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El hombre ha levantado millones de edificios y siempre ha puesto en ellos un umbral, puertas que pasan a veces desapercibidas aunque estén llenas de arte e historia, por lo que Óscar Martínez quiso rescatar, en un ensayo sobre puertas, una veintena de ellas cuando el confinamiento cerró las de nuestras casas.

"Umbrales. Un viaje por la cultura occidental a través de sus puertas", editado por Siruela, es el ensayo escrito por Óscar Martínez, doctor en Bellas Artes y licenciado en Historia del Arte y que trabaja como profesor en la Escuela de Arte de Albacete, quien tras tres años de preparación, decidió escribir durante el confinamiento por la pandemia.

Alejado de un libro de historia del arte o de un manual de arquitectura, Óscar Martínez quería contar en un libro relatos y anécdotas de estas disciplinas de una forma amena y barajó hacerlo a través de ventanas, columnas u otros elementos arquitectónicos como pretexto.

Pero llegó el confinamiento por la pandemia en marzo de 2020 y entonces lo vio claro: "fue entonces cuando unos elementos que generalmente pasan desaparecibidos, ya que cruzamos decenas al día sin darnos cuenta, fueron más patentes que nunca, de pronto se nos cerraron a todos las puertas de nuestras casas" y traspasar el umbral de su casa se convirtió en un rito, recuerda.

El autor quiere que su libro sea leído como todo lo contrario, como una invitación al viaje, tanto geográfico, como literario y artístico: "quiero abrir puertas", sostiene.

De una veintena de estos umbrales, entradas a santuarios prehistóricos, a templos egipcios, griegos y romanos, a iglesias medievales, a fortalezas, palacios y villas, habla Óscar Martínez en este ensayo, un libro sobre puertas, sobre qué hace especiales a estos elementos arquitectónicos y sobre cómo el ser humano ha llenado de simbolismos y mensajes las entradas de sus edificios y construcciones.

Puertas que van desde la de la Casa de los Vettii en Pompeya hasta el dolmen de Menga o la abadía de Sainte-Foy; desde el panteón de Adriano y el arco de Tito hasta el templo funerario de Ramsés III y la basílica de San Marcos, pasando por la parisina Joyería Fouquet, el Palacio de Comares de la Alhambra, el edificio de la Bauhaus en Dessau, la Finca Güell, Castel Nuovo, la portuguesa Quinta da Regaleira o el Pabellón de la Secesión en Viena.

Las puertas son fundamentales en la arquitectura, señala el autor, pero el mundo actual, en el que no hay esperas, hay ansiedad por conseguir lo que sea de forma inmediata, hace que cuando viajamos y visitamos algún monumento, nos parezcan "un tránsito obligado hacia el premio, que es entrar".

"Si visitamos el Panteón de Roma, lo que deseamos es entrar cuanto antes sin detenernos demasiado en el exterior; cuando nos acercamos a la basílica de San Marcos, no vemos el momento de penetrar en su interior", "queremos entrar en La Alhambra y a veces nos perdemos por el camino algunos espacios maravillosos que es dónde yo intento detenerme", recalca el escritor.

Ese afán deja esos umbrales en un segundo plano, que en muchos casos tienen un gran valor simbólico, porque como lugares de paso están relacionados con conceptos como los de cambio y evolución.

Pero insiste en que las puertas son el "pretexto" para contar muchas otras cosas, como es hablar de historia y de arte, pero también "de superhéroes y de colores" porque, insiste, nunca quiso escribir un tratado de arquitectura.

Si tiene que elegir una de sus puertas preferidas, Óscar Martínez se decanta por el pórtico de entrada al Panteón de Roma, uno de esos sitios a los que siempre quiere volver, dice.

Reconoce que se han quedado muchas fuera, algunas de ellas con la intención de alejarse de "tópicos": ni el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, ni la puerta de Alcalá de Madrid ni la de Brandenburgo de Berlín figuran en este libro.

Por Carmen Naranjo