EFEAlicante

El artista y científico ilustrado belga Étienne-Gaspard Robert (Lieja, 1763-París, 1837), considerado por los expertos uno de los precursores del cine de terror, fue una figura muy reconocida en su época con el sobrenombre de Robertson, y ahora un libro del alicantino Miguel Herrero recoge sus obras completas.

Viajó por toda Europa gracias a su espectáculo de fantasmagorías, en el que usaba sus conocimientos de física y óptica para recrear "contactos ultraterrenales y apariciones de fantasmas" que causaban asombro y terror entre sus espectadores.

Los montajes audiovisuales de Robertson se consideran "precursores del cine de terror y del audiovisual actual en general", ha señalado a EFE el cineasta, ilusionista y escritor Miguel Herrero (Sax, Alicante, 1985).

Herrero ha publicado las obras completas de Robertson acompañadas de un ensayo en el que glosa la figura de este "pionero de casi todo" en su libro "Obras completas de Robertson" (editorial Cinestesia).

Estos textos "no se han publicado completos ni en francés ni en inglés", según Herrero, "y es la primera vez que aparece algo suyo en español".

La fama de Robertson fue extraordinaria y le permitió "pasar por la mayoría de las casas reales europeas", desde Moscú a Madrid. Mediante el uso de ópticas, espejos, efectos especiales, máscaras y artilugios que anticipan el cine, como las linternas mágicas, hacía aparecer espectros en habitaciones cerradas o al aire libre, con las que generaba historias terroríficas dramatizadas.

Robertson "no fue el creador de las fantasmagorías", ha indicado el escritor alicantino, "pero sí el que perfeccionó el método, lo llevó a un nivel más alto y se convirtió en el más popular".

Su espectáculo más famoso lo llevó a cabo en "el convento abandonado de las Capuchinas de París", donde "una persona guiaba a un público de unas 30 o 50 personas" por una serie de habitaciones diferentes.

"Primero pasaban por una exposición de arte plástico", en el que se incluían algunas obras del propio Robertson y, después, en "una sala iluminada se exhibía un gabinete de física recreativa y óptica", en el que el científico "realizaba experimentos, usaba espejos deformantes y ponía en marcha autómatas".

La tercera parte era la que le hizo famoso: "Tras una puerta decorada con jeroglíficos egipcios" se escondía "una sala tapizada en negro" en la que planteaba "una sesión de nigromancia".

Hacía volar máscaras, proyectaba imágenes sobre humo, "resucitaba personas" y aterrorizaba a los presentes con un "espectáculo total", según Herrero, con la ayuda de un ventrílocuo llamado Fitz-James, actores, música, todo aquello que pudiera intensificar la experiencia. "Para los espectadores, devolvía la vida a los muertos. Quienes conocían los trucos y técnicas le admiraban", ha sostenido.

El ilusionista belga, que también fue uno de los pioneros de la aeronáutica en globo, conoció a Luigi Galvani y Alessandro Volta, actuó frente al zar de Rusia o Napoleón y Josefina y "fue citado por Dickens o Balzac".

Y entre 1820 y 1821 se trasladó a Madrid, donde conoció a Juan Mieg, profesor y naturalista suizo que acompañó a Fernando VII en su regreso a España. A juicio de Herrero, "el espectáculo de Robertson o de alguno de sus imitadores influyó en las pinturas negras de Goya".

Su figura desapareció "junto con todo lo referente a este tipo de artes audiovisuales" anteriores al cine, que se ideó casi un siglo después, y "cayó en el olvido". Sin embargo, la arqueología de medios, disciplina que rastrea los orígenes del invento de los Lumière y de disciplinas similares, "ha vuelto a poner en valor este tipo de espectáculos".

Herrero presentará su libro mañana en Madrid, en la librería La Buena Vida, y el próximo domingo, 31 de octubre, pasará por la Casa de Cultura de Sax (Alicante) para posteriormente visitar la Llibreria de la Imatge de Barcelona (6 de noviembre) y la sala Radio City de València (14 de noviembre).

Rafa Burgos.