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Al oír hablar de un deportista que entrena en el desierto, lo normal sería pensar en un maratoniano, un ciclista o incluso un piloto de 'rallies', pero no es el caso de Samir Azzimani: este marroquí ha frecuentado el Sáhara como parte de su preparación para los Juegos Olímpicos... de invierno.

Azzimani será uno de los dos representantes de Marruecos en PyeongChang y aspira a hacer historia, puesto que se convertirá en el primer deportista que compita en esquí de fondo tras haber participado en la disciplina de esquí alpino en unos Juegos Olímpicos anteriores, en su caso los de Vancouver 2010.

En una entrevista con Efe, este marroquí nacido en Francia (Levallois-Perret, 1977) explica que sus entrenamientos en el desierto fueron básicos para completar con éxito la transición entre ambas disciplinas, ya que el esquí de fondo "exige ser mucho más ligero y resistente" que la variante alpina, "más basada en ser explosivo".

En los últimos años, Azzimani ha alternado estancias en los Alpes franceses y suizos con viajes a la región desértica entre Tarfaya y El Aaiún, en el Sáhara Occidental, donde aprovecha las dunas para fortalecer sus articulaciones, recorre las carreteras con esquíes equipados con rodamientos y practica otros deportes como el atletismo o el ciclismo para mejorar su resistencia y su capacidad pulmonar.

Un reciente vídeo del Olympic Channel que filmó sus ejercicios en el Sáhara (https://www.youtube.com/watch?v=DvnNJMyxBFw) incrementó su popularidad, sobre todo en Marruecos, donde ha calado el mote de 'Couscous Rocket' que le pusieron sus amigos en referencia al equipo jamaicano de 'bobsleigh' que compitió en Calgary 1988 e inspiró la película 'Elegidos para el triunfo' (Jon Turteltaub, 1993), 'Rasta Rocket' en su versión francesa.

Hace cuatro años que Azzimani decidió, "con el corazón dividido", pasarse al esquí de fondo. Una hernia truncó sus aspiraciones de estar en Sochi 2014 y, durante su convalecencia, concluyó que "no volvería a alcanzar" el nivel físico necesario para optar a una plaza olímpica en esquí alpino.

En cuanto se recuperó, se bautizó en su nueva disciplina con el singular desafío de cruzar Marruecos de norte a sur con esquíes con ruedines ("1700 kilómetros en cinco semanas", apunta), y desde entonces no miró atrás hasta que certificó su clasificación para PyeongChang en Nueva Zelanda, el pasado 7 de septiembre.

El marroquí asegura que el esquí de fondo no estaba entre sus preferencias cuando, a los seis años, descubrió la nieve por casualidad gracias a un viaje organizado por los servicios sociales de Colombes, la ciudad de la periferia parisina en la que se crió.

El esquí pronto se convirtió en "una droga" para Azzimani, que señala como punto de inflexión en su trayectoria la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Albertville 1992.

"Entonces vi a Marruecos desfilar con orgullo y mi corazón se quedó prendado", asegura antes de añadir: "Me juré que un día lo haría mejor que ellos".

Albertville acogió a la mayor delegación marroquí jamás enviada a unos Juegos Olímpicos de invierno, con doce atletas, pero fue un espejismo; Marruecos no volvió a tener un representante olímpico hasta 2010, cuando el propio Azzimani participó en la cita de Vancouver.

Tras intentar clasificarse sin éxito para Salt Lake City 2002 y Turín 2006, la tercera fue la vencida para Azzimani, que en Vancouver fue 44º en el eslalon y 74º en el gigante.

Su recuerdo más feliz, no obstante, se produjo fuera de la pista: "Llevar la bandera en la ceremonia de apertura fue el mejor momento (...) Realicé mi sueño de niño y, sobre todo, llevé la bandera de mis antepasados", rememora.

La ocasión le sirvió, además, para limar asperezas con la federación marroquí, cuyo apoyo, según Azzimani, no siempre ha sido tan sólido como le hubiera gustado al esquiador, que espera poder colaborar con las autoridades en el futuro para promover "el desarrollo económico de los deportes de invierno en Marruecos".

Azzimani no sabe si repetirá como abanderado marroquí, ya que en PyeongChang compartirá delegación con otro atleta (el esquiador alpino Adam Lamhamedi), pero sí tiene en mente un objetivo deportivo: "Dar todo lo que pueda para no tener remordimientos, evitar quedar último y acabar a entre 12 y 15 minutos del campeón olímpico".

Independientemente del resultado, Azzimani hará historia con su singular cambio de disciplina, una hazaña forjada a medias entre la nieve de los Alpes y la arena del Sáhara.

Por Juan Vargas