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De Carolina del Sur a Sudáfrica; del puerto de Charleston al gueto de Soweto y de los años 30 a los 70, pero, a pesar de los cambios, la producción que estrena el Real el día 10 de "Porgy and Bess" sigue siendo "puro Gershwin", una obra maestra que "pone a las almas y a los cuerpos a llorar y a cantar".

El director musical, Tom Murray, y la de escena, Christine Crouse, acompañados del director general del Real, Ignacio García-Belenguer, y de su intendente, Joan Matabosch, han explicado hoy en rueda de prensa algunas de las claves de esta obra, que el coliseo madrileño ya programó, con otra producción, en 1997.

La que ahora se estrena, y que los menores de 40 años podrán ver al 40 % de su precio si sacan las entradas anticipadamente, ya se ha podido ver en Israel, Reino Unido, Alemania, Francia, Holanda y España, donde se estrenó en 2014 en el Liceu.

Esta descripción pictórica del gueto y la vida social en Soweto en los años 70, a medias entre la ópera y el musical, el "gospel" y el jazz, está interpretado por el coro y los solistas de la Cape Town Opera, única compañía lírica de África con actividad regular.

"Cuando empezamos con esta producción -ha explicado Crouse-, teníamos que importar a los solistas de Estados Unidos, pero hoy en día son todos de Sudáfrica", aunque de diferentes culturas y etnias.

Crouse se inspiró en las fotografías de la vida del gueto de Soweto de profesionales como Jürgen Schadeberg, de la revista sudafricana Drum: "Sudáfrica en los setenta era el imperio de la mafia, y los delincuentes ('tsotsis') emulaban en su forma de vestirse y moverse a las estrellas del cine negro", de James Cagney a Edward G. Robinson.

Ella ha incorporado esa estética y la de los bares ilegales ("shebeens"), donde los trabajadores africanos buscaban distracción y se tejían toda clase de negocios ilegales, así como la de la iglesia, fundamentalmente la sionista, que tiene su origen en la Iglesia Católica Apostólica Cristiana en Zion (Estados Unidos), fundada por misioneros americanos en África en 1904.

Todo ello, ha explicado Crouse, está "penetrado" por el fuerte sentido de comunidad de la nación africana, "el sentimiento de que no puedes alejarte de tu identidad".

Gershwin (1898-1937) estableció la obligatoriedad de que esta partitura solo podría interpretarse por un reparto y un coro de negros, en coherencia con lo que retrata el libro en el que se inspira, de DuBose Hayward.

El compositor quiso viajar al lugar en el que transcurría la novela y allí descubrió la cultura "gullah", el dialecto que hablaban los negros en Carolina del Sur, cuyas raíces están en Angola.

La pobreza, el desarraigo y las diferencias de clase están muy presentes en los personajes de Porgy y de Bess, que interpretan, en un doble reparto, Xolela Sixaba y Lindile Kenneth Kula, y Nonhlanhla Yende y Philisa Sibeko, respectivamente.

Yende ha explicado que su personaje es el de una persona con muchos problemas, que abusa del alcohol y la droga y sufre el abuso de su "novio", Crown, que la maltrata, "pero casi está cómoda con esa situación".

"De pronto, entra en contacto con la comunidad -de la iglesia- y allí se encuentra con otros valores. Le dan la posibilidad de sacar su otro yo, amable, dulce y maravilloso, y parece que va a ir fenomenal hasta que aparece el chulo, Sportin' Life, y la engancha otra vez", ha detallado.

El papel de Porgy, ha explicado Kula, es el de un inválido y pordosiero, una buena persona pero casi siempre muy triste, famoso por saber jugar a todo tipo de juegos de dados.

"Se enamora de Bess y la introduce en la comunidad, que él conoce a las mil maravillas. Deja de ser alguien malhumorado y sonríe, pero luego vuelve al principio, a la tristeza", ha añadido.

Su historia se desgrana tanto en cantos espirituales propios del "gospel" como piezas festivas, el auténtico jazz de la calle, pero también en una especie de "jazz verismo", "un poco Puccini", según Murray.

Arnold Schonberg, amigo de Gershwin, con el que jugaba al tenis, influyó en él para desarrollar sus nuevas ideas sobre al composición musical, y hay momentos, fundamentalmente los de crisis, en los que la música de esta "ópera folk" es atonal, con muchos contrapuntos, ha detallado el director.

Todos han destacado la "increíble" calidad artística del Coro de la Ópera de la Ciudad del Cabo, que le mereció el International Opera Award como mejor coro de 2013, el cual ofrecerá el 13 de junio un concierto en la catedral de Toledo, "Voces de África".

Por Concha Barrigós.