EFEMamaroneck, Nueva York (EE.UU.)

El Abierto de Estados Unidos, que pasa a ser el segundo 'major' del año, después de la celebración del PGA Championship en agosto en San Francisco y el aplazamiento del Masters de Augusta a mediados de noviembre, se disputará de jueves a domingo a las afueras de Nueva York, en el recorrido de Winged Foot, una de las sedes más duras y complicadas de la historia de este grande.

La conferencia de prensa de la Asociación de Golf de Estados Unidos (USGA) encargada de la organización del segundo grande de esta temporada, el Abierto de Golf de Estados Unidos, ha servido para confirmar el inicio de una competición que estuvo en duda durante meses.

En un año azotado por la pandemia del coronavirus, el director ejecutivo de la USGA, Mike Davies, reconoció que no descartaron en ningún momento la posibilidad de trasladar esta 120 edición del US Open a California, en diciembre, o incluso suspender el torneo, como ha ocurrido con el Open Británico, que se ha aplazado hasta julio de 2021.

Finalmente, el US Open, que pasa a ser el segundo 'major' del año, después de la celebración del PGA Championship en agosto en San Francisco y el aplazamiento del Masters de Augusta a mediados de noviembre, se disputará esta semana a las afueras de Nueva York, en el recorrido de Winged Foot, una de las sedes más duras y complicadas de la historia de este grande.

A pesar del drama que se avecina en un campo en el que Geoff Ogilvy, el ganador de la edición de 2006, acabó con cinco golpes sobre el par, no se han escuchado las habituales lamentaciones de los jugadores por las duras condiciones dispuestas por la USGA para esta semana, que comenzó con el anuncio de la retirada del inglés Sam Horsfield y el estadounidense Scottie Scheffler por dar positivo de COVID-19.

Horsfield y Scheffler fueron los únicos positivos y, tras el susto inicial, la atención se desvió a las condiciones del campo y la estrategia de las grandes estrellas del golf mundial. “Este campo va a ser duro. Dependerá de dónde pongan las banderas y si nos dan una oportunidad. Pero va a ser difícil en cualquier caso”, dijo Tiger Woods, ganador de cuatro US Open y 15 grandes.

Para Woods, uno de los únicamente quince jugadores en este US Open, junto con el español Sergio García, que también participaron en la edición de 2006 en Winged Foot, la estrategia para navegar las estrechas calles y la hierba muy alta es proceder con cautela y no intentar tomar atajos hacia el green. Un consejo que compartió con el número dos del mundo, el español Jon Rahm.

Rahm forma parte de un grupo de pegadores, encabezado por Dustin Johnson, líder del ránking mundial, en el que también destaca el también estadounidense Bryson Dechambeau, cuya potencia desde el tee de salida puede ser un arma de doble filo esta semana si no se combina con la precisión más absoluta.

Las condiciones del recorrido hacen que la victoria no esté reservada para los más jóvenes y posibilitan el triunfo de veteranos como el estadounidense Phil Mickelson, que guarda un recuerdo amargo de Winged Foot después de perder el torneo en el último hoyo en 2006, y aspira a resarcirse conquistando su primer US Open con 50 años recién cumplidos.

Aunque este año el US Open ha perdido algo de su espíritu de inclusión por la suspensión de la fase de clasificación, a la que se inscriben cada año más de 10.000 golfistas de todo el mundo, la dureza del campo y la calidad de los participantes abren las opciones de victoria a cualquiera de los 144 participantes, entre ellos tres latinoamericanos, el mexicano Abraham Ancer, el chileno Joaquín Niemann, el colombiano Sebastián Múñoz, y cinco españoles, Rahm, García, Rafa Cabrera Bello, Adrián Otaegui y el joven aficionado Eduard Rousaud.