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La mítica sala madrileña Rock-Ola, cerrada hace 31 años tras acoger conciertos de bandas igualmente legendarias como Depeche Mode, Echo & The Bunnymen o Radio Futura, acaba de reabrir sus puertas en la capital con la mirada puesta de nuevo en la década de los 80, pero huyendo de "lugares comunes".

"Que no suene 'La chica de ayer' cuatro veces", asevera Pepo Perandones, nombre asociado a la noche de la capital, ya sea como programador de la sala Arena en los últimos 20 años o, antes, como codirector de la vieja Rock-Ola y diseñador de toda su cartelería.

Junto a su hermano Magín, que entonces ejercía como DJ residente de la sala, acomete el relanzamiento de esta marca histórica de Madrid de la mano de los empresarios responsables de otra sala de la ciudad, el club Independance, conocido por huir "de heavys, electrónica y reguetón".

Fue el pasado viernes cuando se vivió una reapertura "abrumadora", con la intención de convocar a un público "entre los 30 y los 60 años de edad", especialmente "veteranos de 50 con los hijos criados que no saben dónde ir".

"El panorama ahora es difícil. Las vanguardias, que es lo que hacíamos entonces, están muy diversificadas. Para cada estilo hay un sitio. Lo que queremos es recuperar los 80 de verdad, no solo los de Madonna o Alaska sino también los de la nueva ola británica", informa.

Cautos ante las circunstancias, la nueva Rock-Ola abrirá en una nueva ubicación más céntrica (calle de José Abascal, 8) y solo los viernes y sábados, no como su antecesora, un vergel creativo que de lunes a domingo igual acogía un concierto que una exposición o una obra de teatro.

"Rock-Ola siempre fue el triunfo de los atrevidos", recuerda Perandones.

Habrá actuaciones de grupos españoles (ya tienen cerrado, por ejemplo, el concierto del grupo Mamá el 11 de noviembre), bandas tributo que versionen "hits" de la época y formaciones emergentes que comulgan con la estética de aquellos tiempos (véase, el "tecnopop disgusting" de Las Bistecs).

"Vamos a ser muy duros", advierte Perandones sobre la música que sonará por los amplificadores y sobre las medidas de seguridad a tener en cuenta, incluido el aforo: "Aunque venga Pedro Almodóvar no pasará si se sobrepasa el número de personas permitidas", proclama.

El viejo Rock-Ola cerró sus puertas el 10 de marzo de 1985 después de una pelea entre "mods" y "rockers" que acabó con un fallecido. Fue la gota que colmó un vaso más que lleno por el incendio que, un año antes, se cebó con la planta baja del local.

El fuego, que acabó con equipo y gran cantidad de material documental (solían grabar en vídeo todas las actuaciones), se produjo para más inri solo unos meses después de otro incendio más fatídico, el de la sala Alcalá 20 en el que murieron 81 personas.

"Alcalá 20 fue un shock. Aquel día se acabó la movida madrileña", opina Perandones, que no trabajaba en Rock-Ola cuando se produjo su cierre pero ve con optimismo el futuro de su heredera.