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El amor, como la pérdida, es un viaje vital abrupto y oscilante. Con esta máxima, Trey Edward Shults ha filmado "Waves", el retrato de una familia afroamericana del sur de Florida que lucha por resurgir y navegar emocionalmente en la peor de las coyunturas.

La película, que llega a las pantallas españolas el 31 de enero bajo el título de "Un momento en el tiempo", tiene como catalizador la comunicación frustrada entre los personajes y la incapacidad de expresar sus vulnerabilidad, un cometido que se antojará esencial para su supervivencia en la segunda parte del melodrama.

"Esta es una película sobre los altibajos del amor romántico, del amor familiar, lo que significa tener pasión por algo, y lo que ocurre cuando todo se viene abajo", explicó Shults sobre el que es su tercer largometraje después de "Krisha" (2015) y "It Comes at Night" (2017), durante la presentación de la cinta en Londres.

Waves, bifurcada en estructura y en estilo visual, explora la historia de Tyler (Kelvin Harrison Jr), un adolescente que sufre la presión de su padre (Sterling K. Brown) mientras que mantiene una relación con Alexis, una chica de su clase interpretada por Alexa Demie.

"No es solo sobre violencia, es sobre amor y sobre la inseguridad. Va del miedo. Y de cómo ambos actuamos por miedo. ¡Es tan duro ser un adolescente en la actualidad! Y no debería serlo", matizó Harrison Jr. sobre la turbulenta relación que mantiene con Alexis.

Harrison Jr., nominado este año al Bafta como mejor actor revelación, interpreta a Tyler, un adolescente que trata de forjar su identidad a la vez que se esfuerza por satisfacer las altas expectativas que su padre vuelca sobre él.

"No nos podemos permitir ser como la media", le recuerda en una escena a Tyler, que se encuentra bajo gran presión para esforzarse hasta el límite en el instituto, en los deportes e incluso en un empleo a tiempo parcial.

Shults, que comenzó a gestar "Waves" hace una década durante un periodo de depresión, confesó que en la trama existen reflejos de la relación con su padre durante la adolescencia.

"Lo triste es que él es muy dominante, no permite una línea de comunicación en la que Tyler sienta que pueda ser honesto y decir a su padre que siente un nivel de expectativas tal que no puede contar cómo sufre y lo mal que está su vida", comentó el director estadounidense.

"Para mí, se trata simplemente de permitir la vulnerabilidad comunicacional y abandonar algunas ideas tradicionales de la dura paternidad y masculinidad", añadió.

Y esto es precisamente lo que ocurre en la segunda parte de la película, cuando el personaje de K.Brown descubre que la paternidad no es amor férreo.

Lo hace a través de Emily (Taylor Russell), la hermana pequeña de la familia, quien se esfuerza por reflorecer entre el sufrimiento de todo su entorno a la vez que vive su primer amor.

"Creo que cuando ves una representación de esto, empiezas a decir '¿Por qué estoy luchando? ¿Qué estoy intentando demostrar?'. No hay razones para hacer esto", cuenta Harrison Jr. sobre la apertura final del padre.

"Se me han acercado hombres jóvenes después de la película para hablar conmigo y decirme: 'Quiero llamar a mi padre, quiero hablar y conectarme con él, quiero que vea la película'", relató.

La catarsis familiar transpira también a la fotografía del filme, a la velocidad y dimensión de los planos, y a una paleta de colores que coincide con las sensaciones interiores de los personajes.

Además, el arco narrativo encuentra su reverberación en una banda sonora que el propio director preparó para "acercar a los personajes" y "dictar el ritmo", con grupos como Radiohead o Frank Ocean.

"Quería que se sintiera como si las canciones fueran una lista de reproducción en los ordenadores de Tyler y Emily (...), y que acercaran a su experiencia y espacio", destacó el director.

Todo este ensamblaje de elementos, aseguró Shults, es parte del ADN de "Waves", un "cuento con moraleja" que deja una puerta abierta a la esperanza.

"Comprender cómo puede ocurrir esta tragedia, pero luego ver si podemos sanar y crecer de ella", resumió.

Marta Pérez-Cejuela