EFEOviedo

Dos cascos de bronce en un magnífico estado de conservación y datados en el siglo VII antes de Cristo, considerados únicos en el repertorio existente de armamento prehistórico en Europa, se han incorporado desde este jueves a la colección del Museo Arqueológico de Asturias tras ser localizados en las navidades de 2020 en una cueva de Ribadesella.

Los dos casquetes, con muchas semejanzas formales pero que según los estudios realizados fueron fabricados por artesanos diferentes en un periodo situado en el final de la Edad de Bronce y principios de la de Hierro, fueron localizados por un particular, que avisó al Museo Arqueológico para que recuperara los restos del yacimientos e iniciar después el estudio de los materiales recogidos.

Los cascos, fabricados sobre una placa de bronce con doble encaje simétrico para anclar penachos o cornamentas, lucen apliques fundidos en bronce plomado y fijados mediante remaches y están decorados por bandas repujadas y fueron localizados en la cueva del Picu Las Torres, un promontorio elevado en el curso del río Sella en el que aún se conservan las ruinas del castillo de Buraone, una fortificación medieval cuyo origen se remonta a los siglos XI o XII.

Los investigadores que han trabajado sobre el yacimiento estudian ahora si la cueva donde se produjo el hallazgo pudo albergar también un castro dado que la datación de los cascos coincide con la aparición de los primeros hábitats fortificados, de los que hay abundantes vestigios en Asturias.

Además, se ha constatado que la cueva fue usada desde la prehistoria hasta la época medieval tras localizarse junto a los cascos trozos de cerámica que están siendo analizadas en el laboratorio de Arqueometría de la Universidad de Granada y restos óseos que estudian forenses de las de Oviedo y Santiago de Compostela.

Así, la cueva, que cuenta con un registro de materiales "muy vivo" que refleja una larga secuencia de utilización, pudo tener en algún momento tanto una finalidad habitacional como uso funerario aunque se ha descartado que los cascos, que pudieron ser depositados allí siguiendo algún ritual, estén vinculados a un enterramiento.

Según el arqueólogo del museo asturiano Ángel Villa Valdés, en el conjunto de Europa no hay correspondencia de materiales de este tipo hallados pese a que, desde el Mediterráneo hasta el Atlántico, existe numerosa documentación iconográfica en la que se representa a guerreros portando cascos similares a los hallados en Ribadesella.

Villa Valdés ha incidido en que, con este descubrimiento, se abre una ventana para estudiar un espacio histórico, el del primer milenio antes de Cristo, del que se conoce muy poco, "un puzzle que se tardará mucho en completar" y al que contribuirá nuevos estudios sobre ambos cascos que permitan, por ejemplo, conocer el origen de los materiales utilizados para su construcción.

La limpieza y consolidación de las piezas se llevó a cabo mediante procedimientos manuales siguiendo el criterio de mínima intervención y máximo respeto al original aunque uno de los cascos presentaba un aspecto más deteriorado al haberse desprendido varios fragmentos lo que obligó a volver adherirlos con resina y a construir un soporte específico para su exhibición.

Además, los estudios que aún se realizan sobre los materiales cerámicos recuperados podrán determinar la procedencia de las arcillas con las que se fabricaron los vasos, sus técnicas de manufactura y, posiblemente, el contenido que albergaron en su día.