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La exposición "In Nomine Dei" reúne algunos de los mayores tesoros artísticos de las cofradías de Semana Santa de Sevilla, una iniciativa que pretende llenar en lo posible el "vacío emocional" que ha dejado en la ciudad que por segundo año consecutivo no puedan salir las procesiones a la calle a causa de la pandemia del coronavirus.

Según ha dicho a Efe su comisario, Antonio Garduño, se trata del "montaje expositivo más grande que se ha realizado sobre los tesoros artísticos de la Semana Santa de Sevilla".

Inaugurada el lunes en la sede de la Fundación Cajasol, ubicada justo por donde pasan todas las procesiones en su carrera oficial hacia la Catedral, el evento reconstruye una representación fiel de lo que significa y transmite la Semana Santa en la capital sevillana y trata de "emular una cofradía en la calle”, según Garduño.

Surgida, según su comisario, para aliviar el "vacío emocional" que produce el no poder celebrar la Semana Santa por segundo año consecutivo, la exposición, distribuida en varias salas con las aportaciones de las 70 hermandades de la ciudad, comienza con la Cruz de Guía de la Hermandad de la Carretería, de 1700, la más antigua que procesiona en Sevilla, y termina con la cola del paso de palio de la Virgen del Patrocinio. Un espejo de las marchas de esos siete días.

Las dos primeras salas, presididas por la misma Cruz de Guía de la Hermandad de la Carretería, suponen un túnel del tiempo por la historia de la Semana Santa y las hermandades desde el siglo XIV hasta la actualidad.

La siguiente sala, "una de las más bonitas" según Garduño, está dedicada a la imaginería ornamental, e incluye figuras de artistas como Las Roldanas, Barbero o Luis Ortega Bru.

La tercera sala constituye un homenaje a la orfebrería, con obras desde finales del siglo XIX a piezas de talleres actuales, como ajuares, frontales de paso, ciriales, candelabros de cola o llamadores, aunque su principal reclamo son las coronas de las vírgenes, con imágenes coronadas de oro en las diademas. “Un reconocimiento al público que ha donado el oro”, reivindica el comisario.

La visita continúa con la estancia de los bordados, donde se pueden ver representaciones de talleres de varias épocas, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, en las que destacan desde el manto corto de la Virgen de Los Remedios (el primer manto corto que se hizo con dibujo vegetal) hasta el elaborado por la Soledad de San Buenaventura, el más reciente.

En la galería superior, la quinta sala alberga veintiséis imágenes secundarias que también salen en los pasos que han cedido las hermandades; mientras que en el patio se expone el paso completo de la Virgen del Patrocinio, de la Hermandad del Cachorro, y cuatro techos de palio de todas las tipologías (romántico de corbata, de crestería, de maya y de cajón); además de cuatro mantos, el más antiguo de 1873.

“La exposición tiene muchísima información. Se ha escogido específicamente para mostrar la mayor cantidad de talleres, de estilos artísticos. Es muy completa y creo que así lo está entendiendo el público. Por lo que veo están contentos con nuestro trabajo”, asegura Antonio Garduño.

Los visitantes lo corroboran. Una de ellas, María, destaca la composición y los detalles: “Está muy bien montada. Con mucho gusto. Aquí podemos apreciar cosas que cuando estamos en la calle durante la Semana Santa no nos percatamos”.

Para otro, Markel, originario de Euskadi, supone una confirmación del contraste de lo que está habituado en su tierra: "Para lo que estamos acostumbrados a ver en el País Vasco, esto es muy chocante. Ves la comparación entre la sobriedad que hay allí y el barroquismo que hay aquí".

El comisario Garduño no puede estar "más satisfecho" con lo que se ha conseguido, aunque no se le quita la pena por no poder desfilar por segundo año consecutivo en Semana Santa: “Sin duda hubiera preferido salir con mi túnica blanca de la Hermandad de la Estrella que hacer esta exposición”. Tendrá que esperar al año que viene.

Por Juan Manuel Sánchez Tena