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Una "autopsia emocional". Eso es para la actriz y directora teatral Sílvia Munt "El precio", el clásico de Arthur Miller que estrenó en Barcelona a 2016 y que ahora llega al Pavón Kamikaze con distinto reparto pero la misma angustia que muestra cómo una crisis económica puede "desmoronar" a una familia.

Sobre las tablas estarán esta vez Gonzalo de Castro, Tristán Ulloa, Eduardo Blanco y Elisabet Gelabert, quienes con gusto han tomado el relevo de los actores que interpretaron en catalán esa obra que "disecciona" verdades y mentiras, como han explicado hoy en la presentación del montaje en el Pavón Teatro Kamikaze, donde estará en cartel desde el 12 de octubre, aunque su estreno oficial es el 16, hasta el 6 de enero de 2019.

En "El precio" (The Price, 1968), dos hermanos se reencuentran después de 16 años en el desván de la casa familiar, que debe ser demolida.

Víctor, un policía a punto de retirarse, y su mujer convocan al hermano mayor a un encuentro con el tasador para decidir el precio de los viejos muebles.

Entre esos trastos no solo hay recuerdos, también "fantasmas" que llevan a los protagonistas a pensar cómo habrían sido sus vidas si hubieran tomado otras decisiones.

"Hay algo que aborda Miller que a mí me encanta, que son las contradicciones de la naturaleza humana. El precio de los muebles es un pretexto para hablar del precio que pagamos al hacer ciertas elecciones en la vida", señala Ulloa, que se mete en la piel de Víctor.

Su esposa, a la que da vida Gelabert, está "llena de sueños rotos y esperanzas ahogadas", apunta la actriz, mientras que Walter, el personaje al que interpreta De Castro, es el que "desmaquilla" un relato repleto de medias verdades, opina el actor madrileño.

"Esta obra es curativa porque no nos dice las verdades. Los buenos, los malos, nos hace dudar de todo, nos hace entender el comportamiento humano y para eso sirven las buenas obras", subraya Munt, que también llevó a escena "Una comedia española" (2009), de Yasmina Reza o "Dubte" (2012), de John Patrick Shanley.

La fuerza de las convicciones, la fragilidad ante el paso del tiempo, lo irreversible de las decisiones o la capacidad de amar son temas que, explica la directora teatral, se "diseccionan" sobre el escenario en forma de "autopsia emocional".

Una de las características del texto de Miller es el ejercicio que el dramaturgo hace al colocar a cuatro personajes en un único espacio y unidad de tiempo, algo que, explica Munt, ha querido trasladar al escenario mediante una escenografía muy "limpia" sobre la que relucen los diálogos de una familia "desmoronada" a partir del crack del 29.

"Cuando lo monté pensé 'vamos a actualizarlo, porque estamos en una crisis y podríamos adaptarlo a lo que ocurre hoy día'. Pero me pareció que era mucho más bonito dejarlo en el 68, porque el público es lo suficientemente inteligente para entender que eso aún ocurre Somos seres humanos que repiten continuamente los mismos errores y el sistema está ávido de repetirlos", revela la catalana.

La esperanza en el montaje está colocada sobre el personaje de Salomon, de 91 años, interpretado por Blanco, quien ha dejado temporalmente su Buenos Aires natal para embarcarse en la "aventura" que para él suponía trabajar en "El Precio".

"Ese personaje dice una fase que para mí es la esencial: 'En esta vida, si desconfías de todo y no crees en nada, estás muerto. Lo difícil no es desconfiar, lo difícil es creer en algo", señala la directora de la obra, que precisa que hay muchas partes en el montaje cargadas de comedia e ironía.

El resultado, asegura De Castro, es una perfecta adaptación teatral de una historia "intensa, violenta, frágil, emocionante y hermosísima" que el equipo se llevará de gira por toda España hasta abril. Y, "si va bien", apunta el productor del montaje, Josep Domenech, volverán a retomar ese proyecto que les ha unido y en el que todos confían plenamente.

Por Jessica Martín