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Cuando Rosa Montero escribió "La ridícula idea de no volver a verte" jamás pensó que pudiera ser una obra de teatro pero la adaptación es "tan buena" que ya han comprado los derechos teatros de Chile y Argentina: "el monólogo que han hecho tiene una fluidez sedosa que le va muy bien al relato", dice.

La compañía Arán Dramática estrenará el monólogo el próximo día 4 de junio en el Teatro Fígaro, interpretado por María Luis Borruel y dirigido por Eugenio Amaya, autor también de la dramaturgia.

"Escribes las cosas que son como son, sin pensar en nada más, por eso nunca se me ocurrió que pudiera ser una obra de teatro pero Eugenio ha hecho un monólogo estupendo", explica Montero en una entrevista con Efe.

Todas las frases que se dicen en el monólogo están contenidas en su novela, pero Amaya "ha hecho una cosa increíble que ha sido resumir y adecuar el relato, dándole una fluidez muy sedosa, muy bien articulada, casi mágica", detalla la escritora madrileña (1951).

La novela empezó a escribirla hace ocho años y la publicó hace cinco y su génesis fue muy casual: "yo estaba con otra novela y no era capaz de pasar del tercer capítulo. Mi editora me mandó, para que escribiera el prólogo, el pequeñísimo diario de Marie Curie -24 páginas- y se me abrió la cabeza".

"Hacía dos años que se había muerto Pablo -Lizcano, su marido- y comprendí al ver ese diario de duelo tremendamente apasionado y enloquecido de dolor que podía proyectar en ella y hacer un diálogo sobre cómo aprender a vivir con serenidad el momento", relata.

Para aprender a vivir con serenidad, dice, "tienes que llegar a un acuerdo sobre la muerte de los seres queridos y de la propia. Yo lo estoy intentando desde que tengo uso de razón", confiesa.

Se define como una autora existencial: "Los novelistas somos personas con obsesión sobre la muerte. Escribo para darle sentido a la muerte, a la pérdida", revela aunque este texto no es, en ningún caso, un libro sobre la muerte y el duelo porque huye de la literatura autobiográfica.

Le encanta la actriz que da vida a la protagonista de su novela porque, argumenta, tiene mucho que ver con ella "por vida, por pinta y por todo".

La obra, insiste, es muy diferente de lo que ella escribió y no puede evitar verla como si fuera de otros: "La lectura es de una absoluta intimidad y el drama tiene esa cosa física, eléctrica, que es un suceso, que está pasando ahí".

Eugenio Amaya explica a Efe que la idea de convertir la novela en teatro surgió cuando su compañía, que ya había hecho dos monólogos buscaba un proyecto creativo "más íntimo".

"María Luisa es una fan de Montero. La escuchó hablando de esa novela, nos lo dijo, nos interesó y a principios del año pasado se lo propusimos a Rosa. Nos gustó sobre todo el tono de la novela propiamente dicha, en la que ella le habla directamente al lector, un mecanismo que funciona en teatro".

Amaya ha seguido la estructura narrativa de la novela, ha contado con la "complicidad" de Montero en la versión y el espacio escénico recoge la esencia de la escritora, es decir, el lugar donde escribe, su ordenador, sus artículos de escritura, una zona de lectura y otra que ocupa el sillón del personaje del marido muerto de la escritora.

Curie guardó durante un tiempo la ropa ensangrentada y con restos de sesos de Pierre, y Montero, tras la muerte de Pablo, se mudó de casa, se deshizo de la ropa de su marido y cambió la tapicería del sillón donde él se sentaba. Nunca ha vuelto a sentarse en él.

Concha Barrigós