EFEBarcelona

Aterrizó en España en 2003 y a Mayuko Fujiki (Osaka, 1975) se le rompieron todos los esquemas. Pasó de entrenar repeticiones con la selección de su país a trabajar las emociones con el equipo español.

Ahora Mayu, como la conocen en el mundo de la natación artística, es la seleccionadora española y en vísperas de su estreno mundialista, quiere recuperar las esencias de la época dorada, aunque pide huir de las comparaciones.

"No hay que pretender repetir la fórmula, es como si quieres hacer la segunda parte de Titanic y pensar que tendrá el mismo éxito que la primera. Por respeto a las chicas, no quiero que se vaya comparando, quiero hacer algo original, crear algo nuevo, con un sabor parecido, pero nuevo, porque hemos empezado a trabajar con chicas de 16 años", comenta en una entrevista con EFE.

Durante periodos, el equipo ha trabajado de lunes a sábado, a veces también los domingos. Sesiones de ocho y diez horas, trabajo físico y grupal, acroyoga, acrobacias, flamenco, kayak. Salidas al teatro, todo para cohesionar al equipo.

"Al principio no vi una sensación de equipo. Antes de llegar aquí, tenía muy claro la importancia del equipo. Creo que estamos mucho mejor que después del Mundial 2017, porque hemos focalizado dos cosas: el orgullo del equipo español y la mejora técnica, sobre todo en las subidas o en la posiciones en la piscina", insiste Fujiki.

Busca la perfección, detiene continuamente la sesión de entrenamiento y corrige. "Tienes que tener la percepción de que es un trabajo de todos, cuando alguien no lo hace tan bien, otra es la tiene que mantener el equilibrio", insiste. Y así, una y otra vez, prueba y error. Visionado del vídeo, corrección y vuelta a empezar.

"Nos queda mucho por mejorar, en cuestiones de técnica, y también experiencia en las competiciones. Es muy diferente empezar a competir que tener la experiencia en Mundiales, la seguridad se nota desde la manera de caminar o cómo se solucionen rápidamente los problemas. Para todo ello necesitamos tiempo para mejorar estas cosas", comenta.

Y eso es lo que repite. Tiempo para volver a lo más alto. En 2017 aceptó un trabajo para los Juegos de Tokio 2020, pero el final del camino tienen que ser los Juegos de París 2024. Cree que el año que viene ya se tienen que ver las mejoras.

Y el reto es mayúsculo. Ella, que ha trabajado con la selección de su país, con la estadounidense y con la de China, estaba acostumbrada a trabajar con chicas de 25 o 26 años y ahora se encuentra con un equipo muy joven, con Ona Carbonell como única veterana.

"Después de cinco Juegos Olímpicos, para mí era importante empezar a trabajar prácticamente de cero, con un equipo nuevo. Me interesaba no solo desarrollar la técnica, sino hacer más equipo, porque la sincro es un deporte de equipo, no de individualidades. Quiero crear un equipo, no solo con las nadadoras, también con las entrenadoras, los fisios... Para mí es muy interesante", argumentó.

Y llegados a este punto es cuando Mayu se pone un poco trascendente: "Le doy más importancia a la parte emocional que a la técnica, es muy importante la manera de trabajar pasando juntas seis días a la semana, nadando cuatro horas por la mañana y cuatro por la tarde".

Recuerda que este trabajo se puede hacer "como máquinas, sin la sensación de trabajar conjuntamente" o existe otra posibilidad: "puedes entrar por la puerta pensando en lo que quieres mejorar hoy".

"Se trata de hablar con mis compañeras, porque con su ayuda puedo mejorar. Si puedo generar esa motivación en cada una de las cabezas de mis nadadoras es muy importante, sobre todo en nadadoras tan jóvenes. No solo tienes que preocuparte de ti, sino también de tus compañeras", argumenta.

Si volvemos al principio de su carrera en España, entendemos el proceso. Llegó en 2003 y estuvo ocho años con el equipo que entonces dirigía Anna Tarrés.

"Vine acostumbrada con el trabajo que se hacía en Estados Unidos o en Japón, para mí todo era diferente", dice Mayu, hasta que se topó con otra perspectiva.

"El método de Anna era combinar grandes emociones con pausas, para mí era interesante. Jugaba mucho con las emociones y las nadadores no son conscientes del poder que tienen. Con el equipo japonés no existe", comenta.

Y detalla que el equipo nipón repite automatismos mecánicamente, con una emoción plana: "Cien veces con la misma emoción. Repeticiones y automatismos. Aprendí mucho sobre las emociones en mi primera etapa, era todo lo contrario a cómo lo había hecho hasta entones y me sentí atraída por ese cambio de percepción".

Ahora Mayu asegura que como entrenadora es "más española que japonesa" se ha acostumbrado a trabajar más con las emociones y a sus chicas les va bien así.

"Usamos esos momentos emocionales cuando los necesitamos, porque también necesitamos automatizar, porque tenemos que sincronizar. Estoy intentando mezclar, la manera japonesa con lo emocional. Personalmente también se lo ha transmito a las chicas, cuando necesitamos repetir, mi discurso también es otro, más tranquilo", insiste.

En la víspera del inicio del Mundial, Mayu admite la dificultad de la empresa y de que los cambios en la natación artística -antes sincronizada-, se producen muy lentamente.

"Estamos sextas del Mundo (Rusia, China, Japón, Ucrania, Italia), pero no quiero pensar en ello. En la sincro no se cambia el orden rápidamente, se tarda en reflejar los progresos en la clasificación y cuando llegas arriba es muy difícil bajar", comenta.

Y recuerda que antes de la "época dorada" de España, costó entrar en la élite, como después ha ocurrido con Ucrania que ahora tiene "su momento de gloria".

"Para que los progresos se trasladen a las notas se necesitan, según mi experiencia, seis años y en este Mundial no veo que se vayan a producir muchos cambios. Es un trabajo lento, tenemos que mirar donde estamos nosotras, no me quiero focalizar en los resultados, sino trabajar bien cada día", añadió.

Para Mayu Fuyiki los detalles son importantes. Al inicio de su periplo al frente del equipo había una tabla con puntos positivos y negativos para las nadadoras, ahora sus chicas tienen responsabilidades, dentro y fuera de la piscina.

La timidez de alguna de las jóvenes se vence a base de hablar en público, unas preparan el calentamiento y otras buscan información de Gwangju, la ciudad que acogerá la primera gran cita para el grupo.

Lo que Mayu quiere es prestar mucha atención a la personalidad de cada una de sus nadadoras y crear lo que denomina "el círculo de equipo para ofrecer su propio carácter".

Y en esas está mientras corrige y repasa, busca complicidades y pasa del automatismo a la emoción. En su bolso asoma un libro de Teru Miyamoto: "Ruten no Umi", esa será su lectura en Gwangju.

Francisco Ávila.