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El arquitecto japonés Shigeru Ban, reciente ganador del Premio Princesa de Asturias de la Concordia, afirmó hoy en una entrevista a Efe que la durabilidad de una construcción "no tiene nada ver los materiales", tal y como demuestran sus estructuras erigidas con papel o cartón.

Ban (Tokio, 1957) fue premiado el pasado jueves con el galardón en reconocimiento a su trayectoria de "arquitectura solidaria" para personas que se quedaron sin hogar a raíz de desastres naturales o de conflictos, y para la cual recurre a materiales baratos, fáciles de conseguir y sostenibles.

"Francamente, cuando me enteré no sabía la importancia que tenía el premio. Pero después, al ver las reacciones y las noticias en prensa me dí cuenta de su relevancia", confiesa el arquitecto en una entrevista telemática.

El Princesa de Asturias se suma a otros galardones que ha recibido Ban como la Orden de las Artes y las Letras de Francia (2010), el Pritzker (2014) o el World Economic Forum Crystal Award (2015), y que reconocen su larga trayectoria de diseños para mejorar las condiciones de vida de damnificados de todo el mundo.

Su primer proyecto de este tipo, recuerda, se remonta a 1995, cuando se desplazó a Ruanda para construir alojamientos temporales para refugiados de la guerra civil de ese país. Ese mismo año también levantó estructuras para alojar a los afectados por el devastador terremoto de Kobe, al oeste de su Japón natal.

"Cuando yo empecé en la década de 1990 no vi a nadie haciendo trabajos similares, pero ahora hay mucha gente en todo el mundo, incluso jóvenes arquitectos y estudiantes, con proyectos de ese tipo. La situación ha cambiado mucho", dice Ban ante la pregunta de si se considera un pionero de la "arquitectura solidaria".

Desde entonces, Ban ha erigido estructuras económicas, sólidas y con materiales desechados o desechables en lugares tan diversos como la India en 2001, Sumatra (Indonesia) en 2004, Sichuan (China) en 2008, L'Aquila (Italia) en 2009, Fukushima (Japón) en 2011 o Nepal en 2015.

Los cilindros de cartón hechos a base de papel tratado son la base de algunas de sus estructuras más versátiles y también más conocidas, como las que ha instalado recientemente en Ucrania, Polonia y Francia para crear habitáculos dentro de grandes espacios de acogida de refugiados.

Estos "sistemas de partición de papel" (PPS) tienen la ventaja de ser baratos y fáciles de instalar por personas sobre el terreno, destaca Ban, quien planea ya la construcción de viviendas asequibles en Ucrania y en países que acogen a refugiados para dar alojamiento a quienes perdieron sus hogares en la guerra.

"Creo que serían viviendas adecuadas para la situación en Ucrania, ya que no se necesitan grandes máquinas ni trabajadores especializados y los materiales ya están en el terreno", señala Ban sobre unas casas de diseño minimalista y construcción sencilla a partir del ensamblaje de módulos.

Más allá de estos proyectos solidarios y en algunos casos de carácter temporal, Ban también ha empleado tubos de cartón para levantar edificios permanentes como una catedral en Nueva Zelanda, o madera y bambú para construir ayuntamientos, museos y pabellones en diversas ciudades de Japón y Francia, entre otros países.

"El precio y el confort son cosas diferentes. Incluso usando materiales muy baratos, es posible construir edificios que resulten muy cómodos", afirma el arquitecto nipón, quien también destaca que "la durabilidad de un edificio no tiene nada que ver con los materiales".

Las normativas de edificación son uno de los obstáculos a los que suele enfrentarse Ban debido a sus diseños poco convencionales, aunque las circunstancias también excepcionales en las que trabaja -como el escenario posterior a un terremoto o un tsunami- le conceden también cierta flexibilidad por parte de las autoridades locales.

"Las regulaciones pueden cambiar, pero lo más difícil son los prejuicios de la gente", señala el arquitecto sobre la imagen negativa que muchas personas aún tienen sobre materiales percibidos como de baja calidad.

En su opinión, sería posible instalar más sistemas de casas asequibles como el que planea para Ucrania en otros países desarrollados o en vías de desarrollo, ante los costes disparados o la carencia de oferta inmobiliaria que dificulta el acceso a la vivienda de muchas personas.

Además de a sus trabajos por encargo y a sus clases en la Universidad de Keio (Tokio), Ban dedica su tiempo a resolver problemas concretos, por ejemplo, instalar tiendas de campaña en Tonga para albergar a los afectados por el tsunami del pasado enero, o a levantar un nuevo centro cívico en Kentucky (Estados Unidos) tras la destrucción causada por un tornado a finales del año pasado.

Antonio Hermosín Gandul