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Titirimundi ha finalizado este lunes una trigésima sexta edición en la que los titiriteros han recuperado el calor del público tras dos años de pandemia a medio gas, gracias al fin de las mascarillas y a las restricciones de aforo, lo que ha permitido superar el 90 por ciento de la venta de entradas.

Una decena de compañías han puesto este lunes el broche final a esta edición que comenzó el pasado jueves y en la que 33 grupos procedentes de 33 países han llevado a escena un total de 177 actuaciones.

En declaraciones a los medios, la directora del festival, Marián Palma, ha reconocido que la buena acogida ha sido algo "sorprendente" hasta para la organización: "Teníamos ciertas dudas, por las ediciones pasadas, por si hubiese miedo", ha comentado a Efe.

Según su primer balance, los espectáculos en calle han estado totalmente llenos, "con un aluvión de público que es de agradecer" y que también se ha reproducido en los patios y salas donde se han formado largas colas para hacerse con las últimas entradas disponibles de las reservadas para la venta en taquilla.

Esta edición ha permitido recuperar también las fechas de mayo –en 2020 y 2021 se celebró en septiembre por la crisis sanitaria- así como otras actividades que se habían suspendido por las mismas razones como el carrusel de Carrusel d’Andrea a los pies el Acueducto o la campaña escolar, Titiricole.

Preguntada por los datos de afluencia a los eventos programados para este año, a falta de recabar los datos oficiales, se superará el 90 por ciento de las entradas puestas a la venta.

Este último día de festival, una decena de compañías han llevado a cabo las últimas funciones, entre ellas la francesa La Salamandre, el español Rodorín y la ítalo-española Silfo Teatro, las tres dentro de la campaña escolar, y la danesa Sofie Krog, con tres actuaciones en céntricas calles de Segovia.

Las compañías Golondrino (España), el Circo de las Pulgas (Francia) y los Hermanos Sabbatini (Francia) han sido los encargados de cerrar los espectáculos programados en patios de edificios emblemáticos de la ciudad, como el Palacio de Segovia o el Centro Didáctico de la Judería.

De los pensados para salas y teatros, Bakélite (Francia) ha realizado dos pases en La Alhóndiga y, a las diez de la noche, los encargados de poner fin a esta edición han sido el israelí Ariel Doron, con un espectáculo que aborda los horrores de la guerra en contraposición con los juguetes de los niños, y la compañía Teatro Jaleo.