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Poco podía imaginar Vetusta Morla tras tanto invitar a "bailar hasta el apagón" que justo hoy ese verso les explotaría en pleno directo en un recinto emblemático para señalar a los más grandes como el Wanda Metropolitano y que, a pesar de ello y de otras adversidades, sacarían un concierto épico ante más de 35.000 almas.

Ha sido poco después del inicio y con la energía emocional muy arriba cuando les ha fallado la otra, la eléctrica, dejando al sexteto en silencio durante varios minutos, un pequeño revés a su gusto por la excelencia en una velada en la que tampoco se han aliado con ellos ni las cifras de asistencia, lejos del lleno total, especialmente en las gradas más altas, ni una acústica que en este espacio sigue intratable.

"Os pido que nada os impida disfrutar de esta noche", ha pedido Pucho, su vocalista, al recuperar la normalidad en una cita dirigida aún más desde ese momento a celebrar la música y las ocasiones especiales como esta en tiempos inciertos.

No son los de Tres Cantos (Madrid) famosos por dormirse en sus conquistas. Lo demuestran con su empeño por la autogestión, con sus derivas estilísticas sin perder sello propio y con sus progresivos saltos de aforo, desde salas mínimas hasta establecer el "récord" de un grupo que, al margen de la gran industria, reunió a 38.000 personas en La Caja Mágica hace justo cuatro años.

Su asalto a un estadio en su región, donde poseen su mayor granero de seguidores, se antojaba de esta forma una decisión arriesgada pero asumible, quedándose finalmente a unas 20.000 del lleno que hasta ahora solo se han atrevido a alcanzar (y han alcanzado) otros dos españoles, Alejandro Sanz y Manuel Carrasco.

En su descargo cabe destacar que su perfil, aunque ya no se corresponda con el de una banda "indie" al uso, queda lejos de las estrellas de la radiofórmula, que este concierto ha tenido lugar en medio de una gira por todo el país y que no han venido con un repertorio exclusivo de grandes éxitos, pese a tenerlos en cantidad.

En su lugar, y aún contando con cuatro discos de estudio previos, Vetusta Morla se ha aferrado a su último trabajo, "Cable a tierra" (2021), que ha sonado íntegro.

Tal selección, entremezclada con algunas de sus canciones imprescindibles, ha permitido además disfrutar de un espectáculo muy diferente en la línea de un álbum celebrado por la crítica que reinterpreta desde una óptica actual códigos y géneros del folclor nacional.

Seis artistas les han acompañado para reforzar ese sonido, los miembros de las formaciones renovadoras de la música tradicional de El Naán y de Aliboria, que han llenado su pop rock alternativo de sutilezas gracias a panderos cuadrados, panderetas, sartenes, azadas y hasta latas de pimentón.

En un año de altos costes, así como de falta de materiales y mano de obra, no han buscado tampoco mejorar márgenes en su puesta en escena, cuidada con esmero en las proyecciones, la iluminación y en un gigantesco escenario con tres pantallones, uno de los cuales puede descender como un velo que semioculta a la banda.

Así ha arrancado el concierto a las 22 horas, con el sexteto enfundado homogéneamente en un vestuario inmaculado y proyectando vigor y entrega tanto en la inicial "Puñalada trapera" como en la siguiente "Virgen de la humanidad", aunque nada como el desvarío esquizoide con el que han rematado "No seré yo".

Ha sido al encarar "El hombre del saco" cuando se ha producido el susodicho apagón, lo que no ha acallado al estadio, que ha continuado la canción en parte por entusiasmo, en parte por desconocimiento de si era una pausa estratégica.

"Hemos estado un par de años en tiempos muy inestables y oscuros, pero esta noche queremos un pensamiento global: darnos cuenta de la puta suerte que tenemos de estar aquí hoy", ha indicado Pucho tras este incidente, que han aprovechado a favor de su mensaje tras retomar la energía con "Golpe maestro".

Los temas nuevos como "Corazón de lava" han seguido conjugándose con los antiguos, como una preciosa "Maldita dulzura" a dúo con una de las integrantes de la orquesta a la que con este formato le sacan aún más jugo.

Para "Finisterre", concebida a partir del sampleado del tema "Panaderas del Pan Duro" de El Naán, han vuelto a subir al escenario la mesa de amasar que como instrumento percusivo ya utilizaron en su concierto en el Teatro Real, agregando esta vez a ese original enfoque un empaque sonoro digno de estadio.

La celebrada "Copenhague", convertida en una sola voz, ha anticipado una segunda parte de "show" en la que han apelado mucho más a su historia, con hitos como "Lo que te hace grande" o sobre todo "Consejo de sabios", momento mágico multiplicado en las pantallas gracias a un efecto como de nodos flotantes de energía que emanaban del grupo y que han estallado con la irrupción sorpresa del rapero argentino Wos.

Poco ha importado a partir de entonces la acústica, destructiva como en "Te lo digo a ti" cuanto más incendiarios sonaban, especialmente cuando se han embarcado sin respiro en hitos como "Sálvese quien pueda", "Valiente" o "Saharabbey Road", convirtiendo el Metropolitano en un clamor al que, tras más de dos horas, han puesto final con "Cuarteles de invierno".