EFESantander

El Festival Internacional de Santander (FIS) abre este viernes su 69 edición tras meses de "mucha incertidumbre" que han convertido a los programadores en "expertos en descifrar boletines oficiales", dice su directora, Valentina Granados, quien asegura que, a pesar de las dificultades, en ningún momento ha "tirado la toalla".

Aunque ha hecho tándem con el músico Jaime Martín al frente del festival desde 2012, Granados se estrena como directora en una edición marcada por los protocolos sanitarios, las restricciones a la movilidad y la caída del presupuesto, que han obligado a dejar a un lado la programación que ya estaba cerrada y diseñar una nueva, explica en una entrevista con Efe.

Jaime Martín, volcado ahora en la dirección orquestal, sigue vinculado al festival como asesor y será el encargado de inaugurarlo en un concierto "muy especial" al frente de la Orquesta del Principado de Asturias, en el que sonarán la Séptima de Beethoven en su 250 aniversario y las "Variaciones sobre un tema rococó" de Tchaikosky.

"En estas circunstancias la palabra que más se repite, aparte de reencuentro, es emoción, la de los artistas de volver a subir al escenario, del público al volver a encontrarse con los músicos. Y para transmitir emoción no hay nadie como Jaime Martín en un festival que es tan especial para él desde todos los puntos de vista", destaca Granados.

Al violonchelo estará Pablo Ferrández, ganador del prestigioso Premio Tchaikosky, un músico español que, como Martín, se ha hecho un hueco en la escena internacional.

La Orquesta Nacional de España, ligada históricamente al festival desde los tiempos de Ataúlfo Argenta y que ofrecerá dos conciertos, bajo la batuta de su titular, David Afkham y de Josep Pons, Semion Bychkov al frente de la Euskadiko Orchestra y Marc Minkowski con Le Musiciens du Louvre interpretarán obras de Beethoven y Mozart, grandes protagonistas de esta edición y cuya música encaja a la perfección con las formaciones de no más de 50 músicos que demandan los tiempos.

Y no faltarán la estrellas internacionales como la mezzosoprano estadounidense de Joyce DiDonato, que tiene casa en Barcelona.

"Si le hubiera pillado en Nueva York, imposible. Llevábamos años intentado que viniera al festival pero es muy difícil por su agenda y este año tenemos la suerte de que venga a cantar en unas condiciones estupendas, teniendo en cuenta las circunstancias en las que estamos todos. Ha hecho un esfuerzo que todos agradecemos", explica Granados.

No habrá danza ni tampoco espectáculos en familia porque, ante todo, lo que se ha primado es la prudencia y la seguridad.

El aforo, que supera las 1.600 butacas, se ha quedado en 700, los conciertos durarán poco más de una hora, no habrá descansos y los espectadores, con su mascarilla, tendrán que esperar en sus asientos hasta que se les indique que pueden salir de la sala, de forma escalonada.

Granados ya ha vivido la experiencia en otros teatros y asegura que "la música al final puede con todo", que en una situación tan especial "llega mucho".

La pandemia ha conseguido, dice, que el sector cultural, "tradicionalmente muy desunido", haya "hecho piña". Juntos han marcado las reglas que, sin muchas diferencias, se están siguiendo en todos los teatros y auditorios, para el público, pero también para lo que pasa en el escenario y detrás de él.

"Nosotros, los programadores, los promotores, los directores de festivales sentíamos que teníamos una responsabilidad. Hemos compartido mucho y nos sentíamos responsables de proteger lo que llamábamos el ecosistema, que no se secara de pronto ese trabajo de mucho tiempo, que no se arruinara", cuenta.

Durante la crisis sanitaria el sector ha reflexionado mucho sobre su responsabilidad hacia la sociedad. "Y creo que es bueno tener claro que es necesario ofrecer actividad cultural en todas sus manifestaciones y que sea accesible", opina Granados, quien advierte de que, "ahora con lo que puede venir y vendrá de crisis hay la tentación de considerarlo algo superfluo".

"Tendremos que adaptarnos todos también, ser realistas, ser flexibles y adaptar las estructuras y la forma de hacer las cosas. Es un reto", resume.

Lola Camús