EFEValencia

La ópera "Le nozze di Figaro" (Las bodas de Fígaro), con la que el Palau de les Arts de València ha iniciado este viernes la temporada 2019-2020, ha sido un cóctel perfecto que ha unido en dosis equilibradas humor, ironía y sensualidad al servicio de la mejor ópera bufa de Wolfgang Amadeus Mozart.

Emilio Sagi, como responsable de la dirección de escena, ha sabido mover hábilmente a los personajes, que se han desenvuelto con agilidad y gracia, sin caer en ningún momento en la astracanada, dando brillo a esta ópera basada en la obra de Caron de Beaumarchais y con libreto de Lorenzo da Ponte.

En una ambientación tan hiperrealista como minimalista, con paredes desnudas pero con guiños a elementos barrocos pero dejando siempre una escena diáfana, los personajes han ido mostrando sus virtudes y sus vicios, en una acción llena de infidelidades, enredos amorosos, celos y malentendidos.

El exotismo español (la acción se desarrolla en las inmediaciones de Sevilla) queda también patente en el vestuario, a cargo de Renata Schusssheim, con una indumentaria de clara influencia goyesca, tan sobria como elegante, que es el punto diferencial de esta producción de 2009 del Teatro Real de Madrid, en colaboración con la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO) y el Teatro Nacional de Ópera de Lituania.

Cristopher Mouls, en su debut en el Palau de les Arts, ha realizado una correcta y academicista dirección musical al frente de la orquesta de la Comunitat Valenciana, muy minuciosa en los detalles, que ha dejado patente las virtudes de una excelsa partitura en la que se alternan, de forma magistral, arias, dúos y todas las combinaciones posible de voces, como el bello octeto "Esci omai garzon malnato" con el que concluye el segundo acto.

La sensualidad está a flor de piel desde el minuto uno, con las camas como protagonistas escénicas de los dos primeros actos (el camastro de Figaro y Susana en el primero, y la cama señorial de la condesa de Almaviva en el segundo), y con el jardín del cuarto acto, donde se dan cita las dos parejas de amantes y donde, entre rdecovecos, queda al descubierto el engaño amoroso).

Dentro de un reparto muy equilibrado, el barítono canadiense Robert Gleadow (Fígaro) y la soprano española Sabina Puértolas (Susana) han interpretado con solvencia a la pareja protagonista, dos sirvientes que deben superar los celos que provoca el acoso que el conde, arrepentido de haber suprimido en sus posesiones el medieval derecho de pernada, somete a la criada. Sabina, ágil y pizpireta, y Robert pulcro y refinado en el aria "Se vuol ballare, signor Contino".

Más destacada si cabe ha sido la actuación de la también soprano española María José Moreno, con una interpretación excelsa de la condesa de Almaviva, mujer paciente con las infidelidades de su marido pero ingeniosa para urdir una trama para ponerlo en evidencia y que tuvo su mejor momento en el aria "Dove sono i bei momenti" del tercer acto. También notable el barítono polaco Andrzej Filonczyk, como el libertino Conde de Almaviva, cuya doble moral queda en evidencia.

Del resto del elenco hay que hacer mención a las buenas intervenciones de la soprano Susana Cordón, como Marcelina, la amante que deviene madre de Fígaro, y de la mezzosoprano Cecilia Molinari, con el siempre agradecido papel de Cherubino, el personaje bufo de esta ópera como el joven paje enamoradizo.

Lleno absoluto en la sala principal del Palau de les Arts para este inicio de temporada con precios asequibles (60 euros la localidad más cara), que ha propiciado, un año más, la presencia de un público heterogéneo que tiene así la oportunidad de ver una representación operística de calidad sin que se resienta su economía.

Joan Castelló