 1907, cuando el artista malagueño visitó por primera vez el Museo de Etnografía del Trocadéro en París, donde descubrió los objetos africanos, que marcarán un punto de inflexión en su trabajo.

"Estaba buscándose a sí mismo, quería renovarse y el arte africano le abrió una vía, una posibilidad de hacerlo", cuenta De Sardes.

"Descubre un arte que no es una representación de la realidad ni una descripción de la misma, sino que va completamente más allá. Y para él, abre un espacio de libertad", explica a Efe Hélène Joubert, también comisaria de la exposición.

A finales de 1906, con 25 años, Picasso comenzó "Las señoritas de Aviñón", cuadro que se considera el punto de partida del arte moderno y con el que rompe con el concepto de verosimilitud, un paso que le lleva a ser incomprendido hasta por su círculo más cercano.

Picasso abandonó ese cuadro y en 1907, tras visitar el Museo del Trocadéro, añadió en dos de las caras de las retratadas máscaras africanas.

"Lo que está más claramente marcado por el arte africano (en Picasso) es la estilización de los rasgos, los rostros o el lado casi escultórico de estas figuras que, de hecho, remite a aquellos intentos de talla directa en madera o su mirada sobre las esculturas africanas”, declara a Efe Cécile Débray, directora del Museo Nacional Picasso-París.

CUADROS, ESCULTURAS Y FOTOGRAFÍAS

La influencia del arte africano puede verse desde entonces a lo largo de la obra de Picasso, de manera más o menos nítida, como se observa en la exposición, titulada "Picasso en Dakar, 1972-2022".

La muestra está constituida por una treintena de obras de Picasso y de arte africano provenientes del Museo Nacional Picasso-París, el también parisino Museo del Quai Branly-Jacques Chirac y el Museo Théodore Monod de arte africano de Dakar.

En ella, máscaras procedentes de diversas comunidades étnicas de Camerún, Costa de Marfil, Nigeria y Guinea-Bisáu comparten espacio con esculturas y estatuas de Mali o Madagascar, a la vez que dialogan con las pinturas y esculturas del artista español.

"Fue la selección de las obras de Picasso lo que llevó a la selección de las obras africanas. Intentamos encontrar fuentes de inspiración que fueran claras, que fueran accesibles visualmente, sin necesidad de explicar", apunta Joubert.

Así, junto a una máscara de la etnia "baoulé", se encuentra el busto de un estudio de óleo sobre lienzo para "Las señoritas de Aviñón" y, al lado de "Mujer en un sillón" (Picasso, 1946), una máscara del grupo étnico "bedu" de similar gama cromática.

En esta exposición, destacan también la escultura "La cabra" (1950), así como los óleos sobre lienzo "La mujer que llora" (1937) o "Desnudo sobre fondo blanco" (1927), entre otras creaciones de Picasso.

Igualmente, componen la exposición fotografías del pintor en sus estudios, donde pueden verse las estatuillas africanas que coleccionó hasta el final de sus días.

También llama la atención una instantánea de la fotógrafa estadounidense y corresponsal de guerra Lee Miller de 1957, donde Picasso toca un balafón (instrumento de teclado de madera oriundo de África occidental), imagen que conversa, a su vez, con un instrumento similar de Senegal expuesto en la muestra.

"Creo que su encuentro con África hizo estallar lo que estaba aletargado en él, es decir, esta capacidad de salir de su caparazón, de ir al encuentro del otro, de integrarlo, de dialogar y de dialogar integrando al otro", señala a Efe el director del Museo de Civilizaciones Negras de Dakar, Hamady Bocoum.

Para Bocoum, Picasso no era ni un copista, ni un repetidor, ni un admirador, "simplemente un genio" que se topó con el arte africano "y, de este encuentro, creó algo sublime".