EFEBarcelona

Según las previsiones iniciales, el alpinista Sergi Mingote (Parets del Vallès, 1971) ahora mismo ya debería haber llegado al Nepal para afrontar el octavo y el noveno retos de su proyecto 14X1000, el Annapurna (8.091 metros) y el Makalu (8.481 m), pero la pandemia del coronavirus ha provocado que el país asiático suspenda los visados hasta, por lo menos, el 30 de abril.

El reto del proyecto es subir sin oxígeno embotellado los catorce ochomiles que tiene el planeta Tierra en aproximadamente 1.000 días. De momento, Mingote ya acumula siete: el Broad Peak (8.051 m, 16 de julio de 2018); el K2 (8.611 m, 23 de julio de 2018); el Manaslu (8.163 m, 25 de setiembre de 2018); el Lhotse (8.516 m, 16 de mayo de 2019); el Nhanga Parbat (8.126 m, 3 de julio de 2019), el Gasherbrum II (8.034 m, 18 de julio de 2019) y el Dhaulagiri (8.167 m, 3 de octubre de 2019).

Pregunta: ¿Cuándo supo que tendría que anular la expedición al Annapurna y al Makalu?

Respuesta: La semana anterior a que estallara todo ya estuve manteniendo conversaciones sobre la situación con compañeros que estaban en el Nepal y con el cónsul de este país en Barcelona, Luís Belvis, a quien le tengo que agradecer todas las gestiones que hizo. Yo lo tenía todo preparado, pero tres días antes de volar estalló la pandemia aquí y se vino abajo la expedición.

P: ¿Fue un golpe duro?

R: Viendo todo lo que está pasando prefiero estar con los míos en casa. No me quiero imaginar cómo sería estar lejos de casa en esta situación y que mi familia estuviese sola. El deporte se vuelve algo secundario en estos momentos, y lo importante es ayudar a la gente que lo está pasando mal por culpa de esta pandemia.

P: ¿Para cuándo aparca el Annapurna y el Makalu?

R: El proyecto lo he podido reestructurar bastante bien. Esta semana mi casa ha sido la sede de videoconferencias con gente de todo el mundo para poder dar forma al nuevo plan del 14x1000. He hablado con nepalíes, pakistaníes, chilenos, americanos. En mi casa ha habido más tráfico de Internet que nunca. La coordinación con ellos ha sido muy buena.

P: ¿Entonces cuándo tiene previsto reemprender el proyecto?

R: Si todo va bien, en junio iré hacia el Himalaya para subir, como ya estaba previsto, la undécima montaña más alta del mundo, el Gasherbrum I (8.080 m). En pleno verano sí que cambiaré la agenda y recolocaré el Annapurna y el Makalu. Con compañeros de expediciones internacionales hemos decidido ir juntos para poder trabajar bien la montaña. Esto quiere decir que el Cho Oyu (8.021 m) y el Shisha Pangma (8.027 m), que los tenía previstos para el otoño, pasaré a hacerlos en la primavera del 2021, cuando seguramente intentaré encadenar dos o tres ochomiles. A mí proyecto el parón no le ha afectado mucho.

P: Por lo tanto, ¿sigue viendo posible conseguir los catorce ochomiles en menos de 1.000 días? El primero, el Broad Peak, lo consiguió el 16 de julio de 2018.

R: El objetivo principal es batir el récord actual (7 años, 10 meses y 6 días), el cual está en poder del surcoreano Kim Chang-Ho. Aunque hay un número redondo, el 1.000, que es muy bonito. Esta cifra es indicadora de que quiero reducir el récord hasta aproximadamente los 3 años, prácticamente la mitad del registro que hay ahora. Seguimos en esta línea. Si no son 3 años serán 3 y medio. Pero si las afectaciones por la epidemia del coronavirus no van más allá de lo previsto los cálculos siguen siendo los mismos que antes.

P: Desde casa, ¿cómo se puede preparar un alpinista?

R: Yo soy un privilegiado porque ya hace mucho tiempo que en el sótano de casa tengo un pequeño gimnasio, con una máquina de Multipower para trabajar la fuerza, con una bicicleta de spinning y una elíptica, entre otros elementos. No estoy haciendo el mismo entrenamiento que en condiciones normales, pero sí muy parecido. Ayer mismo hice doble sesión. En ayuno llevé a cabo una hora de spinning para mantener a raya los niveles de grasa y por la tarde hice entrenamiento de fuerza. Prácticamente casi cada día doblo. Y tengo un poco de complejo de hámster porque hago vueltas corriendo alrededor de mi casa por el patio. Son unos 60 metros de vuelta.

P: ¿La adaptación a las circunstancias le está siendo fácil?

R: Sí, es que se trata de esto precisamente: de adaptarse. Los alpinistas lo sabemos muy bien porque estamos acostumbrados a adaptarnos a diferentes circunstancias. Este, entre comillas, es un confinamiento de lujo porque en mi caso me he encontrado una o dos veces encerrado en los dos metros cuadrados de mi tienda de campaña en la montaña, con frío, nieve y pasando hambre. En cambio, ahora estoy con mi familia y es muy diferente. Creo que tenemos que relativizar la situación de confinamiento y mantener el optimismo. Al final la actitud es lo más importante para poder superar los problemas.

P: ¿Las experiencias en la montaña hasta qué punto le están sirviendo para afrontar mejor la situación?

R: Los seres humanos nos esforzamos demasiado en intentar controlar aquello que no podemos controlar. Los ciudadanos de a pie la pandemia podemos ayudar a controlarla, pero no la podemos controlar. Para eso están los especialistas, las instituciones y la comunidad científica. Nosotros lo que podemos hacer es controlar nuestras emociones y de ello depende que estemos bien o no.

P: ¿Estos días está pudiendo hacer cosas que en su vida normal, tan ajetreada, no tiene tiempo de llevar a cabo?

R: Podría decir que todo lo que estoy haciendo durante el confinamiento son cosas que en mi vida normal no puedo hacer. Estar con mi hija y con mi mujer, poder hablar a menudo con mis padres o tener conversaciones largas con amigos, aunque sea mediante videollamada, son cosas a las que no podía dedicarles demasiado tiempo. También aprovecho para organizar el material de expedición que tengo en casa y el viernes empecé a presentar un programa de entrevistas a deportistas que se llama 'online'. Se puede encontrar en mi página web.