EFELisboa

Las autoridades sanitarias lamentan el "mal ejemplo" para Portugal que suponen los excesos tolerados en la final de la Champions mientras crecen las críticas contra el Gobierno de António Costa, que hoy admitió que la experiencia no es un "ejemplo" sino una "lección".

Lo ocurrido en Oporto "no puede servir de ejemplo, tiene que servir de lección", admitió Costa, es su primera reacción en plena tormenta política.

El primer ministro minimizó el impacto de los incidentes de Oporto y aseguró que el Gobierno no mintió cuando habló de "burbujas" -zonas aisladas- para los hinchas británicos que acudieron a la final de la Champions que enfrentó el sábado en Oporto a Chelsea y Manchester City.

Según Costa, de los 12.000 espectadores autorizados por la UEFA, 9.800 se ajustaron a la "burbuja", es decir, llegaron al aeropuerto y fueron trasladados directamente a las "fanzone" en autobuses.

Pero miles llegaron días antes "como turistas", admitió el primer ministro, que justificó la pasividad de la policía ante los excesos de los británicos argumentando que las fuerzas de seguridad lusa tienen un papel "pedagógico" prioritario.

El Gobierno luso mantiene el veto al público en las competencias deportivas nacionales y prohíbe las concentraciones en la calle, pero aceptó la presencia de más de 15.000 espectadores en la final de la Champions.

Pese a los garantías anunciadas, miles de aficionados británicos tomaron Oporto sin mascarillas, sin distancias e ignorando las reglas exigidas a los portugueses.

Unas imágenes que han dado la vuelta al mundo y han indignado al país, que hoy asistía atónito a la denuncia de un miembro del sindicato de la policía que asegura que los agentes recibieron órdenes superiores para no interferir con los aficionados ingleses

"Tuvimos la oportunidad de hacer una evaluación con un juego de esta naturaleza (...) es una experiencia con la que el Gobierno cuenta", dijo hoy el secretario de Estado de Deportes, Joao Paulo Rebelo.

Acorralado por las críticas, el funcionario abrió la puerta al regreso del público a las competiciones nacionales: "Vamos a crear las condiciones para que ese retorno se pueda hacer lo más breve posible".

"Tenemos que aprender de lo que corrió no tan bien", admitía poco después la ministra de Sanidad, Marta Temido, más prudente sobre la vuelta del público a los estadios. "Lo vamos a ver".

Temido pidió a los portugueses que no utilicen los excesos de Oporto como "coartada" para no cumplir con las restricciones anticovid.

ALERTA SANITARIA

En un intento por reducir riesgos, las autoridades sanitarias de la región Norte de Portugal, que engloba a Oporto, vigilarán "síntomas precoces" de covid y piden limitar los contactos durante dos semanas a quienes frecuentaron zonas de riesgo en la ciudad.

Miguel Guimarães, bastonário (presidente) de la Orden de Médicos, llama al Gobierno a una "reflexión" ante una cadena de "errores" que "no son fáciles de entender por la población".

Mientras, crecen las voces de expertos que advierten sobre la incidencia de las variantes británica e india de la covid en Gran Bretaña y temen que en Oporto se repita el escenario de Lisboa, donde se han disparado los contagios debido al desconfinamiento y al impacto puntual de la movilización que a mediados de mes celebró el triunfo del Sporting en la liga local.

Lisboa acapara las mayores cifras de contagios del país, que hoy registró 435 nuevos positivos y dos fallecidos -el segundo peor lunes en tres meses- y suma, desde que comenzó la pandemia, 17.025 muertos y casi 850.000 casos.

LA OPOSICIÓN PIDE DIMISIONES

La organización de la final dio una pésima imagen de Portugal y va a tener consecuencias imprevisibles", lamentó Francisco Rodrigues dos Santos, líder del CDS, que atribuye cargó contra el "criterio contradictorio e incoherente" del Gobierno y reclamó "tarjeta roja" y dimisión del ministro del Interior, Eduardo Cabrita.

También André Ventura, del ultraderechista Chega, pidió la salida de Cabrita por "humillar" a los portugueses y reclamó un "criterio coherente" al Ejecutivo.

Sus críticas se suman a las de otros dirigentes y a las de propio presidente del país, Marcelo Rebelo, que pidió coherencia en las decisiones políticas.

Más contundente es el presidente del FC Oporto, Jorge Pinto da Costa, que ha pedido la renuncia del primer ministro: "Si no es capaz, dimita".

Mar Marín