EFEParís

La pista se diluía tras la muerte de su dueño hasta que, un siglo y medio más tarde, el piano del compositor Hector Berlioz reapareció a un precio irrisorio en una web de venta entre particulares, un improbable hallazgo que hoy, tras desembolsar 55.000 euros, expone la casa-museo del músico francés.

Cuenta el director adjunto del centro, Antoine Troncy, que hace unos meses recibieron un sorprendente mensaje: una mujer anónima aseguraba poseer el famoso piano de Berlioz, obra del fabricante holandés Érard y de cuya existencia se sabía gracias a un inventario póstumo. Ningún coleccionista había logrado localizarlo.

La propietaria argumentaba que el piano ocupaba un espacio excesivo. Era una herencia familiar -sus padres lo habían adquirido a un anticuario-, pero esta vecina de Normandía optó por subastar el instrumento en internet después de que los Traperos de Emaús lo rechazasen: "Demasiado voluminoso", le dijeron.

"Tras ofrecerlo gratuitamente, lo puso en venta por apenas 800 euros en una página web. Fue entonces cuando descubrió el número de registro, ató cabos y recibió las primeras ofertas", relata a Efe Troncy, quien supervisó la verificación de la "extraordinaria noticia" y la posterior adquisición.

El departamento de Isère (este), donde se ubica el museo que dirige, acabó desembolsando 55.000 euros -restauración y transporte incluidos- para hacerse con el piano y exponerlo desde el pasado 20 de junio en la Casa-Museo de Berlioz en La Côte-Saint-André, villa natal del músico.

"Cuando las pujas alcanzaron los 10.000 euros, la propietaria retiró la oferta y nos contactó", explica este historiador, porque "quería que el piano se conservase en Francia".

El registro que reactivó la pista apuntaba al número 41 de la parisiense calle de Provence, residencia del compositor y su entonces amante, Marie Recio, una soprano mediocre de origen español que encargó el instrumento en noviembre de 1847. "Seguramente para dar lecciones de canto", aventura Troncy.

Berlioz y la cantante, que interpretaba y arreglaba las piezas de su pareja, mantenían un relación tensa que este resumió al pianista Ferdinand Hiller en dos certezas: ella era muy hermosa pero, reconocía el músico apesadumbrado, "afinaba como un gato".

Siete años más tarde, lo primero se había impuesto a lo segundo, Marie Recio ya era madame Berlioz y, gravemente enferma, legó a su madre el famoso piano Érard.

Tras la muerte de su hija, esta se desentendió y cedió el mueble a su yerno Hector Berlioz, quien aceptó la donación sin mucho entusiasmo: el padre de la "Sinfonía fantástica", que fue un artista insólito, no tocaba el piano.

"Apenas lo hacía -reconoce Troncy-, era torpe a las teclas, se sabe que frecuentaba la guitarra pero fue el único de los grandes compositores que no recibió una formación pianística".

El propio Berlioz confesó en sus "Memorias" que su padre nunca le dejó iniciarse en la disciplina: "Sin su oposición, me habría convertido en un pianista terrible, como los cuarenta mil restantes", ironizaba.

El compositor, además, aún no había digerido la repentina huida de una de sus amantes, cautivada por la fortuna de un tal Camille Pleyel, patrón de una conocida marca de pianos.

Con todo, el hallazgo no deja de ser "el piano de Berlioz", un instrumento que tal vez tocasen Franz Lizst o Richard Wagner, íntimos del compositor romántico y asiduos de su domicilio parisiense.

Troncy recuerda un retrato del artista fechado en 1865 y donde, en segundo plano, el pintor Melchior Blanchard mostraba un piano de formas delicadas. Aquel era sin duda el Érard.

Berlioz falleció cuatro años más tarde. De sus últimos días se ocupó curiosamente la madre de Recio, quien -eso sí- no conservó el piano.

Carlos Abascal Peiró