EFEBarcelona

La escritora Carme Riera ha señalado este miércoles que su libro más emblemático, "En el último azul", del que ha presentado una nueva edición revisada en castellano y catalán, habla sobre minorías perseguidas, tolerancia, y de lo que implican las intransigencias, "algo que es muy actual".

Acompañada por las editoras de Alfaguara, Pilar Reyes, y de Edicions 62, Pilar Beltrán, la también académica ha rememorado que tardó más de un lustro en armar esta obra, que publicó en 1994 -ahora se cumplen 25 años- y que recrea cómo vivieron y murieron los criptojudíos mallorquines en el siglo XVII.

Desde que era muy pequeña, ha proseguido, se había cuestionado por qué algunos niños mallorquines "insultaban a otros que tenían un apellido y venían de un linaje que concitaba todas sus iras".

Ya entonces había consultado a su abuela sobre el hecho y ella le había contestado que nunca debía insultar a nadie, independientemente de cuál fuera su origen.

De mayor, sintió la necesidad de poner negro sobre blanco toda la peripecia del grupo de judíos conversos mallorquines que en marzo de 1687, temiendo ser detenidos por la Inquisición, decidieron huir de la isla y embarcarse a otras tierras donde no fueran perseguidos, aunque el mal tiempo lo frustró y 37 de ellos acabaron condenados a morir en la hoguera.

"La novela trata de las minorías perseguidas, del horror que implican las cuestiones religiosas y de las intransigencias, algo que es muy actual, tiene mucho que ver con la inmigración, con el hecho espantoso de que se deje morir a gente en el Mediterráneo o en campos de concentración", ha recalcado.

También ha querido dejar muy claro: "aquí del 'procés' no hablamos. Este es un libro que lo que pide es la tolerancia como un elemento importantísimo de cualquier sociedad".

Sin obviar que lo pasó mal cuando la escribió porque a sus personajes "no los podía salvar", ha precisado que la novela en Mallorca fue recibida por una parte de la población pensando que "la ropa sucia debe lavarse en casa" por el hecho de tratar sobre los denominados chuetas, un grupo de personas que "podría pensarse que ya no eran rechazados, pero se puede demostrar que sí".

"El lado bueno fue que un día por la calle, un señor ya mayor, con lágrimas en los ojos, me dio las gracias porque consideraba que yo les había hecho justicia, que era la primera vez que una novela hablaba sobre este asunto", rememora.

En este punto se ha detenido para comentar que el alcalde socialista de Palma entre 1979 y 1991, Ramón Aguiló, descendiente de estos judíos conversos, tuvo pintadas en las puertas del ayuntamiento "no hace tanto, donde se le llamaba nazi" o que durante un conflicto que tuvo con sindicatos "al salir un día de una reunión le insultaron y le llamaron chueta, y lo que más le afectó es que nadie de su partido dijera nada".

A la vez, ha explicado el caso de una mujer con un apellido Pomar, descendiente de uno de las personas que fallecieron en la hoguera, que pidió al Tribunal Supremo a finales de la década de los noventa que le cambiaran el nombre por Homar con el argumento de que cuando muriera no le gustaría que sus "huesos fueran desenterrados".

Esto significa, según Riera, que aunque sus hijos "ya no sepan muy bien de que va esta historia, que está superada", sí que tiene "amigas con apellidos de estos linajes, ninguna de ellas casada con un mallorquín".

Asimismo, ha recordado a una amiga suya casada con una persona de origen converso cuyo padre había recibido anónimos.

"Yo no podía pedir perdón por el pasado de antes, pero sí por lo que había visto o veía", ha apuntado.

En parte, la autora de "Te deix, amor, la mar com a penyora" lo atribuye a que la isla "es un lugar muy cerrado, donde hasta el siglo XIX no hubo un barco que enlazara en un solo día Palma con la península".

En las nuevas ediciones en castellano y catalán, con apenas modificaciones, aunque ha acortado algunos párrafos, por ejemplo, se incluye un prólogo de Antonio Muñoz Molina y en catalán hay un posfacio de Manuel Forcano, que Carme Riera ha agradecido a ambos.