EFEBarcelona

El escritor alemán Bernhard Schlink, que en su última novela, "Olga", recorre la convulsa historia alemana del pasado siglo, ha asegurado este viernes, en la presentación de la obra en Barcelona, que "no se puede escribir sobre un personaje sin hablar sobre la historia que le tocó vivir".

"Mi padre era pastor protestante de una iglesia y mi madrina, que era maestra, fue detenida diecisiete veces porque no quería impartir clases sobre la raza", ha aseverado Schlink, que reconoce que "en esa época hubo de todo, participantes, resistentes y gente que seguía su día a día con el corazón partido. Siempre ha sido natural que hubiera este tipo de actitudes".

Bernhard Schlink, que se inició en la literatura con una serie policíaca protagonizada por el detective Selb, considera que el transcurso del tiempo nos ha enseñado que "ni los buenos son completamente buenos ni los malos son totalmente malos".

Asegura el autor, juez de profesión, que no escribe sobre ese período oscuro para combatir la creciente extrema derecha: "Se escribe y se habla de esa época porque es una sombra que aún existe, aunque ya no es tan oscura como hace treinta o cuarenta años, pero yo escribo porque es un pasado del que no podemos desentendernos".

La novela, publicada por Anagrama, explica la historia de Olga, que nace en la parte este del imperio alemán a finales del siglo XIX, que sobrevive a dos guerras mundiales y muere en extrañas circunstancias.

Su vida, a caballo entre dos siglos, transcurre marcada por la época en la que le ha tocado vivir.

"En mis libros siempre tenemos como telón de fondo la historia y ahí hay personajes buenos y malos, mientras que en 'El lector' -su mayor éxito editorial- la protagonista ha cometido crímenes durante el III Reich, en ésta Olga actúa de forma diferente".

Confiesa Schlink que no le resulta difícil encontrar los dos tipos de personajes.

Y añade: "No se puede escribir sobre un personaje sin hablar sobre la sociedad y la historia en que se encuentra ese personaje".

Olga fue una maestra de pueblo del servicio de enseñanza pública de Prusia en una época en que los profesores ganaban poco dinero y por tanto no se podían permitir viajar.

La protagonista, según su creador, pertenece a una generación de mujeres, que "vivió por debajo de sus capacidades y al lado de hombres que vivían por encima de sus posibilidades. Encontró muchas resistencias para desarrollar su vida, es huérfana, procede de un entorno humilde, pero consiguió ser maestra de escuela".

Al margen de la sociedad de su época, Olga es "una observadora que lo ve todo con claridad, que observa la sociedad y el mundo que la rodea, pero que se enamora del hombre equivocado, un amor imposible, Herbert".

La novela relata la vida de la protagonista en tres partes y desde tres ángulos complementarios: un narrador en tercera persona, un testimonio en primera persona (el de un joven que la conoce en los años 50, cuando Olga plancha para su familia) y, por último, las cartas que la propia Olga envió durante años a su amado Herbert, sin obtener respuesta.

Esa estructura narrativa, ha explicado, le permite "una aproximación cada vez más íntima al protagonista".

Herbert es de una clase social superior a Olga, y por la oposición de su familia deben mantener su amor en la clandestinidad, una relación que acabará marcada por la distancia cuando el joven, llevado por el entusiasmo de las guerras coloniales de Bismarck, decide alistarse en el ejército, viaja a África y América del Sur y más tarde forma parte de una expedición polar en la que muere.