EFELondres

Antes de que Paul Gascoigne marcara uno de los mejores goles de la historia de Inglaterra, su número estaba marcado en la tablilla de los cambios. Escocia disponía de un penalti a favor y, en caso de marcarlo, 'Gazza' enfilaría el camino del banquillo y aquel sombrerito sobre Colin Hendry y aquella volea en Wembley nunca hubieran existido.

Pero David Seaman, el legendario arquero del Arsenal, atajó la pena máxima. "Hubiera apostado mi hipoteca a que McCallister marcaría aquel penalti", recuerda en BBC Craig Brown, el entrenador por entonces de la 'Tartan Army'. Con aquel fallo se esfumaron las posibilidades de su equipo de igualar el 0-1 que había logrado minutos antes Alan Shearer y les condenó a ver una acción que sigue en la retina de los ingleses 25 años después.

"Lo que mucha gente no sabe es que si aquel penalti hubiera ido dentro, Terry Venables hubiera sustituido a Gazza", dijo a BBC Stuart McCall, jugador de aquella Escocia que días atrás había empatado con Holanda y que acudía a Wembley con la esperanza de dar un susto a sus vecinos.

Pero no transcurrieron ni dos minutos y sus esperanzas se desvanecieron con la mayor genialidad en el césped de Gascoigne. Dos toques, uno para dejar en el suelo a Hendry y otro para clavar una volea sincronizada que se coló a la derecha de Andy Goram. El gol que enloqueció a Wembley y que hizo creer que esta vez sí los 30 años de sufrimiento acabarían para los 'Tres Leones'.

Una euforia que tuvo su recadito, algo típico de Gascoigne. El díscolo, por entonces en el Rangers, había sido diana de los tabloides ingleses al ser fotografiado con botellas de alcohol durante la preparación de la Eurocopa en Hong Kong. Para desafiar las críticas, durante la celebración en el fondo de Wembley, sus compañeros le vaciaron una botella de agua en la boca, imitando el conocido juego de la silla del dentista. Una práctica que está prohibida en el Reino Unido desde 2010 y que supone que varias personas deslicen litros de alcohol por la garganta del protagonista.

Aquellos momentos de alegría contrastaron con cómo estaba 24 horas antes Gascoigne. El delantero inglés, incapaz de dormir sabiendo la presión que se cernía sobre él tras su discreto papel en el duelo inaugural contra Suiza, acudió a la habitación de Venables, el seleccionador inglés.

Le dijo que estaba preocupado porque no sabría si jugaría contra Escocia, el partido que todo aficionado de los 'Tres Leones' tenía marcado en el calendario. Venables le dijo que lo sentía, que no tendría hueco en el once titular. Gascoigne se echó a llorar y se pasó meditando 45 minutos hasta que el seleccionador le contó que era mentira y que sería titular en punta junto a Shearer.

El resto es historia.

Manuel Sánchez Gómez