José Manuel Rodríguez

Buenos Aires, 7 jul. (EFE)- Hace 30 años, Argentina fue derrotada en la final del mundial de fútbol de 1990 por Alemania en lo que fue el colofón para una selección que "con suerte, con astucia, a veces por méritos no del todo lícitos y algunos destellos de genialidad" se coló en una fiesta a la que no estaba invitada.

Así se lo cuenta a Efe el periodista Pablo S. Alonso, autor de un libro sobre la hazaña albiceleste y en el que resume el recorrido de esa atípica y recordada selección argentina en Italia-90.

Es "una épica de lo imposible", publicada por Ediciones B, donde narra las peripecias de aquella selección argentina hasta llegar a la final.

El escritor reconoce que cuando revisó los partidos del campeonato para escribir el libro, lleno de testimonios y consultas a la hemeroteca, ya era consciente de que "no fue el mejor Mundial".

Italia 90 es uno de los Mundiales con una media de goles más baja y discreto nivel futbolístico que se recuerda y la propia selección argentina no fue la excepción: apenas ganó dos veces y anotó cinco goles en los siete partidos que jugó.

Sin embargo, la historia le ha reservado un lugar privilegiado en la memoria del hincha.

UNA SELECCIÓN MERMADA

La Albiceleste de aquel Mundial, dirigida por Carlos Bilardo, no solo acudía con una gran lista de bajas o pequeñas lesiones en sus filas, entre las que destacaban los campeones de 1986 como Ricardo Giusti, Jorge Burruchaga y, por supuesto, Diego Maradona, sino que además los resultados previos no eran halagüeños.

De hecho, Argentina llegó a estar más de 800 minutos sin marcar gol antes de la competición.

"Maradona en una pierna, con un tobillo destrozado, con una uña del pie destrozada, podía hacer cosas por su mera presencia que otro jugador jamás podría, pero un jugador en ese estado físico, si no es Maradona, no juega", afirma el escritor.

Además de su real estado, Maradona y por ende la selección tenían en contra a casi toda Italia, pues 'El Diego' era odiado por gran parte de los italianos debido a sus éxitos en el Nápoles, equipo del sur pobre de la nación transalpina y enfrentado contra el norte rico.

Pese a todo, la selección Argentina avanzó beneficiándose a veces de la suerte, otras de los reflejos del guardameta Sergio Goycochea, especialmente en las tandas de penaltis ante Yugoslavia e Italia, de una nueva "Mano de Dios" de Maradona para evitar un gol de la Unión Soviética, o de artimañas como dar un bidón con medicamentos a un jugador rival, para aturdirlo, ante Brasil en octavos de final.

El arduo camino acabó en la orilla con una derrota por 1-0 con un gol de penalti, aún cuestionado, en la final contra Alemania, lo que no impidió que los jugadores fueran recibidos como héroes al regreso a Argentina y sigan siendo recordados como tal.

EL ETERNO DEBATE

Para la selección argentina no era nuevo ser subcampeona: lo fue en 1930 y lo sería después en Brasil 2014, sin embargo solo el desempeño de los jugadores del 90 es recordado de manera épica por el imaginario futbolístico del país.

"Italia que no está acá al lado como Brasil, no hubo tantos hinchas que viajaron, no había internet, no había televisión por cable, había menor cobertura y todo eso hace que haya un componente si quieren mítico de ese mundial con el paso del tiempo", argumenta Alonso mientras compara los dos últimos subcampeonatos de la Albiceleste.

En su libro, además, Alonso recuerda que en la época de Maradona la selección tampoco estuvo exenta de críticas, aunque reconoce que la prensa lo trató mejor a él de lo que ha tratado a Lionel Messi.

"Si se hubiera juzgado a Maradona en el Mundial 90 como se juzgó a Messi en los últimos dos o tres mundiales, se hubiera sido mucho más duro con Maradona, que casi no pateó el arco en el Mundial 90 y no hizo ningún gol", sostiene el autor.

Y agrega que "de dos penales que pateó, erró uno y convirtió otro. Messi jugando así hubiera sido crucificado”, concluye el escritor, que se declara 'maradonista' en el eterno debate sobre quién debe ocupar el panteón del fútbol argentino.

LA DIMENSIÓN POLÍTICA DEL MUNDIAL

El año de 1990 no es solo recordado en Argentina por el subcampeonato en la competición, sino también por el comienzo del mandato presidencial de Carlos Menem (1989-1999), personaje muy presente en todo el libro.

"Menem de entrada estaba muy interesado como aficionado al deporte y vio el poder que tenía el deporte como herramienta de propaganda", cuenta Alonso.

Por tal motivo, en los comienzos del libro relata uno de los episodios más peculiares antes de aquel mundial: el amistoso que el propio presidente jugó con la selección con fines benéficos y el desconcierto de los jugadores sobre cómo debían tratar al mandatario en el terreno de juego.

El presidente del país acompañó al equipo en la derrota en el partido inaugural, lo que hizo que fuera visto como “gafe” (mal agüero) y volviera al país para seguir desde allí el resto de encuentros.

Esto no disminuyó la atención de la prensa sobre cómo el presidente seguía al equipo y, tras cada encuentro, una crónica sobre los padecimientos del mandatario durante el mismo.

En el libro de Alonso se relata cómo Menem, para vivir los partidos, se rodeó de jugadores de la selección como el guardameta Nery Pumpido, que tuvo que abandonar la concentración por una lesión, y cómo el presidente opinaba en público sobre quién debía ser titular.

Además, el mandatario compartió el baño de gloria ante el pueblo de la selección a su regreso a Buenos Aires.

Alonso afirma que este buscaba "hacer una analogía entre el sacrifico de los jugadores, de esos 11 héroes y el sacrificio que tenía que hacer el pueblo argentino" en las complicadas circunstancias económicas que vivía el país.

No obstante, no es esto, sino el pase de Maradona a Claudio Caniggia para anotar el gol del triunfo por 1-0 ante Brasil o la victoria en penaltis ante Italia lo que más recuerda hoy en día el aficionado argentino, que aún canta sobre las victorias de aquella selección ahora recopiladas en el libro de Alonso. EFE

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