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Al final de su singladura lorquiana, el hispanista Ian Gibson se ha instalado en el mundo del cómic para dar vida, de la mano del historietista Quique Palomo, a un relato sobre cómo vivió y cómo era el poeta Federico García Lorca, "sin tapujos, mostrando su homosexualidad".

Tenía 18 años cuando el poeta granadino llegó a su vida y ahora, cuando los ochenta años llaman a su puerta, Gibson (Dublín, 1939) siente que "Vida y muerte de Federico García Lorca" (Ediciones B) "emana bondad, caridad y amor al prójimo", porque así era ese "ser telúrico" que, como si fuera una sombra, le ha acompañado toda su vida.

"Este cómic es un relato de cómo era Lora sin tapujos, por eso hemos querido mostrar su homosexualidad, sin ocultar, pero también sin enfatizar", cuenta a Efe el irlandés durante una entrevista en su madrileña casa del barrio de Lavapiés, donde ha pasado largas horas de conversación e intercambio de libros y documentos con Palomo, la otra pata de esta novela gráfica.

Ambos han hilado con valentía, aunque ellos no lo reconozcan así, la vida del "poeta español más importante de todos" que con tan solo 38 años dejó algunos de los legados poéticos y teatrales más aclamados mundialmente.

Un poeta del que no entenderíamos nada, según apunta Gibson, sin rascar en su infancia y adolescencia, que pasó en la vega granadina junto a su familia, un núcleo donde la música, la literatura y la alegría siempre estaban presentes.

"Quería que quedara claro que el adolescente Federico tiene estos dones, pero el sexo era para él un tema terrible. Entonces los machos se iniciaban en él en los burdeles en el barrio granadino de La Manigua, pero Lorca no pudo hacerlo. Era un joven con una sexualidad complicada, hasta que va descubriendo cómo es", relata Gibson.

Pero, resalta el historiador, gracias a todas sus virtudes artísticas García Lorca no padeció el sufrimiento que muchos homosexuales tuvieron, porque el poeta lo supo mitigar y canalizar a través de sus obras.

El cómic también nos deja grandes momentos de su vida, como la relación con el pintor Dalí, con la Institución Libre de Enseñanza, y los intelectuales de la época, o la libertad de la que gozó en su etapa en Nueva York.

Y muestra a un hombre preocupado por los demás, un "ser extraordinario" que no soportaba las injusticias sociales, tal y como lo dejó claro en obras como "La casa de Bernarda Alba" o "Doña Rosita la Soltera".

Pero la vida de Lorca, desde que nace, según destaca Gibson, siempre estuvo unida a la muerte, y quizá sea el final realizado por ambos autores el mejor que podrían haber hecho, puesto que han sabido contar en páginas en blanco, sólo ocupadas por pequeños dibujos, la desgarradora muerte del poeta, al que, según versión, el 18 de agosto de 1936 le mataron y remataron con "dos tiros en el culo por maricón".

Un acierto de Palomo y Gibson, dado que la crueldad cuando es sencilla es más cruel, como así lo manifiesta Gibson, quien no duda en afirmar que su objetivo en la vida es encontrar los restos del poeta hasta su "último hálito".

"Que tenga un entierro digno es importante para todos. Hay que localizarlo, queremos saber dónde está, no me basta saber que está en esa montaña, porque encontrarlo tiene un significado: es el desaparecido más llorado y amado del mundo", afirma el biógrafo lorquiano, quien sostiene desde hace años saber dónde está.

Tanto es así que el autor irlandés espera que en abril del próximo año se puedan iniciar las labores de excavación en el lugar donde lo sitúa los restos del poeta, un monte en la localidad granadina de Alfacar.

"Más o menos la momia de Franco y los restos de Lorca se cambiarían de sitio a la vez. Podría coincidir", ironiza.

Un momento éste, cuando el cadáver de García Lorca vuelva a ver la luz, que Gibson cree que "ayudará a la reconciliación", ya que, en su opinión, la muerte del poeta granadino aún simboliza la "tragedia" de España.

Por Pilar Martín.