EFECartagena (Colombia)

Un nuevo contrato social, desprenderse del neoliberalismo, salvar la democracia y contar la verdad son algunas recetas que los nobel Joseph Stiglitz y Juan Manuel Santos, Dilma Rousseff o Sergio Ramírez propusieron en el Hay Festival de Cartagena de Indias para caminar hacia un mundo mejor.

El Hay Festival, que concluyó este domingo, volvió a zarandear a un público fiel, mayoritariamente colombiano, de clases acomodadas y no muy joven, por eso poco proclive a los procesos disruptivos en la política y la economía.

En esta edición, las protestas sociales, el auge del populismo y la extrema derecha, la siempre discutida situación en Venezuela, a la que se sumó Chile y Brasil, fueron protagonistas de debates en los que hubo muchos aplausos pero también levantadas de las sillas cuando se expresaba lo que algunos preferirían no escuchar.

Aún así, se analizó el mundo en el que vivimos, la deriva de Latinoamérica, cargada de protestas sociales y bajo la lupa por los problemas derivados de la desigualdad.

EL NUEVO CONTRATO SOCIAL

"Nunca en el mundo hubo semejante cantidad de riqueza acumulada y semejante cantidad de pobreza acumulada". Con esta sentencia, Dilma Rousseff, destituida de la Presidencia de Brasil en 2016, se presentó en el Hay Festival, convencida de que "no podemos llegar a políticas de izquierda siendo rehenes del neoliberalismo".

La clave está, a su juicio, en desprenderse del neoliberalismo económico.

Para Rousseff, "el gran error de la izquierda fue creer que había un consenso neoliberal al cual ceñirse. Si no se derrota esa idea no hay alternativas".

Las protestas "no son una conspiración del comunismo que quiere apoderarse del mundo, eso es una excusa de algunos", defendió el nobel de la Paz colombiano, quien dejó claro que "la inequidad en América Latina es el combustible más importante de esas protestas".

En la misma línea, el nobel de Economía Stiglitz expresó su sorpresa porque en Chile no se hubieran producido antes las protestas, por los elevados índices de desigualdad.

Optimista frente al cambio, el estadounidense propuso "un nuevo contrato social", es decir, "un nuevo equilibrio entre el mercado, el Estado y la sociedad civil" que incluya a instituciones, organizaciones sin ánimo de lucro y cooperativas.

"América Latina a veces se desvía de un extremo al otro extremo y lo que espero es que entendamos que la extrema derecha no funciona, es más fácil dirigir desde un rumbo intermedio", matizó.

A su juicio, "el problema del neoliberalismo es que argumentaba que el mercado sin restricciones era la solución, y predicaba: no se preocupe por la moral, no se preocupe por la explotación, solo déjelo en manos del mercado; y eso no funcionó".

EL POPULISMO ES UN HECHIZO

Stiglitz lo tiene claro: "La extrema derecha no funciona", por eso advirtió de que presidentes como Jair Bolsonaro en Brasil o Donald Trump en Estados Unidos solo empeorarán las cosas.

Y desde su estrado, Rousseff advirtió de que en el Brasil de Bolsonaro "la extrema derecha es un lobo solitario que ha devorado al centro y a la propia derecha".

En la lluvia de ideas, Alejandro Gaviria, rector de la Universidad de los Andes y exministro colombiano de Salud, consideró que el populismo reduce la realidad y su narrativa se centra en uno o dos problemas, dejando fuera el resto. El efecto es que "articula la frustración, el resentimiento y el deseo de cambio de la sociedad".

La guinda la puso el escritor y expresidente nicaragüense Sergio Ramírez: "El populismo no surge de la nada, se alimenta de las carencias del sistema democrático".

"Chávez es un ejemplo, producto del agotamiento de un sistema político bipartidista", destacó Ramírez. Y corrigió a su entrevistadora durante un coloquio con lleno total cuando ésta metió a todos en el mismo saco: "Evo Morales no es un populista, hizo transformaciones verdaderas, no como Chávez".

El indio Narendra Modi, el turco Recep Tayyip Erdogan o el propio Trump, todos ellos reyes del populismo, han "puesto al descubierto nuestro lado más débil", pues "articulan un mensaje a la servidumbre voluntaria". El nicaragüense recordó así las palabras del historiador mexicano Enrique Krauze: "El populismo es un hechizo".

Y apuntó a que "el populismo es más preocupante en Europa", en referencia al brexit, a Vox en España y a las voces contra la migración, ejemplos de quienes "predican no solo con el miedo, sino con el odio".

DEMOCRACIA Y VERDAD

La receta de Sergio Ramírez: "Más democracia".

"No hay alternativas a la democracia, el gran esfuerzo es rescatarla", expresó de forma contundente, al agregar entre los aplausos que "la única ventaja de la democracia es que nos deja fracasar con dignidad".

La alerta la dio la chilena Mónica González, presidenta del Centro de Investigación e Información Periodística (CIPER): "La democracia está en peligro, ha sido cooptada por los corruptos".

Para avanzar "hay que romper la fractura con esa concentración aceleradísima de la riqueza, porque hay Estados que están demolidos", pero también hay que avanzar con la verdad.

"En Chile se invisibilizó a quienes sufrían la injusticia y la responsabilidad ha sido de los medios de comunicación", expresó González, al defender el buen periodismo como clave para el cambio.

"Si los periodistas nos aferramos a la verdad vamos a ayudar y vamos a ser factor de cambio", remarcó, bajo el convencimiento de que "el sistema quiere convertirnos en ciegos y sordos, la decisión está en la sociedad".

La investigadora fue rotunda: "Dos industrias mantienen el sistema obsceno: la de la riqueza y la de noticias falsas, en la que participan connotados abogados y connotados periodistas".

Democracia real y verdad, las recetas indispensables para un mundo mejor. En eso coincidieron todos.

Esther Rebollo y Jorge Gil Ángel