EFEZaragoza

Oscar Alocén, el mayor de los cinco hijos de Lorenzo Alocén, fallecido este lunes 18 de enero, ha señalado a EFE que su padre lamentaba en cierta medida haber sido más conocido por la autocanasta que logró con el Real Madrid contra el Ignis italiano que por todos sus méritos deportivos.

El 18 de enero de 1962 el conjunto español visitaba al Ignis de Varese en la ida de los octavos de final de la Copa de Europa llegándose con el partido empatado a 80 puntos a falta de dos segundos, lo que mandaba prácticamente el partido a la prórroga porque entonces no se contemplaban los empates

El técnico madridista, Pedro Ferrándiz, ante la lesión de Hightower, máximo anotador con 27 puntos, y las eliminaciones de Morrison y Sevillano, se sacó de la manga una autocanasta para perder por dos pero haciendo ver que había sido un error del jugador, Alocén, que se había equivocado debido a los nervios y así no ir a una prórroga en la que podía acabar cayendo por una diferencia mayor.

"Al principio los aficionados se creyeron que había sido porque estaba nervioso y era el júnior. Le decían 'lorenzini' pero cuando se dieron cuenta del truco les cayó de todo. Les insultaban y les tiraban cajas de cerillas repletas de liras", comenta Oscar.

"Por un lado estaba orgulloso de haber logrado esa canasta que hizo que perdiera de su equipo porque permitió después superar la eliminatoria, pero por otro lamentaba que la gente sólo se iba a acordar de él por esa canasta", explica.

Nada más lejos de la realidad ya que el pívot aragonés jugó durante 15 años en la máxima categoría, fue máximo anotador de la Liga en la temporada 1964-65, dos veces campeón de Liga con el Real Madrid, dos de la Copa de España (una con el Real Madrid y otra con el Picadero), además de 69 veces internacional.

Con la selección disputó los eurobasket de 1961 (13ª posición) y 1969 (5ª posición, mejor puesto hasta entonces) mientras que en los Juegos Olímpicos de México'68 fue séptimo.

Oscar recuerda que su padre les había explicado a sus hijos esa cesta que obligó a la FIBA a cambiar las reglas del baloncesto y a prohibir las canastas en el propio aro para evitar picarescas como la que había ocurrido, pero que entonces todos eran pequeños y no eran conscientes de la repercusión que tuvo esa acción.

Oscar Alocén ha comentado a EFE que su padre había sido "muy buena persona y que era jugador muy noble".

"Una vez retirado, él siempre tenía a gala decir que era del Helios", explica su hijo, que recuerda que empezó a jugar en el club zaragozano con 21 años a la vez que trabajaba de soldador en el ferrocarril.

"Se iba por la mañana pronto a correr y luego a hacer tiro. En invierno, cuando acababa, rompía el hielo de la piscina para asearse lo que podía e ir a trabajar. Como calzaba un 45 ó 46 de pie y no había zapatillas de suela de goma, que eran de ruedas de coche, empezó jugando con alpargatas", comenta Oscar.

Lorenzo Alocén no tenía antecedentes familiares en el baloncesto y aunque probó el deporte de la canasta en el colegio no comenzó a practicarlo en serio hasta que Antonio Burillo lo vio por la calle y le ofreció jugar en Helios.

"Al principio era muy malo, podía romper el tablero pero tenía mucha garra y tesón. Cuando botaba la pelota casi la reventaba pero aprendió los movimientos y mejoró. Era un anotador, metía muchos puntos. Aprendió a jugar y tenía pocos movimientos pero muy efectivos", resalta su hijo.

Recuerda una anécdota en la que hubo un jugador que se rió de su padre y éste le dijo que en un año iba a estar en la selección en Eurobasket, algo que finalmente no pudo lograr porque se lesionó.

A pesar de que medir 1.96 metros, no parece que sea una altura para un pívot, en su época fue el jugador más alto del Real Madrid hasta que llegó Clyfford Luyk, recuerda Oscar.