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"Yo siempre quise continuar con Los Elegantes", afirma Emilio J. López, cantante, compositor y uno de los fundadores de uno de los grupos más transgresores que surgieron en España en los tiempos de la Nueva Ola, y que formaron parte de la mágica época de la Movida madrileña.

Quizá porque nunca aceptó del todo la disolución del grupo -"me jodió mucho y durante años me dejó tocado"- a principios de los noventa, López rememora con "una nostalgia feliz" aquellos años de revuelta "mod" en un libro cargado de anécdotas que lleva el título del primer LP que sacaron al mercado: "¡Ponte ya a bailar!".

"Es una nostalgia de agradecimiento por haber tenido la fortuna de vivir aquellos años. Es una nostalgia, en todo caso, atemperada siempre por las ganas que siento de vivir el presente, de observar la realidad y disfrutar de los pequeños grandes placeres de la vida", explica en una entrevista con Efe, empresa en la que ejerce como periodista desde 2004, en la corresponsalía de Miami.

Esos pequeños placeres, como "una conversación a la mesa con buenos amigos, besar a la chica que amo, leer novelas que me absorben o beber una copa de vino en mis tardes de Miami", son el contrapunto actual a un pasado intenso y cargado de entusiasmo.

"El entusiasmo con que uno se levantaba cada día, el placer incomparable de componer una canción junto a la banda y tocarla en un escenario. También la hermandad, inteligencia, tolerancia y humor de nuestra generación y grupo de Madrid, para los que La Movida o La Nueva Ola fue el antídoto contra el aburrimiento, la trascendencia y la ñoñería musical", señala.

"¡Ponte ya a bailar!" (editorial Chelsea) es una idea de Alejandro Díez Garín (Alex Cooper, de Los Flechazos) "quien me animó a escribir un relato personal a partir de mis vivencias, historias y anécdotas con Los Elegantes en esos años finales de los setenta y primeros de la década de los ochenta", precisa López.

Una "época mágica de la música española, de exaltación e ilusión colectiva, un revulsivo, en el plano musical, contra las canciones horteras que dominaban los '40 Principales', el letárgico rock sinfónico y los melódicos", añade.

"Madrid fue entonces una suerte de 'Melting Pot' donde la gente que hacía música, fotografía, gráfica -increíbles fanzines- y arte se situaban en su trinchera para dar lo mejor. Fue una época de un enorme caudal de creatividad", recuerda convencido de que, a pesar de la precariedad de los medios, "entonces no había Internet", "lo hacíamos todo con más intensidad y entusiasmo que ahora con tantas facilidades".

"Y volvería a esa época. Pediría la misma época que viví. Eso sí, elegiría mejor mis descartes y evitaría dar algunos de los disgustos que di a mis padres con mis trastadas y correrías", afirma López, quien recuerda con tristeza a los amigos y gente que apreciaba, que aparecen en las páginas del libro, y que ya han muerto, como Enrique Urquijo, líder de Los Secretos.

"La muerte de Enrique nos dolió y llenó de profunda tristeza a todos los que le conocimos y admiramos como compositor de magníficas canciones", asegura, y reconoce que para salir indemnes de aquellos años locos lo fundamental era "no tocar ni en broma la heroína" y, después, "tener un ángel protector activo las 24 horas del día, "si no, no me lo explico".

Doce capítulos para doce canciones, las de "¡Ponte ya a bailar!", en los que el autor enlaza momentos estudiantiles, primeras guitarras, ensayos en garajes prestados, fiestas locas, directos explosivos y el lanzamiento de los primeros éxitos de Los Elegantes, influenciados por grupos como los Who, los Jam o Quadrophenia y por la impronta del soul de sellos como Motown y Stax.

Una recopilación de fotografías, recortes, discos y carteles del grupo complementan el relato de López, al que acompañan las ilustraciones del artista valenciano Alex Barbarroja, y el prólogo del conocido periodista Juanjo de la Iglesia, amigo de la infancia del autor.

Por Alida Juliani