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Asegura Ramón Garriga, patrón de la fundación del Barcelona, que "la obra de Lilian Thuram es una deconstrucción del racismo". En torno a esa cuestión, la sosegada voz del futbolista de Guadalupe se vuelve poderosa. Firme ante cualquier micrófono, defiende a menudo que "un hombre no sabe lo que sufre una mujer, al igual que algunos blancos no saben lo que sufre una persona negra".

Él sitúa el origen de su sufrimiento a su llegada a Francia, con 9 años. Recuerda que algunos compañeros de clase le daban a entender que su color de piel hacía de él una peor persona, de ahí su empeño en convertir el triunfo en el Mundial de 1998 en la razón de la cohesión en el país. "Francia", argumentó entonces, "es una nación multicultural y multirracial".

Desde la creación de su fundación en 2008, Lilian Thuram educa contra el racismo, consciente de que "una persona no nace racista sino que se hace".

"Creo que el racismo está relacionado con cómo contamos la Historia. Cuando somos niños nos ordenan por categorías: hombre o mujer, blanco o negro... categorías que no existen realmente, son una invención ideológica. Luego nos dicen que hay roles que hay que cumplir según tu color de piel y, desgraciadamente, hay jerarquías entre los colores. Hoy en día hay personas que se creen superiores porque son blancos o porque son hombres o porque son heterosexuales. Hay personas que creen que son la norma, así que hay que cuestionar esa norma", expuso el exjugador galo hace unos meses en una entrevista a EFE.

Haberse convertido con los años en una gran figura en el mundo de fútbol no menguó su dolor. Siguió acumulando episodios racistas como padre de Marcus y Khéphren, también futbolistas. Lilian Thuram recuerda un pasaje con especial dolor. "Cuando mi hijo cambió de equipo de fútbol en Francia, su madre llamó por teléfono para saber la dirección en la que se encontraba. La persona al otro lado del teléfono le dijo que no se preocupara, ya que en el barrio no había negros ni árabes. Cuando le contestó que ella era negra, la persona se defendió asegurando que todos somos hijos de dios. La gente tiene esa capacidad de darle la vuelta y hacerte creer que no has oído lo que has oído o que ha sido un malentendido y que ese malentendido sale de ti", denunció.

Ese compromiso por la igualdad racial lo lleva intrínseco Marcus Thuram. En su último gol con el Borussia Mönchengladbach recuperó el gesto con el que Colin Kaepernick se rebeló en 2016 contra la violencia policial contra la comunidad afroamericana en Estados Unidos. Y es que George Floyd es solo la última de muchas víctimas. Su agonía, mientras era asfixiado por el oficial Derek Chauvin en el vecindario de Powderhorn (Mineápolis), se hizo viral y convirtió sus últimas palabras con vida -"No puedo respirar"- en una protesta global.

Marcus Thuram se postró sobre su rodilla izquierda y agachó la cabeza pidiendo justicia, repitiendo la foto que a Colin Kaepernick le costó su carrera en la NFL. Jadon Sancho plasmó su protesta en un mensaje en una camiseta, al igual que Achraf Hakimi.

Estas iniciativas, que según el reglamento acarrearían sanción, merecen según el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ser aplaudidas. "Todos debemos decir no a cualquier forma de racismo y discriminación. Todos debemos decir no a la violencia y a todas las formas de violencia", dijo el dirigente suizo.

Vinicius Jr. se sumó al cambio con una impactante ilustración. Junto al rostro de George Floyd sobre una bandera de Estados Unidos en llamas colocó el suyo sobre una bandera de Brasil tiroteada.

La tenista Coco Gauff también se rebeló contra el racismo, preguntándose si sería ella la próxima víctima.

Naomi Osaka se unió a las manifestaciones en las calles de Los Ángeles. "¿Dónde si no debemos estar todos hoy?", se preguntó la japonesa. "El hecho de que tú no estés sufriendo (la violencia racial) no significa que no esté sucediendo", remarcó.

La determinación de Marcus Thuram, Achraf Hakimi, Jadon Sancho, Vinicius Jr, Naomi Osaka o Coco Gauff muestra el compromiso de la juventud contra el racismo. Ninguno supera los 22 años, pero todos ellos han hecho suya esta lucha.

Por edad e influencia permiten imaginar un cambio, al que el futbolista del AS Mónaco Keita Baldé, de 25 años, contribuye igualmente con sus actos. Alquilará un inmueble en Lleida para acoger esta misma semana a unos 90 temporeros de la campaña de fruta. Según ha explicado el futbolista hispano-senegalés, nacido en Arbúcies (Girona), su objetivo es alquilar un segundo edificio para poder alojar a las 200 personas que duermen actualmente en las calles del Centro Histórico de la ciudad.

Les ha enviado dinero, ropa y comida para facilitarles su estancia, resumiendo el dogma de Lilian Thuram. La sociedad puede ser educada para ser más generosa, menos desigual y menos violenta.

Lucía Santiago