EFEBarcelona

La palabra "robota" significa trabajo duro en checo, y fue el origen del término robot que el dramaturgo Karel Capek utilizó por primera vez en su obra de teatro "R.U.R", en 1921, una distopía sobre la falta de entendimiento humano que su compatriota Katerina Cupova convierte, un siglo después, en novela gráfica. De hecho, recuerda la autora (Ostrava, 1982) de esta adaptación, en una entrevista con EFE, que no fue el autor teatral sino su hermano Josef quien le sugirió definir así a los autómatas que produce la fábrica de "R.U.R. (Robots Universales Rossum)", unas máquinas biológicas a priori insensibles a cualquier sentimiento, y creadas para liberar a la Humanidad de la rutina del trabajo. A esa factoría llega Helena Glory una joven idealista, que defiende que estas máquinas, casi indistinguibles por su aspecto de ser humano, deben aspirar a tener los mismos derecho en su corta vida, ya que ninguno supera los veinte años. Inevitablemente, esos androides son demasiado perfectos para detener su evolución a los deseos prácticos de sus creadores, y comienzan a hacer preguntas sobre su existencia hasta que deciden rebelarse para sorpresa del equipo directivo de la fábrica en la que se desarrolla la historia de "R.U.R" (La Cúpula). La dibujante, experta en animación, -una disciplina con gran tradición en el República Checa, a la que Cupova añade la influencia del manga japonés- utiliza para esta adaptación gráfica la acuarela líquida con tres tintas, amarillas rojas y azul, que acentúa el contraste entre las tonalidades con las que plasma las imágenes tecnológicas y los elementos de la naturaleza. A Cupova siempre le había atraído mucho el texto de Capek, una farsa reflexiva en torno al bloqueo que se produce en la sociedad cuando surgen problemas inesperados -la revuelta robótica- y se ha de hallar una solución capaz de aglutinar puntos de vista contrarios, dispuestos a imponerse unos a otros, aunque ello suponga el final de la civilización, frente a unos pragmáticos robots que sólo "anhelan" aprender a sentir y a ser autónomos. "Me gusta la ciencia ficción, y esta obra hay que contextualizarla en los años veinte, en una época de cambios sociales, que aborda el bloqueo a la hora de tomar decisiones adecuadas en momento críticos, mezclado con la nueva realidad tecnológica, moderna. Es la comedia de la verdad, la comedia de la falta de entendimiento, ése era el verdadero tema para Capek", indica la historietista. Cada uno de los personajes principales de la obra simboliza una visión del mundo, la vertiente humana y social, la puramente tecnológica, la faceta productiva, la más filosófica, la reacia a los cambios... un choque de trenes que Capek quería cerrar de forma trágica, la desaparición de la vida, que no fue aceptada por los productores, y que llevó al dramaturgo a cerrar la obra "con un largo monólogo que deja un resquicio a la esperanza", señala Cupova. "R.U.R" fue escrita en 1920 y estrenada un año más tarde, poco después del fin de la Primera Guerra Mundial, cuando Europa intentaba reconstruirse, en ocasiones en base a utopías sociales, que se convertirían en regímenes dictatoriales y criminales. Uno de los principales retos a los que se enfrentó Cupova en esta adaptación fue el del manejo del espacio, ya que en el original toda la acción transcurre en un escenario, y por ello la dibujante, además de trabajar con más profundidad a los personajes por medio de flashbacks, "para que la historia fluya un poco mejor", les permite moverse por la fábrica y otros espacios de forma libre. "R.U.R" se nutre en lo estético de fuentes variadas, desde los bocetos de la puesta en escena original, los diseños arquitectónicos y urbanos de la Bauhaus, el expresionismo alemán, la animación checa y, por supuesto, de la obra cubista del pintor Josef Capek, quien seguramente nunca pensó que su idea de "robot" llegaría a ser un término capital de la ciencia ficción.

Sergio Andreu