EFEParís

Kylian Mbappé, que seguirá en el PSG hasta 2025, según ha anunciado el presidente del club, Nasser Al-Khelaifi, no se conforma con ser una estrella. El jugador, nacido hace 23 años en Bondy, una humilde población de los arrabales más deprimidos de París, en el seno de una familia acomodada, quiere aprovechar el brillo de su fama para trasmitir nuevos valores.

Nada es igual al pasado en la galaxia Mbappé. Basta con seguir la manera en la que gestiona su futuro, el anuncio de su renovación para darse cuenta de que el francés es diferente, que llega con nuevos valores.

El futbolista ha rechazado en dos ocasiones al Madrid, el club más laureado de Europa y, en ambos casos, en valor de una gestión calmada de su destino, cuyas riendas no quiere perder.

Desde que con 17 años empezó a figurar entre las promesas más firmes del fútbol mundial, todos los que se codearon con él destacaban un rasgo de su personalidad, su madurez a prueba de lisonjas.

Mbappé ha ido construyendo su carrera con la paciencia de un orfebre y una inquebrantable fe en su calidad, a prueba de toda duda, que ha querido siempre acompasar con una vida discreta, un control absoluto de todo lo que rodea su imagen y una clara visión de su trayectoria.

Eso le convierte en un joven atípico, poco adepto de salidas y fiestas, presente lo justo en las redes sociales, sin tatuajes ni pendientes, permanentemente concentrado en su profesión, un apostolado por el fútbol que alimenta su pasión.

Su mirada parece siempre fijada en el horizonte, como si sus ojos tuvieran una confianza ciega en sus posibilidades, que desde muy niño situó, sin complejos, en lo más alto.

Cuando apenas tenía 14 años, un entrenador del centro de formación del Mónaco le preguntó cuál era su sueño: "Ganar el Balón de Oro", respondió sin pestañear.

A Mbappé siempre le ha acompañado ese aura de estrella y nunca se ha dejado derribar por sus consecuencias. Al contrario, a contracorriente, ha querido dominar la ola que le propulsaba a lo más alto del elenco del fútbol en lugar de dejarse arrastrar por su impulso. Como si quisiera ser más fuerte que el huracán que provoca.

Su precocidad le ha colocado siempre en el mismo plano que uno de sus ídolos, Pelé, a quien le une uno de sus pocos patrocinadores y muchas estadísticas increíbles.

Las primeras comparaciones vinieron durante el Mundial de Rusia, donde Mbappé fue una de las estrellas y muchos empezaron a ver el talento precoz de "O Rei".

Pero su particularidad viene de antes. Hijo de una familia criada en el mundo del deporte, su padre, Wilfrid, nacido en Camerún, fue jugador de nivel regional y director del centro deportivo de Bondy, donde vivía la familia. Su madre, de origen argelino, jugó al balonmano en el mismo club.

FAMILIA DE DEPORTISTAS

Desde muy joven, Kylian despuntó, pero la familia le impuso acompañar su carrera deportiva con los estudios, lo que le llevó a integrar el centro nacional de formación de Clairefontaine en 2011. Al año siguiente hizo una prueba invitado por el Real Madrid, un momento en el que muchos sitúan su pasión por el club blanco.

Pero no abandonó el vivero nacional hasta que en 2015 decidió proseguir su carrera en el Mónaco, donde pronto comenzó a despuntar como una estrella, desbancando a Thierry Henry como el jugador más joven en debutar en primera división, con menos de 17 años, y en el goleador más joven del club del Principado, 17 años y 62 días.

Campeón de Francia con el Mónaco, quinto máximo goleador de aquella liga, todo el universo futbolístico se fijó en su trayectoria y en un agitado verano de 2017, cuando el Real Madrid quiso por segunda vez atraerle, acabó por fichar por el PSG a cambio de 180 millones.

Pocas semanas antes el club de la capital había desembolsado 222 millones para hacerse con Neymar y todo hacía apuntar a que llegaba a la nueva casa de los galácticos. Ese año acabó séptimo en la clasificación del Balón de Oro a sus 17 años, el más joven en integrar el "top 10" de ese prestigioso premio.

CAMPEÓN DEL MUNDO

Poco a poco, Mbappé se fue imponiendo por encima de todas las estrellas que iban llegando. En paralelo, fue ganando galones en una selección dominada por Antoine Griezmann, pero que se fue rindiendo a su talento. En Rusia firmó algunas obras de arte que le propulsaron definitivamente a otra dimensión.

A las recompensas individuales se fueron añadiendo títulos con el PSG, con dos grandes espinas: el Balón de Oro y la Liga de Campeones.

Cinco ligas francesas, tres Copas de Francia, una de la Liga, dos Supercopas y tres trofeos de máximo goleador y de mejor jugador del campeonato galo, no son suficientes para calmar su ambición, dañada en 2020 cuando su equipo cayó en la final de la Liga de Campeones.

Ese trofeo, junto al Balón de Oro, se han convertido en su obsesión, la de una estrella que parece tener programada su carrera para abrir con su brillo una nueva galaxia del fútbol.

Luis Miguel Pascual