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La paralización de la actividad taurina por la crisis sanitaria del coronavirus ha dejado al aficionado sin poder disfrutar de los grandes acontecimientos que aguardaba la temporada 2020, entre los que se encontraban las dos reapariciones más esperadas: la de Roca Rey y la de Alejandro Talavante.

El joven peruano iba a regresar a los ruedos europeos en las Fallas de Valencia, la primera de las grandes ferias suspendidas por la pandemia, una tarde para la que ya se había agotado el papel, lo que denotaba la expectación que había puesta en volver a ver al "Cóndor del Perú" después de nueve meses sin pisar un coso nacional.

Este acontecimiento se pospuso, inicialmente, al Domingo de Resurrección en Sevilla, donde también estaba anunciado Alejandro Talavante, el gran esperado por la afición después de un 2019 sabático, en la que iba a ser su primera actuación en España después de haber reaparecido ya en Arles (sur de Francia), otro de los ciclos condenado por el COVID-19.

Como la propia corrida del Domingo de Resurrección en La Maestranza, a la que hay que sumar también la Feria de Abril y toda la temporada en la capital hispalense, sin duda, el primero de los grandes reveses sufridos por una temporada, la 2020, que ya quedará en la historia como una de las más negras de la historia del toreo.

Y es que la paralización total del sector ha condenado a la ruina a todos los estamentos taurinos: empresarios, ganaderos, toreros y pequeñas pymes que viven también de esta industria como las fábricas de banderillas y puyas, las cuadras de caballos, los sastres taurinos y numerosos negocios más que tardarán en salir a flote.

También los aficionados, a los que a su sed de toros después de un largo invierno hay que añadirle la frustración de perderse otros sucesos importantes que aguardaba este 2020.

La vuelta de Fortes, uno de los toreros jóvenes más esperados y que tenía previsto reaparecer en Zaragoza por San Jorge, y otros regresos no menos interesantes como los de su paisano malagueño Salvador Vega o el madrileño Matías Tejela, que tenía prácticamente cerrado su regreso a los ruedos en San Isidro.

Precisamente el ciclo isidril, cuyo futuro es igualmente oscuro a pesar de que su cancelación no se ha concretado todavía, hará que la temporada pierda su habitual termómetro, la feria de la que suelen emerger los toreros más nuevos y que sirve para refrescar un panorama que, si nadie lo remedia, seguirá igual (o peor) que estaba.

Además, este año volvía a Madrid, entre otros, Morante de la Puebla, un ídolo de masas que, sin bombo de por medio, iba a anunciarse dos tardes; como también iban a hacerlo José María Manzanares o Cayetano, tres toreros que iban a completar las más de treinta tardes de una feria en la en la que, por el contrario, no iban a estar ni el Juli, ni Enrique Ponce, ni Diego Urdiales.

Otro hito del año que muy posiblemente quede en el limbo será la primera de las dos tardes que tenía cerradas José Tomás en Nimes (sur de Francia).

Al menos parece segura que la de mayo no la podrá llevar a cabo, aunque para la de septiembre todavía hay esperanzas, las mismas que albergan profesionales y aficionados en que se pueda retomar la actividad taurina durante los meses de verano.

A día de hoy hablar de eso es una auténtica quimera, ya que, por lo pronto, los Sanfermines de Pamplona no tiene pinta de que vayan a celebrarse, y eso que es a primeros de julio.

Lo que está claro es que el país necesita recuperarse al cien por cien de esta crisis sanitaria, que el coronavirus desaparezca completamente y, cuando lo haga, la gente deberá recuperar también la seguridad y la confianza para volver a ir a un recinto que congregue a miles y miles de personas.

El caso es que más de un centenar de festejos y ferias tan importantes como Valencia, Castellón, Sevilla, Córdoba, Jerez de la Frontera, Valladolid, Zaragoza, Madrid, Granada, Burgos, Alicante o Pamplona, además de muchas otras en Francia y Portugal, van a sufrir sin duda, los efectos de una situación sin precedentes.

Ojalá se puedan retomar antes de que acabe el año, aunque aún es demasiado pronto para aventurarse y darlo por hecho por mucho que algunas empresas ya hayan encontrado fechas para sus ferias en septiembre y octubre.

Lo dicho: primero a recuperarse; segundo, a recobrar la confianza; y ya después de todo eso, que suenen clarines y timbales.

Javier López