EFEZaragoza

El actual campeón del mundo de motonáutica en la modalidad Ski GP1, Nacho Armillas (Gerona, 1993) considera que el nivel de este deporte en España, “es muy alto”, a pesar de las dificultades a las que se deben enfrentar sus profesionales, como por ejemplo a la hora de encontrar espacios para entrenar o la falta de apoyos.

En una entrevista con EFE, Armillas repasa su historial en las motos de agua, donde es un referente en la modalidad Jet Ski, en la que los pilotos conducen de pie. Su palmarés habla por sí solo: dos mundiales Ski Junior, otro en Ski GP2, en 2016, y, el último, el año pasado, logrado en Ski GP1, la considerada ‘categoría reina’ de este deporte.

A caballo entre Zaragoza, donde atiende los negocios familiares, y Gerona, Armillas ha alcanzado la cumbre de la moto acuática a pesar de las dificultades: “La paradoja es que el nivel de la motonáutica española es muy alto”, destaca.

Al respecto, explica que se trata de “un problema” que en España existe “de base”, frente a otros países europeos, en los que los pilotos entrenan en lagos privados de su propiedad “o pueden acceder fácilmente” a estos espacios, lo que lleva a que, en carrera, vayan “mucho más rápido”.

Ante ello, el hecho de que no pueda disponer de un sitio “plano” para entrenar, con las aguas en calma, hace que se defienda bien cuando se mueve ya que, explica, sus prácticas se realizan en el mar, que “casi siempre está movido”.

“Las nuevas generaciones no suben en gran parte por gran culpa de estas dificultades”, destaca Armillas quien aunque reconoce el “brutal” trabajo que realiza la Real Federación Española de Motonáutica, se lamenta de que “no es suficiente” o resulta “en vano”, ya que desde la política no ayudan a su práctica deportiva “en nada”.

Al respecto, uno de los prejuicios que deben enfrentar los pilotos es la “mala imagen” de la moto de agua, una situación que, destaca, la crea “la gente de fuera” que alquila estas embarcaciones.

Sin embargo, a pesar de estos escollos, resalta el plantel de profesionales que hay en esta disciplina en España, como la madrileña Cristina Lazarraga, la familia Palau, de Ibiza, o el canario Alejandro Molina. “Toda esa gente sale fuera, hace resultados increíbles y no se les reconoce para nada”, se lamenta.

De madre catalana y padre aragonés, Armillas pasa parte de su tiempo en Zaragoza, donde entrena la parte física con la bicicleta y el gimnasio, mientras que en Rosas (Gerona) desarrolla la correspondiente en el agua, con la moto.

Ahora ya tiene la vista puesta en el próximo mundial, que comenzará el 15 de mayo en Ibiza, con una mentalidad clara para abordarlo: “Ya no hay campeonato del mundo, empezamos desde cero”.

Llegará como vigente campeón, un título que le hubiera gustado alcanzar en 2017; sin embargo, ese año sufrió un accidente que le rompió el fémur y que le impidió estar a su máximo nivel durante dos años. “Cambió mi vida”, sentencia.

Su recorrido se remonta a mucho antes, ya que comenzó muy joven a competir al máximo nivel; en concreto, con 16 años ya dio el salto a la máxima categoría, lo que le plantea dudas sobre si fue conveniente.

“Pasé en muy pocos años de ver a mis ídolos a competir contra ellos y eso provocó que me tuviese que adaptar forzosamente y quizá mi cuerpo no estaba preparado para semejante potencia”, reflexiona sobre una trayectoria que, no obstante, le ha proporcionado “una experiencia impresionante con 29 años”.

Su querencia por la motonáutica le viene de familia, puesto que su padre, del mismo nombre, también compitió y, de hecho, llegaron a coincidir en algunas pruebas en los últimos años de carrera de su progenitor, aunque este pilotaba las motos Runabout (se conducen sentado).

Sobre esta disciplina, recuerda que no todos los deportes de motor tienen ruedas y frenos, como le dijo su psicólogo deportivo del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat, y que la sensación que supone pilotar una de estas embarcaciones resulta “casi como ir en moto de carretera” si el agua está tranquila, mientras que, si el mar está movido, es “muy parecido” al motocross.

Marcos Díaz