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El fotógrafo brasileño Sebastião Salgado tildó en un acto en Roma al Gobierno de su país de "depredador" de la Amazonía, pero aseguró que su destrucción es en gran parte culpa de "nosotros mismos", de los consumidores de sus productos.

"Nosotros, que estamos aquí y aceptamos y compramos las cosas que se producen allí sin cuestionarlo, contribuimos a su destrucción", defendió en el Museo Nacional de las Artes del Siglo XXI (MAXXI) de Roma, en alusión a la exportación de productos a Europa .

El artista participa en la capital italiana en unas "jornadas de espera" antes de la inauguración de una exposición de su obra, que podrá verse desde el 1 de octubre y al 13 de febrero de 2022 en el MAXXI.

Para Salgado (Aimorés, Minas Gerais 1944), economista de formación, la fotografía no es solo una manera de representar el mundo, sino también de cambiarlo.

Por eso, el mensaje que lanza con esta gran colección de unas 200 imágenes -siempre en blanco y negro, su seña de identidad- es el de no abandonar a su suerte al pulmón verde del planeta y a las comunidades que lo habitan, amenazadas ahora también por el coronavirus.

Salgado realizó su primer viaje a la selva del Amazonas en los años ochenta, y allí enseguida se encontró a sí mismo.

"Cuando iba hacia esos indígenas, iba hacia mí, hacia el 'homo sapiens'", expresó sobre las más de cien tribus herméticas de la Amazonía, que nunca han tenido contacto exterior y "representan nuestra prehistoria".

Mientras una selección de sus fotografías se proyectaba a sus espaldas, en el escenario, Salgado contó cómo se las ingenió para conseguir acceder a comunidades tan cerradas y lugares tan remotos durante los 48 viajes que realizó a la selva.

Dos traductores, un antropólogo, un asistente personal y varios expertos conocedores del terreno conformaron el equipo que durante seis años permitió a Salgado adentrarse en territorio selvático.

"Fue muy fácil trabajar con los indígenas. Son gente de paz, no hay agresividad. El paraíso existe: es la Amazonía. Y allí está la vida más fabulosa que se pueda imaginar", afirmó, sin esconder su fascinación por la selva, y explicó que su acceso a comunidades como la korubo o la ashaninka estuvo siempre autorizado por todos los miembros de la tribu.

Acercándose a los habitantes de la Amazonía, Salgado pretende convencer al mundo de que la protección de este gigantesco ecosistema no debería obedecer solo a razones ambientales, sino también a la conservación de "la prehistoria de la humanidad", de una "cultura colosal".

En algunas de sus expediciones lo acompañó su inseparable Lélia Wanick Salgado, productora, ambientalista y comisaria de la muestra que se inaugurará en octubre en Roma.

"Lélia vino conmigo varias veces, en los viajes en helicóptero con el ejército, para sentir exactamente lo que estaba sintiendo yo" y aplicarlo en el diseño de la exposición, contó el fotógrafo.

Para hacer más llevadera la espera hasta que se pueda ver el resultado final en el MAXXI, algunas de las imágenes de "Amazônia" se proyectarán esta noche durante un concierto especial en el Auditorium Parco della Musica de Roma.

En él se presentará "La foresta dell'Amazzonia", una pieza compuesta para la ocasión, interpretada por la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia y a cargo de la directora brasileña Simone Menezes.