EFEZaragoza

El director de cine Daniel Sánchez Arévalo, quien ha vuelto a la gran pantalla seis años después con "Diecisiete", una película distribuida por Netflix, destaca que no hubo "ninguna injerencia a nivel creativo" por parte de la plataforma en el proceso de producción.

Una experiencia, la de trabajar con la plataforma Netflix, que está siendo especialmente satisfactoria en cuestiones como el "boca-oreja", que ha funcionado con este largometraje más que nunca y que le da seguridad en un momento en el que ninguna película aguanta el suficiente tiempo en la cartelera, comenta Sánchez Arévalo, quien ha protagonizado este lunes una sesión del ciclo "La Buena Estrella" en la Universidad de Zaragoza.

"Si en dos semanas no lo has petado, desapareces de los cines", lamenta, mientras que ahora, con "Diecisiete", "sabemos que va a estar ahí los próximos diez años", que el público siempre va a tener un sitio para verla. La película es técnicamente una producción cien por cien de Atípica pero ha vendido todos sus derechos a Netflix.

El productor José Antonio Félez añade la dimensión internacional, con mensajes recibidos desde los cinco continentes y que ha permitido que ya esté doblada a siete idiomas y con subtítulos en 20 lenguas distintas.

"Diecisiete", rodada íntegramente en Cantabria, narra la historia de Héctor, un chico de 17 años, interno en un centro de menores, que participa en una terapia de reinserción con perros donde establece un vínculo con uno tan apocado y esquivo como él.

Cuando un día su perro no aparece porque por fin ha sido adoptado, decide escaparse para buscarlo y empieza así un viaje inesperado junto a su hermano mayor Ismael, su abuela Cuca, dos perros, una vaca y otros animales.

La familia, y especialmente la relación entre los dos hermanos, ocupa el centro en este largometraje para el que han recurrido a un casting de caras desconocidas, gracias al cual dieron con Biel Montoro y Nacho Sánchez, de quienes destacan su química, o Lola Cordón, que encarna a la abuela, y de quienes dice que son "buenas personas".

Sobre la historia, explica que surgió cuando vio un recorte de una noticia de 2007, que hablaba de terapias con perros para la reinserción de presos, que luego ha trasladado a un centro de menores porque le interesaba ahondar en esa "línea roja" entre los 17 y los 18 años, aunque lo que finalmente sobresale sea la relación entre ambos hermanos.

Para ello, eligió Cantabria, una "tierruca" que le tira, pues su padre es cántabro, al igual que sus abuelos, con quien pasaba mucho tiempo en su niñez, y quiso volcar su agradecimiento en el amor de Héctor por su abuela.

A todo ello se suman los perros -Daniel Sánchez Arévalo tiene tres perras-, que "te convierten en un tío más sociable, porque tienes que bajar al parque, conocer a gente, etc".

"Yo creo que mi perra me ha hecho mejor persona. Si a mí me cambia la vida, imagínate a un chaval de 17 años, perdido y aislado", remarca.

Para el rodaje, además, decidieron que todos los perros que aparecieran no podían ser amaestrados, sino procedentes de protectoras, también para poner en valor el trabajo de estas organizaciones, y a todos ellos les han encontrado familias adoptivas.

De hecho, el protagonista, Biel Montoro, se quedó con "Oveja", el perro al que busca durante la película.

El productor destaca que no han contado con ayudas públicas, más allá de la ayuda logística de la Comunidad de Cantabria, ya que les parecía "inmoral" pedirlas con la financiación de la película cubierta en un momento de "penuria" en las ayudas al cine.