EFEBarcelona

Las gestas de Miguel Indurain, Claudio Chiappucci y Pedro Delgado, entre muchas otras figuras del ciclismo de las dos últimas décadas del siglo XX, han llenado páginas y copado horas de televisión, un "fenómeno social" que el escritor Guillermo Ortiz (Madrid, 1977) refleja en su última obra, 'El chico que soñaba con ser Gianni Bugno' (Editorial Contra).

El libro, que se adentra en el género de la autoficción, hila una crónica desde la subjetividad de un joven aficionado que vivió en primera persona la explosión en España del ciclismo como fenómeno de masas.

"En los 90, el ciclismo era un fenómeno social; ahora mismo no lo es", defiende Ortiz en una entrevista con EFE. Autor, entre otros libros, de 'Todo lo que siempre quiso saber sobre deporte' y 'Ganar es de horteras', este filósofo de formación defiende que "el deporte es una vía de escape maravillosa para olvidar los problemas o disfrutar de las alegrías".

Por ello, el relato del narrador, que crece con la evolución social y deportiva de la España de finales del siglo XX, se convierte en el hilo conductor para explicar cómo un aficionado adolescente de Madrid vivía el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta España de la época.

"Alguien va a tener una novia o un novio un verano de aquel Tour de Francia. Es algo muy universal, y a lo que se puede apelar desde el libro. Se trata de explicar esa vivencia personal: ¿quién eras tú cuando eso pasó?", apunta.

La idea de Ortiz, en todo momento, era huir del género biográfico y escribir el libro "desde la pureza del aficionado", siendo consciente de "que entre la realidad y la realidad percibida por el aficionado hay un abismo".

"Siempre nos parece que lo que viene después de nuestra gran explosión, es peor. Los que descubrimos el ciclismo entre los 80 y los 90 diremos: el ciclismo de entonces era maravilloso, era épico, es genial, y el de ahora ya no. Siempre me queda la duda de si eso es verdad o no, porque el que no soy igual soy yo", añade.

En cualquier caso, Ortiz tiene el recuerdo -"que puede que sea un recuerdo falso", advierte- de que el ciclismo de entonces "era más impredecible".

"En el ciclismo actual noto pocas sorpresas, pero quizá es porque tengo menos capacidad de sorprenderme", reflexiona.

En lo que sí que tiene menos dudas es que actualmente el ciclismo no tiene la misma trascendencia social que el de antaño por dos motivos: la ausencia de referentes y el impacto mediático.

"Nosotros crecimos con Miguel Induráin, Pedro Delgado, Gianni Bugno, Tony Rominger, y supongo que la siguiente generación le pasó lo mismo con Valverde, 'Purito' Rodríguez, Contador. Gente que tira de la pasión, de la repercusión mediática y social. Ahora mismo hay un vacío en España que hace que sea complicado que el ciclismo salte del nicho del aficionado", opina.

Y agrega: "Antes, durante un mes entero, Televisión Española conectaba con el ciclismo. Era lo que podías y todos los veíamos. Todos compartíamos el Tour de Francia en los 90 porque era el deporte que podíamos ver en el mes de julio. No había competencia posible. Ahora pones Netflix si te aburre la etapa".

El deporte cambia, sus aficionados también, pero los protagonistas de una época, con sus luces en batallas memorables y sus sombras con el dopaje siempre presente, resisten al paso del tiempo.

Indurain, Delgado, Pantani, Chiapucci, LeMond y, cómo no, Gianni Bugno, la debilidad personal de Ortiz que da nombre a un libro que recuerda por qué el ciclismo encajó entre los fenómenos culturales de una generación.