EFEKatmandú

Ang Tashi Sherpa, propietario de un hotel y restaurante a las puertas del Everest, tenía grandes esperanzas puestas en el comienzo este lunes de la temporada alta de escalada en Nepal, tras un año catastrófico para el turismo causado por la pandemia del coronavirus y las restricciones.

Pero con cero permisos para escalar la montaña más alta del mundo y menos del 10 % de llegadas de turistas en enero frente a las cifras habituales antes de la COVID-19, Sherpa se pregunta ahora cómo va a hacer frente a otro año de vacas flacas.

"Sobrevivimos con cero ingresos el año pasado, y la esperanza era que los turistas volviesen en gran número esta temporada de primavera", de marzo a mayo, dijo Sherpa a Efe.

Su establecimiento solía aportarle unos 18.000 dólares al mes en temporada alta, además de sus ganancias como personal de rescate de elevada altitud, pero el parón total de la actividad le forzó el año pasado a criar vacas.

"La situación no es tan favorable como habíamos imaginado (...) tampoco creo que mis ingresos se recuperen este año", explicó con resignación este empresario dueño del Sherpa Lodge and Coffee Shop.

PILAR DE LA ECONOMÍA NEPALÍ

El turismo de montaña es uno de los pilares de la economía nepalí, donde la temporada de primavera es clave para los escaladores que ansían escalar el Everest, mientras que septiembre y noviembre son los meses más propicios para el senderismo.

Los extranjeros pagan unos 11.000 dólares por el permiso para escalar la montaña más alta del mundo y la expedición puede costar entre 40.000 y 90.000 dólares.

En 2019, antes de la pandemia, el Gobierno ganó 5,07 millones de dólares solo en permisos y se estima que el sector emplea a casi medio millón de nepalíes principalmente como guías de escalada y senderismo.

Es el caso de Janga Rai, de 33 años de edad y que usualmente trabaja como porteador en la región del Everest.

"Si no llegan turistas, no tengo un trabajo alternativo. Creía que este año iba a ganar dinero de nuevo y las cosas irían mejor", explicó Rai a Efe, que en 2020 se vio obligado a tomar un préstamo de 500 dólares para mantener a flote a su familia y esperaba saldar la deuda esta temporada.

Rai tenía la esperanza de unirse a una expedición al pico más alto del mundo, un trabajo por el que puede ganar unos 50 dólares al día, frente a los 100 que se suele pagar a los guías de montaña.

Nepal ha relajado las restricciones contra el coronavirus, impuestas en marzo del año pasado cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó el coronavirus de pandemia, y ha reabierto desde diciembre las escaladas al Everest, pero la llegada de turistas sigue siendo escasa.

La directora del Departamento de Turismo nepalí que emite los permisos de montañismo, Mira Acharya, afirmó a Efe que hasta ahora nadie ha pedido permiso para escalar el Everest, aunque algunas personas se han interesado.

El pasado enero, llegaron 9.000 turistas a Nepal frente a los casi 100.000 registrados ese mismo mes antes de la llegada de la pandemia, según las estadísticas del Departamento de Inmigración.

Solo unos 230.000 llegaron al país en todo 2020, comparados a los 1,2 millones de 2019, para gran desazón del Gobierno nepalí, que había lanzado una gran campaña para atraer turistas y revitalizar el sector tras el terremoto de 2015, que destruyó parcialmente el país y causó 9.000 muertos y más de 21.000 heridos.

CRÍTICAS DEL SECTOR CONTRA EL GOBIERNO

¿El problema? El Gobierno nepalí exige una serie de condiciones a los escaladores, entre ellas la suspensión de la emisión de visas a la llegada al país, la imposición de una cuarentena y la necesidad de que los montañeros cuenten con una póliza de seguro suplementaria de hasta 5.000 dólares.

"Hemos recomendado al Gobierno que sea más flexible respecto a la cuarentena", dijo Acharya, así como facilidades a quienes hayan sido vacunados contra la COVID-19 o cuenten con test negativos a la llegada.

Para el presidente de la Asociación de Agencias de Senderismo de Nepal, Khum Bahadur Subedi, es "obvio" que el Gobierno está decidido a restringir la llegada de turistas "y no está dispuesto a acogerlos".

Unas 37 organizaciones turísticas amenazaron la semana pasada con salir a las calles para protestar contra el Gobierno, en un contexto de inestabilidad política en el país.

La disolución del Parlamento el pasado diciembre a instancias del gabinete del primer ministro, K.P. Sharma Oli, ha desatado una ola de multitudinarias protestas y contramanifestaciones.

Aunque el Tribunal Supremo de Nepal anuló la semana pasada la disolución del Parlamento, el sector teme que la inestabilidad política suponga el golpe final para sus finanzas.

"Justo con la llegada de la primavera, la buena estación para la industria del turismo, ha llegado también la temporada de protestas", constató Subedi.

Aún así y pese a todo, un equipo de experimentados sherpas salió el domingo del campamento base al campo 2 para establecer la ruta entre ambos. Aunque aún no se sepa para quién.

Sangam Prasain