EFEBarcelona

Que el lector no espere una relato novelado lleno de episodios truculentos y morbosos. 'Jesús Rollán eterno. Vida y muerte de una leyenda' (Editorial Córner) es mucho más que eso: un riguroso ejercicio periodístico escrito a cuatro manos que narra el éxito y la caída del que fuera el mejor portero de waterpolo del mundo.

Los periodistas deportivos Francisco Ávila (Montcada i Reixac, 1964) y Alberto Martínez (Barcelona, 1984) lo tuvieron claro desde que empezaron a hablar del proyecto después de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016: el magnetismo que desprendía Jesús Rollán y su ascendencia en quienes lo conocieron, dentro y fuera del agua, bien merecía un libro.

“Después de tanto tiempo cubriendo el mundo de waterpolo, detectamos que había una vacío en torno a la figura de Jesús. Todo el mundo conocía la grandeza del personaje, pero nadie había explicado todas las vicisitudes de su carrera, sobre todo las que había tenido fuera de la piscina”, explica Ávila en una entrevista concedida a EFE.

El proyecto debía tener dos requisitos para salir adelante: “Explicarlo todo, no solo la parte deportiva, sino profundizar también en cómo fue su caída y su final. Y contar con la complicidad de la familia para poder rendirle homenaje”, subraya Martínez.

Sin embargo, los dos autores querían evitar, a toda costa, caer en el sensacionalismo a la hora de contar una historia que atrapa desde el principio.

“Si mezclas en una coctelera el nombre de Jesús Rollán, sus éxitos, su adicción a las drogas, la depresión, su relación con Urdangarín y la Infanta y el suicidio, puede salirte un cóctel lleno de amarillismo. Pero nosotros no queríamos acabar en el ‘Sálvame’. Queríamos respetar a la persona. Explicar la historia de Jesús como icono deportivo y, por extensión, la de un equipo que marcó una época”, afirma Ávila.

Para hacerlo, los periodistas se entrevistaron con medio centenar de personajes del entorno familiar y deportivo de Rollán. Pero lo hicieron respetando escrupulosamente el ‘off the record’, reduciendo las citas textuales y evitando identificar el autor de las mismas en la mayoría de casos.

Al inicio de cada capítulo, aparece una frase de alguno de esos testimonios que describe un momento del episodio y que no se atribuye a nadie en concreto. “Es una especie de juego que queda entre nosotros y el autor de la cita, el único que sabe realmente quién es”, desvela Ávila.

Martínez añade que lo que tenían claro es que no iban "a alargar el libro para explicar cosas morbosas o insustanciales", sino que el objetivo era justo el contrario: "Por eso, hay partes en las que evitamos ser explícitos y dejamos que sea el lector quien intuya lo que pasó. Queríamos un libro corto y ágil de leer, donde todo fluyera a toda velocidad. Un poco la metáfora de lo que fue la vida de Jesús”.

Los autores lograron el resultado buscado: una historia escrita en 170 páginas con una estructura circular -el libro empieza y acaba en el mar, el hábitat natural del Rollán- que se consume en un suspiro y te deja con ganas de más.

Y que, de paso, sirve para homenajear “al mejor portero de la historia y a la generación más exitosa del waterpolo español, el último equipo que ha ganado un oro olímpico (Atlanta ‘96) y cuyos éxitos parecían haber sido enterrados, por cómo vivieron y por todo lo que pasó después”, apunta Martínez.

Con los excompañeros y amigos de Rollán fue un poco más fácil, pero a su familia les costó abrirse al principio, porque no conocían personalmente a los periodistas y no sabían hacia dónde iba a derivar una historia de claroscuros que finalizó cuando el portero madrileño decidió quitarse la vida con 37 años.

Sin embargo, a medida que el libro fue avanzando, los familiares de Jesús se fueron implicando cada vez más, especialmente su madre, Pilar Prada.

“Ahora tenemos la impresión de que este libro se ha convertido para Pilar en el legado de su hijo, en una manera de cerrar una herida que llevaba muchos años abierta”, opina Ávila, quien denuncia “el estigma” que hay en España con el suicidio: “En el libro damos una estadística que dice que en este país se suicidan 11 personas cada día. Mueren muchas más que en accidentes de tráfico, pero es un problema que parece que no exista para los medios de comunicación”.

Ávila insiste en que “aquellos jugadores que parecían iconos pop, deportistas irrepetibles con problemas fuera del agua muchos de ellos, son consecuencia de una manera de hacer que afortunadamente ha pasado a mejor vida”.

“Aquella selección que lideraba Jesús es el paradigma del talento, pero más allá de eso tenía muchas carencias. Ahora, los deportistas están tutelados y cuentan con apoyo psicológico pero, ¿si ellos hubieran contado con todas esas herramientas en su época, hubieran sido tan geniales para ganar todo lo que ganaron?”, se pregunta.

Quizá sí, siempre que Rollán hubiera defendiendo la portería. “Todos sus compañeros reconocen que, sin Jesús, no hubieran ganado nada. No solo por lo bueno que era y todo lo que paraba, sino por la confianza que transmitía, por su carisma, su liderazgo y por cómo ayudaba a los jóvenes y pensaba siempre en el equipo. Seguramente ese fue uno de sus problemas, su enorme generosidad, porque siempre miró más por los demás que por él mismo”, sentencia Martínez.

Ginés Muñoz