EFEEstambul

Una piscina de dimensiones olímpicas en un complejo municipal de deportes, situado en el modesto barrio periférico de Sultangazi en Estambul, es la cuna del equipo turco de natación que acudirá este verano, pandemia mediante, a los Juegos Paralímpicos de Tokio.

Tres de los seis nadadores seleccionados para la cita en Japón se entrenan aquí, junto a una veintena de otros jóvenes con diferentes grados de discapacidad.

Una de las atletas con pasaporte para Japón es Elif Ildem, de 25 años, que padece el raro síndrome Charcot-Marie-Tooth, una enfermedad genética que causa una progresiva debilidad muscular y en su caso se manifestó al año y medio de edad.

Ildem se mueve en silla de ruedas, pero esto no le ha impedido sacarse la carrera de psicología clínica a la vez que se ha convertido en una atleta con medallas internacionales.

Hasta los 20 años no había nadado más que cuando iba a la playa "en las vacaciones de verano" y fue a esa edad que los médicos le recomendaron meterse en el agua todo lo posible, algo que siempre le había gustado, explica a Efe.

"Me quería sentir libre y mi capacidad de movimiento se desarrolla más cuando estoy en el agua, eso me hace feliz. Por eso me gusta realmente el deporte que estoy haciendo", subraya la deportista.

"Empecé a nadar en las instalaciones deportivas de la municipalidad de Estambul, luego mis profesores me recomendaron participar en competiciones. Tras destacar en el campeonato turco, entré en la selección nacional y en 2017 participé en el campeonato mundial en México, nadé la final allí", recuerda Ildem.

En la misma piscina se entrena Nil Sahin, de 18 años, aquejada de espina bífida, sonriente y tímida, que pese a su corta edad tiene ya una trayectoria de 15 años como nadadora habitual: empezó casi de bebé y se prepara "de forma intensa".

"Superé las pruebas de selección y ahora mi meta es participar en los Olimpíadas para Turquía. Quiero celebrarlo" se ríe.

El tercer paralímpico es el joven Berkin Koral Kutlu, de solo 15 años, que se declara "muy contento" de entrenar con el equipo.

"Lucho mucho. Nos preparamos ahora para los Juegos de Tokio, quiero ganar una medalla allí, quiero llegar a un buen nivel", asegura.

Mientras esperan el momento de lanzarse al agua, los jóvenes se ayudan mutuamente a trasladarse de la silla de ruedas a las esterillas de calentamiento donde esperan cintas y pelotas: si a Nil Sahin le cuesta caminar, Mustafa Sar, nadador sin brazos, no tiene problemas con los pies.

Estambul es una ciudad poco adaptada a las sillas de ruedas y la sociedad turca en general aún tiene camino por delante para integrar a los discapacitados en el día a día, pero Elif Ildem es optimista.

"Desde luego, al ser discapacitada te puedes encontrar a veces con la discriminación de la sociedad pero con el apoyo ya sea de tu familia, ya sea de tu entorno creo que lo puedes superar", asegura. Y pone su grano de arena: "Intento trabajar para los discapacitados, de alguna manera, en Instagram, Twitter, utilizando los medios sociales... Hago microproyectos para mujeres para superar obstáculos, por mi cuenta".

"El deporte ha sido muy útil para mí y es beneficioso para los discapacitados también desde el punto de vista psicológico", subraya la académica y atleta. Y concluye: "Ahora estoy feliz en mi vida, tengo un entorno muy social, pienso que estoy haciendo lo que quiero".

De hecho, en su cuenta en Instagram la felicidad parece impregnar cada foto, desde las playas del Mediterráneo a las del Egeo y el Mar Negro, aparte excursiones a Londres, Berlín o Milán. Ahora solo falta una cosa: una medalla de oro en Tokio.

Ilya U. Topper