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El Ramón Sánchez-Pizjuán acogió un Sevilla-Barcelona que, con la nueva realidad derivada de la crisis del coronavirus y la necesidad, por seguridad, de jugar a puerta cerrada, poco se pareció en emoción y colorido a este mismo duelo en otras noches, en un estadio inundado por el silencio de sus gradas.

Convertido en una 'caldera apagada', el feudo sevillista, uno de los que más aprieta de LaLiga por el empuje de su afición, en especial en las grandes ocasiones, no pudo vibrar como en otras ocasiones ante este choque clásico del fútbol español porque la imagen de su graderío triste y vacío pesaba demasiado.

Aunque había mucho en juego, con el Barcelona en plena pugna por el título de Liga y con el reto de mantener sus dos puntos de renta sobre el Real Madrid, y el Sevilla defendiendo su puesto 'Champions', el pleito no fue el mismo de otras veces, no podía serlo, porque faltaba calor, la que le dan las aficiones al fútbol.

En el actual contexto atípico que afecta a este deporte, y a toda la sociedad, era difícil retirarle la etiqueta de extraño, 'triste' y desangelado a este Sevilla-Barça, como ocurrió hace ocho días en el mismo escenario en el derbi hispalense jugado sin público frente al Betis y que se llevaron los sevillistas (2-0).

A pesar de echarse de menos todo lo que aporta la grada, la relevancia de los puntos y de la competición se encargó de mantener la tensión entre los contendientes en un Ramón Sánchez al que, con las estrictas medidas de prevención y seguridad que establece el protocolo de LaLiga, sólo accedieron unas 220 personas autorizadas.

Entre ellas, los integrantes de las expediciones de ambos equipos, el personal de la organización y de seguridad, y un reducido grupo de informadores, que fueron testigos de los silencios de un Sánchez-Pizjuán vacío y silente, desolado por las gradas huérfanas de aficionados.

Este silencio, ya habitual en todos los campos desde la reanudación de LaLiga tras los tres meses de parón, sólo lo rompían las voces de los protagonistas sobre la hierba y de los técnicos con sus indicaciones, y las palabras de ánimo de los suplentes, provistos de mascarillas en la parte baja del graderío, detrás de los banquillos.

Antes del inicio, la 'banda sonora' también la compusieron el revuelo de los vencejos alrededor de las cubiertas del estadio y la megafonía en los momentos previos, en el homenaje a Antonio Puerta, como en el minuto 16 de cada partido en Nervión, y en el 20 con el 'aplauso solidario' en reconocimiento a todos los colectivos que han luchado contra la pandemia.

Esta imagen inusual en el interior del estadio de Nervión también fue la tónica general en los exteriores, donde, sin las previas de antaño ni los aficionados refrescándose en los bares del entorno antes del comienzo, faltó la animación propia de un gran espectáculo como el que protagonizan sevillistas y azulgranas cada vez que se enfrentan.

A diferencia de lo que suele ser habitual, y bajo el dispositivo de vigilancia y control de la Policía para evitar aglomeraciones, apenas acudieron varias decenas de personas a recibir, con mascarillas y guardando la distancia de seguridad, a los equipos a su llegada al estadio o a intentar ver al astro argentino Leo Messi y otras estrellas.

En cualquier caso, la esperanza y la ilusión de todo hincha es que cuando sea posible, porque ahora es el momento de la prevención y de la seguridad, se volverá a vivir la emoción del fútbol en su estado natural, con el público vibrando en los estadios, y la animación, el colorido y el sentimiento de las aficiones: el fútbol de verdad.

Curri Carrillo