EFEHuesca

El diestro Antonio Ferrera, cortó dos orejas del quinto toro de la tarde y salió a hombros de la plaza de toros de Huesca, en una tarde en la que tanto Enrique Ponce como Miguel Ángel Perera obtuvieron también un apéndice cada uno.

FICHA DEL FESTEJO.- Seis toros de la ganadería de Buenavista, bien presentados y de juego desigual. Destacó el quinto.

Enrique Ponce, de gris perla y oro: estocada (oreja); y pinchazo y media (ovación).

Antonio Ferrera, de grana y oro: estocada trasera (silencio); y estocada entera (dos orejas).

Miguel Ángel Perera, de grana y oro: estocada trasera (silencio); y estocada entera (una oreja con fuerte petición de la segunda).

------------------------

FERRERA ESTÁ QUE SE SALE

Enrique Ponce toreó con su característico estilo templado y elegante al primer de corrida, al que dosificó con tiempos y distancias para acabar robándole pases muy meritorios por los dos pitones.

A pesar de la falta de transmisión del astado, que no tuvo fijeza alguna y fue muy castigado en varas tras derribar al picador, el de Chiva lo acabó toreando con maestría y elegancia en una faena planteada en los tendidos de sol, donde el público es mucho más agradecido con los de luces, de ahí la oreja que logró.

En el cuarto, el toro de la merienda, volvió a repetir lo mismo que en su anterior oponente: tandas muy plásticas y a media altura para sacar buen rendimiento de un toro que se sujetaba con alfileres. Esta vez falló con la espada y perdió el premio.

Antonio Ferrera llegó a Huesca dispuesto a triunfar, y lo logró. No fue en su primero, toro muy flojo con el que no pudo pasar prácticamente de los detalles; pero sí lo consiguió frente al quinto, al que apenas castigó en el caballo, decisión fundamental para el devenir del último tercio.

El diestro ibicenco, aunque extremeño de adopción, extrajo muy buenas tandas de naturales, encontrándose muy a gusto el torero en la misma boca de riego. Faena de estilo y valentía, con un final de cercanías que encandiló al público oscense. Dos orejas sin discusión.

Miguel Angel Perera, no tuvo suerte con el primero de su lote, pues, aunque lo castigó poco en varas, el toro fue tan manso que no pudo sacarlo de toriles durante su breve lidia.

En el que cerraba plaza, Perera estuvo muy valiente y también quiso triunfar en el coso taurino oscense. Puso corazón, ligó pases con ambas manos, y estuvo torero en todo momento. Se la jugó entre los pitones en varias ocasiones y, aunque mató de una estocada entera extraordinaria, el presidente, muy cicatero, le negó la segunda oreja.